Asistimos a una explosión de mensajes comunicacionales que son explícitos en muchos casos y esconden en muchos otros la defensa de intereses de ciertos sectores del poder real. “Las palabras no son inocentes”; siempre desnudan las intenciones.

Desde que el mundo es mundo el lenguaje en la comunicación ha sido y seguirá siendo una herramienta poderosa entre los seres humanos. En el siglo XX, los poderes hegemónicos han sabido utilizarla para instalar el sentido común basándose en la repetición continua de frases hechas con la intención de persuadir a la población. Instalar una mentira en el seno de una sociedad ha sido una tarea sistemática que ya el nazismo supo realizar en la famosa frase el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels: “Miente, miente y algo quedará”. En este sentido, solo queda crear un enemigo, estigmatizarlo y volverlo una amenaza para una sociedad “normal” o “para la gente de bien”.

Las estrategias del poder de los imperios en general han sido similares y los han aplicado en todo el mundo; solo cambia la táctica en cada territorio a conquistar. El desarrollo de la estrategia imperial que actualmente realiza Estados Unidos se remite a la fase clásica (S. XIX-XX), donde ya no hace mucha falta invadir un país y establecer una colonia, pues es más económico financiar campañas políticas de dirigentes cipayos que serán los títeres. Cuando no logran, imponen gobiernos adeptos financiando golpes de Estado, como lo reflejaron las dictaduras militares en toda Latinoamérica en el siglo XX.

El actual presidente de los Estados Unidos tiene como estrategia para el mundo algo que lo manifiesta de manera explícita; solo tiene interés si existen recursos naturales primarios para extraer y, si no hay nada de su interés, básicamente no le importa. Esta estrategia carece de creatividad y de actualización, pues utiliza la doctrina del Gran Garrote (Big Stick) aplicada por el presidente Roosevelt para su política exterior que sufrieron Panamá, Cuba y República Dominicana.

El poder y la intimidación que actualmente utiliza Trump para conseguir sus objetivos económicos no es algo nuevo en la tradición norteamericana; la diferencia en este siglo es que, como todo imperio en decadencia, utiliza tácticas que lo denotan como ser: endurecer el control (aumento de los aranceles); manipulación sobre la base de la nostalgia y el miedo (Make America Great Again) hacia sus ciudadanos; erosión de la credibilidad y la legitimidad; centralización del poder (Trump no respeta al Congreso); uso del poder militar; incapacidad de ofrecer un futuro para sus ciudadanos y la principal táctica, la desinformación.

La desinformación es clave para mantener historias en las sociedades capitalistas de tipo imperial, ya que son muy reactivas y defensivas, intentando conservar el poder a través de la manipulación y la coerción.

Dentro de esta táctica comunicacional existen mecanismos que utilizan, por ejemplo, para instalar un sentido común en una sociedad. Primeramente, debemos definir a qué denominamos como sentido común, el más común de los sentidos, a decir de Voltaire. El sentido común es un conocimiento no científico, no universal, espontáneo, aprendido, que acepta sin cuestionamientos lo dado, sin reflexionar; es la antítesis del pensamiento crítico.

Teniendo en cuenta los síntomas generales del capitalismo del siglo XXI, que son las crisis recurrentes, el malestar y la desigualdad social con un exceso de consumo, la inmediatez, la falta de concentración y nulo análisis de la información. Es más sencillo y pragmático leer un texto de 280 caracteres, ver un reel de tres minutos o un feed de 3 segundos hasta 60 minutos como máximo en IG.

Este grado de restricción en los formatos hace necesario comprimir o sintetizar en ciertas palabras claves para llegar a romper los algoritmos y poder ser visible en el mundo digital. Cada red social tiene sus propias características particulares y apunta o tiene un target de edad, clase social y cultura determinada, lo que hace difícil enviar mensajes con objetivos específicos.

Los medios de comunicación del siglo XX, radio, televisión y periódicos clásicos, son puertos de consumo de determinada generación: los Baby Boomers (1946-1964) y la Generación X (1965-1980); en cambio, los que consumen los medios digitales son los Millennials y la Generación Z, generaciones nativas. Esto es una proposición muy general, basada en estadísticas; no quiere decir que las generaciones del siglo pasado (inmigrantes digitales) no utilicen los medios digitales; lo hacen, pero en menor medida para informarse.

