FM Chalet dialogó con Ezequiel Ipar Sociólogo (UBA), Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Filosofía por la Universidad de Sao Paulo (USP). Es Investigador del CONICET y profesor en el área de teoría sociológica en la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien hace algunos años (pre pandemia, en plena pandemia y post pandemia) realizó un estudio de campo sobre los discursos de odio DDO en nuestra sociedad y determinaron que el nivel de tolerar o aceptar los discursos de odio DDO se han incrementado de un 25% a un 30% y que esta minoría está teniendo cierto grado de incidencia pues desde el gobierno nacional los ejecuta mediante sus granja de trolls pagos, además de hacerlo de manera explicita desde el más alto cargo ejecutivo. No es de extrañar que este DDO se genere en la virtualidad y que tenga mayor cabida en grupos etarios más jóvenes que coincide con el núcleo duro de LLA.

¿Cuán vigente está ese estudio que realizaron ustedes?

“Claro, en realidad estudiamos discursos de odio antes, durante y después de la pandemia, o sea, el último estudio que nosotros hicimos es de 2023, y efectivamente desde nuestro punto de vista sociológico la observación era que estos discursos, que son discursos muy agresivos, que son discursos que corroen valores democráticos,  que son discursos que promueven prejuicios, generalizaciones violentas hacia determinados colectivos y lamentablemente estaban creciendo”.

“De la medición que hicimos en 2015, 2017, después hicimos una medición en 2020, 2021, la última en 2023, la tendencia era hacia un crecimiento, bueno, ahí se prendían una serie de alertas y una serie de preguntas sobre por qué, digamos, cuáles eran los mecanismos”.

“Y por otro lado, me imagino que ustedes se dan cuenta que este estudio que nosotros hacemos acá en Argentina se hacía eco de cosas que estaban pasando también a nivel global. O sea, que nosotros estudiábamos una problemática local que, digamos que tenía una cierta dinámica global. Y bueno, ahí tenía una cierta dinámica global. Ahí nos encontramos ahora en la actualidad”.

De acuerdo a los datos que ustedes habían tomado, sobre todo hicieron un estudio muy pero muy profundo respecto a variables de variables etarias  de grupos sociales y demás, podríamos calificar que en qué porcentaje el argentino y argentina avala los discursos de odio?

“Mira, en ese sentido el estudio más significativo que hicimos fue el de 2020-2021 digo porque fue, el trabajo de campo fue en ese periodo, fin de 2020, comienzo de 2021 y el porcentaje era en torno al 25% El trabajo que hicimos en el 2023, ese porcentaje levemente había crecido, ya estábamos cerca del 28% lo que hay que tener en cuenta es que si ustedes revisan la metodología de nuestro trabajo nosotros usamos discursos de odio que son muy enfáticos, o sea que no son ambiguos en el componente de odio, es decir, si los escuchara en el lenguaje ordinario son discursos extremadamente agresivos”.

Entonces, para la intensidad del discurso que nosotros pusimos a prueba, el porcentaje que encontramos de 25, después ya más cerca del 30%, evidentemente es un valor muy alto. También hay que decirlo, sigue siendo una minoría dentro del conjunto de la población, sigue siendo una minoría que no va a teñir todas las conversaciones, que no va a teñir todos los usos públicos del discurso, pero es una minoría que ahora empieza a incidir”.

“Esa es un poco la clave de este proceso que nosotros encontramos. Este tipo de discursos tan radicalizados antes eran capaz simplemente un 10% del discurso público, ahora cuando ya se transforman en un 30% empiezan a incidir en la vida pública, en muchos espacios públicos también en la vida política, de un modo que antes no lo hacía”.

Claro, por ahí lo interesante también del estudio de ustedes es determinar, y que a ciencia cierta uno lo puede llegar a validar hoy por hoy, es los rangos etarios en donde tiene mayor cabida esto?

“Sí, ahí el dato, de vuelta, es como un hallazgo, no teníamos esa hipótesis antes de hacer el estudio, el trabajo empírico, pero efectivamente nos encontramos con que los grupos etarios más jóvenes eran los que tenían mayor predisposición a circular, recircular, aprobar este tipo de discursos de odio en el espacio público contemporáneo y ahí sin dudas nosotros en el estudio ya usábamos el formato de la circulación de la palabra en el mundo digital sin dudas la cuestión de las nuevas tecnologías de comunicación incide cuando vos ves que son los menores de entre 16 y 24 años los que… digamos… acá es difícil la interpretación, uno podría decir están más dispuestos, toleran, juegan, porque tal vez para algún joven o alguien muy joven el discurso de odio es el correlato de un juego, lo hace de un modo paródico, lo hace de un modo paródico, pero de todos modos lo hace recircular. Con discursos tan violentos se abrieron un montón de interrogantes. Pero el primer interrogante es qué pasó con la socialización a través de tecnologías muy disruptivas, de comunicación, tecnologías muy disruptivas de recolección de datos, tecnologías muy disruptivas para conectar a las personas en los últimos 10 años. Y ahí, de vuelta, nuestro hallazgo va de la mano de civiles internacionales que se empiezan a preocupar por, bueno, qué pasó con las adolescencias encapsuladas dentro de la vida digital, qué pasó con formas de formarse en relación a sensibilidades, reflexiones y reglas morales. Hay como una pregunta por qué pasaba con el aprendizaje de reglas morales antes, o sea, en la vida analógica, en la vida donde esas reglas se aprenden en las interacciones cara a cara con ciertas autoridades, los maestros, los padres, etcétera, pero también en el plano horizontal con los amigos, en las relaciones cara a cara, los padres, etc. pero también en el plano horizontal, con los amigos, en las relaciones cara a cara, los niños y los adolescentes iban como recreando reglas morales y eso en el mundo digital evidentemente es más difícil, es más difícil entender la propia capacidad de hacerle daño a los otros, la propia capacidad de vulnerar el espacio y la vida de los otros,y sin duda eso incidió en ese resultado que nosotros tuvimos en estos estudios. Hay algo que estaba pasando con el procesamiento de la violencia entre los jóvenes y los adolescentes que, bueno, es preocupante y en ese estudio aparecían también las alertas en ese sentido de esa determinación causal”.

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