Cuando el desafío es responder ciertas preguntas puntuales sobre el nacimiento, evolución, florecimiento, éxtasis y decadencia de manifestaciones políticas y sociales en la República Argentina, se despliegan numerosas relaciones con acontecimientos a nivel global que en parte han sido la génesis de los movimientos políticos y sociales argentinos. Estos procesos de representaciones nacionales y populares han tenido su correlato en la representación política dentro de la democracia cuando la población fue partícipe de elegir a sus representantes; cuando esto no fue posible, siempre han sido los representantes del conservadurismo cipayo quienes han establecido las reglas de juego.

Responder a la pregunta: ¿Cuándo nació el antiperonismo? Quizás sea sencilla, pero antes deberíamos preguntarnos: ¿Cuándo y por qué nació el peronismo?

El contexto en el cual aparece el peronismo fue en la década del cuarenta y después de la denominada década infame (1930-1943), que se inició con el golpe militar de Félix Uriburu al presidente democrático Hipólito Yrigoyen y que termina con otro golpe militar del 43 por parte del denominado GOU (Grupo de Oficiales Unidos), que derroca a Ramón Castillo, que venía a poner fin a una década signada por el fraude electoral y la corrupción. Algo te empieza a resonar en tus oídos, claro que sí, pues son los principales argumentos que ha esgrimido la derecha conservadora criolla para lograr imponer sus intereses clasistas.

En este nuevo gobierno de facto, es que asume su cargo dentro de la Secretaría de Trabajo y Previsión del coronel Juan D. Perón, quien genera acuerdos con los sindicatos y adopta medidas que favorecen a los trabajadores: creación del Estatuto del Peón de Campo, convenios colectivos, instauración de los tribunales del trabajo, extensión de jubilaciones a empleados de comercio. Básicamente, comenzaba a dar soluciones a las problemáticas de la clase obrera que estaba oprimida, así como también nació el rechazo y desprecio de cierto sector del empresariado, la oligarquía terrateniente nacional y la embajada norteamericana. Aquí podemos afirmar que nació el antiperonismo que luego fue ganando terreno en otras clases sociales menos favorecidas por el conservadurismo, pero permeables a las conquistas sociales y laborales que supo conquistar el peronismo.

¿Cuándo nació la raíz del sentimiento antiperonista?  

Las raíces antiperonistas en la Argentina nacieron en la pérdida de los privilegios que ostentaban los empresarios de la oligarquía terrateniente, expresada por Robustiano Patron Costas: “Lo que yo nunca le voy a perdonar a Perón es que durante su gobierno y luego también, el negrito que venía a pelear por su salario se atreviera a mirarnos a los ojos. ¡Ya no podía! ¡Discutía!”, es por ello que el peronismo ha sido y seguirá siendo el enemigo número uno de los explotadores.

A todos aquellos representantes de los gobiernos de turno que tomen decisiones  favoreciendo a los sectores más concentrados del poder económico, evidentemente están alineados a sentimientos antiperonistas, pues no dejarán que existan paritarias libres, porque no tienen en su concepción ideológica que los “negritos discutan sus salarios” y miren a la cara a sus patrones. No dejarán que existan derechos laborales integrales, pues ellos necesitan flexibilización laboral para poder ganar más con menos inversión y menores riesgos.

Los sectores antiperonistas en Argentina tradicionalmente han pertenecido a clases medias altas y clases altas pertenecientes al llamado conservadurismo de los grandes centros urbanos. Ahora, ¿Cómo ha sido posible que este sentimiento antiperonista, antipopular, lograra instalarse en todas las demás clases sociales en Argentina?

El Dr. Jorge Nuñez afirma que el sentimiento antiperonista nació antes que el peronismo, algo extraño de como puede nacer antes el odio que el amor, pero el 9 de septiembre de 1945 se realizaba la Marcha de la Constitución y la Libertad. Partiendo desde la Plaza San Martín en el barrio Retiro de la Capital Federal, más de 250 mil personas marcharon bajo dos consignas: “Entrega del gobierno a la Corte Suprema” y “Los militares a los cuarteles”. En especial, uno, un coronel llamado Juan Domingo Perón, que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión -a esa altura era además Vicepresidente y Ministro de Guerra- venía otorgando una gran cantidad de derechos/concesiones a la clase obrera. La marcha de la Constitución y la Libertad, en la que participaron los sectores altos, medios altos y las corporaciones empresariales (alentados por los diarios) fue un éxito y días después, un sector de las Fuerzas Armadas forzó a Perón a renunciar. Lo acusaron del manejo de la política exterior (declaró la guerra a la exangüe Alemania Nazi), el romance con Evita y la “audaz” política laboral. Perón fue enviado a la Isla Martín García. Allí comenzó a gestarte el 17 de octubre, el nacimiento del peronismo.

