Chauncey Gardiner es una página en blanco, una persona sencilla e ingenua que ha vivido toda su vida bajo la tutela de un multimillonario excéntrico. No sabe leer ni escribir, pues no eran herramientas que necesitaba para su oficio de jardinero, el cual había aprendido como se aprenden los oficios, haciendo en lo cotidiano en base a prueba y error. El contacto con la realidad solo lo tenía mediante las pantallas y era un experto en hacer zapping cuando algo no le gustaba. Vida simple y sencilla con pocas preocupaciones mundanas.

Estas primeras líneas quizás sirvan para realizar alguna comparación o establecer metáforas con la realidad, todo algo muy casual, como lo hacía Chauncey Gardiner, personaje magníficamente interpretado por Peter Sellers en la película Desde el jardín de 1979, dirigida por Hal Ashby, basada en la novela Being There (1971) del estadounidense de origen polaco Jerzy Kosinsky, que de por sí fue todo un personaje de ficción, realidad o de realidad ficción.

La vida de Chauncey Gardiner era simple, sencilla y sin sobresaltos, solo alterada por solucionar los problemas del cuidado de un jardín. Cuándo sembrar, qué sembrar, cuáles eran los niveles mínimos de riego de cada planta, control de los parásitos, abono, fertilización, equilibrar la competencia de otras plantas por los insumos básicos como el agua y la luz. Todo este gran conocimiento pragmático hizo de Chauncey un verdadero experto sin igual; es por ello que cuando hablaba sabía de lo que hablaba, pero cuando se refería a la vida real, solo opinaba según lo que veía a través de las pantallas.

En cierta medida, los procesos de formación profesional en las universidades, que según muchos dicen es allí donde se encuentra el conocimiento, se podrían asemejar a una mezcla entre lo pragmático y la teoría registrada por muchos Gardiners, siempre cumpliendo con los preceptos de la ciencia: objetividad, verificabilidad, sistematicidad, racionalidad y provisionalidad, este último punto algo eclipsado por la fuerza del mercado.

Es que por allí el saber popular tiene en pequeñas frases que describen complejos procesos intelectuales; uno de ellos sea quizás aquel que manifestó Hernández en el Martín Fierro: “Hay hombres que de su ciencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo sin ser muy ducho: es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas”; en forma más coloquial, “este tiene la cabeza llena de libros al pedo”. Cuando la sabiduría que otorga el conocimiento científico o abstracto no logra ser utilizada para cambiar hechos urgentes de la realidad.

En este sentido se puede hacer una pregunta fundamental que tiene que ver con el contexto. Ejemplificamos para ser más precisos. Si nos adentramos en lo profundo de la selva amazónica y, por un hecho fortuito, fallece nuestro guía y tenemos que retornar a la “civilización”. Si tuviéramos la oportunidad de elegir entre un nativo iletrado conocedor de la selva y Albert Einstein, ¿a quién elegiríamos? Es por ello que el contexto es tan importante como el conocimiento, sea adquirido mediante la praxis o por un proceso educativo. Todo tiene que ver con los objetivos que se persiguen. Aquí radica algo realmente importante: ¿estamos todos de acuerdo con los objetivos e intereses o simplemente tenemos grandes e insalvables diferencias?

Como “a cada chancho le llega su San Martín”, a Chauncey Gardiner se le termina la buena suerte, pues su patrón fallece y queda en la calle. Es obligado a juntar sus escasas pertenencias en una maleta y, como algo referencial, se lleva el control remoto de su televisor. Comienza otra historia, pues el contacto con la realidad es agreste e impiadoso, de tal manera que ante hechos confusos, Gardiner aprieta el control remoto para hacer zapping sin poder cambiar la realidad.

Se produce un hecho casi fundamental en la trama de la película, pues Gardiner es atropellado por un automóvil de alta gama y su propietario (magnate financiero) se ve en un compromiso de asistir a Gardiner, lo lleva a su mansión y establecen una comunicación casi bizarra, pues cada uno tiende puentes para el diálogo desde sus tramas conceptuales. Gardiner desde su sabiduría responde con lo que sabe y el magnate financiero desde el suyo. Como quien diría, cada uno interpreta lo que desea y quiere interpretar, afirmando o confirmando los supuestos que ostenta. Aquí nace el asombro y la admiración del financista hacia los dichos de Chauncey Gardiner; los pone en práctica en la Bolsa de Comercio de Nueva York y gana millones. Este hecho se expande entre los amigos del magnate financiero e invitan a Gardiner a dar charlas y exposiciones donde habla desde su conocimiento y responde desde ese mismo lugar. Ahora no caben dudas: Chauncey Gardiner debe ser presidente, pues es de otro planeta, un genio político y un mesías.

Cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad. Se estarán preguntando: ¿Cómo termina la película? Y sobre todo cuál de ellas; al menos podemos ver el final de la película de Al Hashby; la otra, en la cual estamos inmersos, solo la realidad dará paso a la ficción del relato oficial.

FM Chalet

Fuentes: Desde el Jardín Being There (1971) de Al Hashby 

 

 

Comenta sobre esta publicación

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *