Algunas conjeturas basadas en hechos de la realidad en nuestro planeta Tierra. Señales de sociedades y sistemas en franca decadencia que ofrecen resistencia como todo imperio que ha perdido la hegemonía y el poder frente a otros en expansión.
Cuando nos referimos al término distopía o antiutopía, nos referimos a lo establecido por su creador, el filósofo liberal John Stuart Mill en 1968, quien acuñó dicha palabra para referirse a una sociedad indeseable, opresiva, negativa, totalitaria, degradante, manipuladora. Es asombroso pensar que tuvieron que pasar varios siglos para que la humanidad lograra crear el antónimo de utopía (Tomás Moro, 1516).

Una sociedad que tolera ser oprimida, degradada y vulnerada en sus derechos es una sociedad enferma. Una sociedad que no tiene anticuerpos para sacarse de encima a todo agente patógeno que se instale en su cuerpo social y que tenga como objetivo su destrucción, es una sociedad rota. La actual vigencia del DNU 70/2023 y la reafirmación con la Ley Bases del 2024 son una clara muestra de la fractura en la cual estamos inmersos, en esta constante y sin tregua en las luchas de intereses entre los sectores de poder en Argentina. Vale aclarar que en todos los gobiernos esta guerra de intereses siempre existió y seguirá existiendo. Lo significativamente importante es conocer a quienes representan los intereses populares de aquellos que tienen intereses de las grandes corporaciones.
Nuestra historia reciente ha marcado etapas y procesos en los cuales pasamos de libertades restringidas, opresión y represión estatal, vulneración de derechos y, trágicamente, la tortura, desaparición y muerte de ciudadanos y ciudadanas. Jactarse y defender a quienes han cometido delitos de lesa humanidad, creemos que de ese lugar no se vuelve jamás, por más que lo traten de maquillar.

El último rastro de distopía explícita en nuestro país se manifestó en la última dictadura cívico-militar-eclesiástica (1976-1983), cuyo único fin fue cambiar la matriz productiva, que a duras penas comenzaba a desarrollarse, por otra de trama especulativa. Martínez de Hoz, el representante de la oligarquía y magistralmente definido en el libro “Martínez de Hoz, el jefe civil de la dictadura” de Julián Zicari, Ed. Continente dijo que no pudo aplicar una verdadera política de shock liberal y se volcó por un gradualismo por la conflictividad social de esos tiempos (cualquier coincidencia con las expresiones de Macri es pura casualidad o no). Recordemos que la pata del aparato represivo comenzaba a manifestarse en todo el país secuestrando y cometiendo delitos de lesa humanidad sin límites. La dictadura oprimía por todos lados; el relato oficial era permeable a la clase media acomodada y a la clase media aspiracional mediante la estrategia de la manipulación mediática. Esta etapa estuvo marcada por endeudamiento con el FMI, desindustrialización, reforma financiera, empoderamiento de grupos económicos con la patria contratista (Grupo Macri, Grupo Clarín), llegando hasta el punto de hacerse cargo de deudas privadas.

Lo que podemos deducir es que las políticas de ajuste, opresión, pérdida de derechos y sometimiento solo se pueden llevar a cabo con la pasividad de una sociedad rota, dividida y teniendo como enemigo a otra parte de la ciudadanía, mientras los verdaderos enemigos son los grandes ganadores del sistema. Estamos a las puertas de reformas laborales que aniquilarán derechos fundamentales para los trabajadores registrados o formales con el relato de que estas reformas lograrán lo que la mano del mercado no ha podido hacer, blanquear puestos de trabajo.
Pensar que se van a generar más puestos de trabajo mediante una ley es creer en Papá Noel o que el lobo de Caperucita Roja es vegano. La generación de puestos de trabajo tiene que ver con la producción y con la demanda del mercado interno, cuestión que hoy vemos lo inverso: baja de consumo, cierre de pymes, despidos y desempleo. Lo verdaderamente preocupante es que esto ya se intentó y es la cuarta vez, primero con Martínez de Hoz, luego con Menem, Macri, todo por orden del FMI. Quizás esta vez los representantes del pueblo logren defenderlo en el Congreso; de otro modo, solo queda el camino de la protesta en las calles frente a otro intento de atropello a los derechos de los laburantes.
Cuando nuestros actuales gobernantes nacionales se encolumnan con el poder imperial en decadencia de los Estados Unidos, es al menos muy arriesgado. Menem lo hizo, pero fue en otro contexto internacional; hoy claramente la respuesta financiera de China ha sido la de establecer un cupo para la importación de carne bovina, protegiendo a los productores de proteína animal del gigante chino.
Nuestro país tiene un acuerdo particular con China, que establece un cupo de 511.000 toneladas con un arancel del 12,5%; cualquier otro valor que lo sobrepase tiene un arancel del 55%. Esto quiere decir que si se mantienen dentro de ese margen, hay rentabilidad para exportar carnes bovinas a China.
El gigante asiático es el principal importador de carne bovina a nivel mundial, comprando anualmente 2 millones de toneladas debido a la alta demanda de la clase media china. La reciente paralización del acuerdo Mercosur-Unión Europea es hoy por hoy una dilación de al menos dos años de la puesta en ejecución de dicho acuerdo. Esto cambia radicalmente la efervescencia de los sectores exportadores argentinos, pues claramente solo dependen de lo que logren vender a China. Hoy más que nunca se ve claramente un mundo que protege a su producción y a su industria con políticas proteccionistas. Hacer lo contrario, levantar las barreras arancelarias sin control, es condenar a la muerte a la industria nacional de cualquier país, hasta del gigante asiático, que es hoy por hoy el imperio emergente que disputa el poder mundial.
Fuente: FM Chalet

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