Sentimientos antipopulares como fenómeno cultural 

Todo aquello que amalgame, unifique, consolide y unifique objetivos generales, no perdiendo de vista los objetivos sectoriales ni los lesionen o los perjudiquen, será considerado como deseable y compartido por una clase social. Si esto se expande a otras clases, se deberá tener en cuenta que los límites de clases se difuminarán y deberá existir un amplio consenso sobre esa permeabilidad.

En el sentido opuesto se encuentra todo aquello que, disgregue, divida, rompa, agriete y separe, logra establecer límites muy marcados entre las clases sociales, no existiendo posibilidad de ascenso social. Estos conceptos de lo antipopular, anticomunitario son  mecanismos utilizado por el establishment.

Según Grimson, el sentimiento antipopular es odio explícito, teniendo en cuenta que el odio es la aversión a una persona o grupo de personas “cuyo mal se desea”, desear el mal a un grupo de personas. Es lo que vemos cuando se consuman y normalizan los relatos estigmatizantes de odio. El relato necesita alteridad, es decir, la presencia de otro; para ello es necesario crearlo o establecer una maquinaria que fabrique otredades. Para ello, nuestra historia ha demostrado que los medios hegemónicos de comunicación son especialistas.

Dentro de una larga lista de otredades podemos incluir a los pobres (aporofobia), a los negros (negrofobia), a los vagos, a los planeros, mujeres, disidencias, inmigrantes, pueblos originarios, peronistas, kirchneristas, socialistas. No es difícil entender el porqué nuestra sociedad observa de manera contemplativa sin inmutarse frente a hechos que son intolerables, desde la desaparición y muerte de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel. Pero si pertenece a un individuo de “gente de bien”, se produce una reacción automática de rechazo por un hecho similar.  Algo considerado como un signo de hipocresía social que no se debería tolerar. Un hecho de corrupción en un gobierno de extrema derecha simplemente es algo particular y que no tiene mucho significado.

Se ha instalado en el sentido común de la sociedad argentina que si una persona tiene una ideología peronista o kirchnerista, ya no hacen falta pruebas de que son corruptos y que solo vienen a robar; es allí donde crece el odio. Este mecanismo de creación de otredades estaría incompleto si no se menciona al Poder Judicial que ratifica “legalmente” sin pruebas la culpabilidad de dirigentes kirchneristas. La ratificación por parte del Poder Judicial responde de manera complementaria al relato hegemónico y que es amplificado por los grandes medios concentrados de comunicación.

Los sujetos del odio son los “civilizados” o los agentes de la “civilización”; son varones, blancos, educados, cultos, europeístas y cosmopolitas. Son los ideales a seguir, a decir de Alberto Fernández, “todos vinimos de los barcos”. El odio también requiere desprecio por lo bajo, por el asco a lo popular, remarcando un extraño goce por la desgracia ajena. Son emociones racionalizadas, dijo Rita Segato, en lo que denominó “terror étnico”, del pánico a la diversidad.

Es así que las instituciones escolares han tomado el mandato del contrato social; son lugares donde se conservan las diferencias sociales: ir todos de blanco, eliminar las lenguas originarias, el bullying a las diferencias de origen que tienen como objetivo borrarlas.

Hoy, curiosamente, se produce un hecho muy particular: en amplios sectores sociales que son afines al oficialismo de Milei y que no son explícitamente antiperonistas, se funda la idea de que prefieren hundirse en su economía familiar, conservando su odio de clase, a ser gobernados por “los negros”, “los planeros”, “los corruptos”, aunque se descubran casos explícitos de corrupción libertaria.

El odio basado en la misoginia, homofobia, racismo, xenofobia y macartismo solo busca legitimar la exclusión de enormes y polifacéticos sectores de nuestra sociedad. Quizás esto explique algunas de las decisiones políticas y económicas que está tomando el actual gobierno libertario; otras son mucho más explícitas.

Fuentes consultadas:

El mecanismo del odio  Alejando Grimson Revista Caras y Caretas abril 2019

Peronismo y antiperonismo : bases socioculturales de la identidad política en la Argentina  Ostiguy, Pierre  UNQ

Dr. Jorge Núñez Historiador . Investigador del CONICET Prof. de la UBA -EL ANTIPERONISMO NACIÓ ANTES QUE EL PERONISMO

Foto portada: Revista Anfibia UNSAM

FM Chalet

 

 

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