Ahora analicemos las tácticas para instalar el sentido común en una sociedad en la cual conviven cuatro generaciones. Lo más simple es seguir utilizando las viejas tácticas del siglo pasado para una determinada generación y otra para las más jóvenes con la misma estrategia de instalar el sentido común.

Analicemos algunas frases que están instaladas en el sentido común argentino, como por ejemplo “Gente de bien” para referirse a un grupo de personas que tienen empatía, honestidad, respeto, solidaridad y buscan el interés común sobre el personal. Toda frase positiva tiene su antónimo: “Gente de mal”, egoísmo, deshonestidad, desconsideración, insolidaridad. Este rótulo categoriza de forma binaria simple sin tener en cuenta los matices; básicamente, se basa en un sesgo cognitivo que simplifica la complejidad y lo hace de manera binaria, 0 o 1, frase útil para procesar información de manera rápida y sencilla: perteneces a una u otra categorización, como si en nuestras vidas somos siempre gente de bien o gente de mal.

Esta categorización apunta a construir estigmas sociales, culturales y poder fabricar un enemigo común; pensarse y sentirse “gente de bien” anula o excluye ser lo opuesto, imposibilitando pertenecer a las dos categorías de manera simultánea y planteando una falsa dicotomía.

Frases que integran el sentido común argentino

De manera similar se aplica para las siguientes frases que han instalado en la sociedad argentina: “Argentina es un país de clase media”, “el pobre es pobre porque quiere”, “zurdos empobrecedores”, “Estamos haciendo el mejor gobierno de la historia”, “Entre la mafia y el Estado, prefiero la mafia”, “Una empresa que contamina el río, ¿dónde está el daño?”, “La izquierda se infiltró en todas las instituciones para moldearlas a su gusto”, “Se reemplazó la igualdad ante la ley por la discriminación positiva de colectivos sociales”, “Criticar el modelo que sacó de la pobreza extrema al 90% de la humanidad es un disparate por donde se lo mire”, “Ellos quieren que seamos un país de pobres y sometidos; nosotros, uno próspero y libre”, “Yo“tengo todo, pero fruto de mi trabajo” y muchas más.

Cuando las palabras son el marco que esconde los intereses.

En estos días hemos escuchado y visto en todos los formatos analógicos o digitales mensajes comunicacionales aparentemente escépticos y neutros, como por ejemplo palabras como “extracción”, “captura”, “intervención”, “detención”, “incautación”. Estas tienen una connotación positiva, pues cuando uno extrae algo, puede ser una muela o un tumor; capturar es atrapar, es apoderarse de algo o de alguien como si fuera a un animal o a un delincuente. En cuanto a la palabra intervención, son un conjunto de acciones que alteran algo buscando un cambio positivo. En referencia a detención, hace referencia a un acto procesal que implica la restricción a su libertad. En cuanto a incautación o incautar, es privar a alguien de alguno de sus bienes como consecuencia de la relación de estos con un delito, falta o infracción administrativa. Cuando hay condena firme, se sustituye por la pena accesoria de comiso.

Cuando se ponen en contexto estas palabras en titulares y no existe correlación con los hechos reales, se generan mensajes comunicacionales que priorizan la función apelativa conativa de la mano con la función emocional. Este mecanismo que tienen los medios de comunicación monopólicos es utilizado para generar el sentido común.

Es interesante analizar los titulares de los portales frente a hechos puntuales como, por ejemplo, el acto de violación de un territorio soberano de un país. Un grupo de élite del ejército de Estados Unidos ingresa a un territorio soberano de otro país sin permiso y ataca a instituciones gubernamentales, provocando muertes y destrucción, secuestrando a un presidente y a su mujer. Todo esto es informado como “extracción” por secuestro, “intervención” por ataque terrorista, “captura” y “detención” por secuestro planificado e ilegal. Finalmente, se utiliza “incautación” por robo cuando en alta mar la armada norteamericana utiliza la fuerza para robar un buque ruso.

José Saramago dijo: “Las palabras no son inocentes”, pues tienen el poder de construir o destruir, influir en las personas de forma singular y deben usarse con responsabilidad y pertinencia; son la materia prima de los pensamientos. El escritor portugués, premio Nobel de Literatura, fue enfático en cuanto al uso indebido y no pertinente de las palabras: “Con su uso incorrecto los discursos pueden cometer crimen de lesa verdad al manipular las palabras, forzándolas a ir más allá de la idea que ellas connotan”.

 

Por  FM Chalet

 

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