Los mensajes y gestos que un presidente de la nación hace llegar a la sociedad no son neutros: ejercen una influencia de gran relevancia en el pensamiento, los valores y las conductas, sobre todo si van dirigidos a jóvenes en plena etapa de formación.
Nos referimos al extenso discurso que pronunció ayer en el Instituto Cadenal Copello, en el trascurso del cual se desmayaron dos jóvenes sin que Milei mostrara el menor gesto de solidaridad, sino que, por el contrario, dio muestras de una inequívoca crueldad al hacer “bromas” que inducen a que los propios compañeros y compañeras de los afectados se rieran.
En su discurso de neto adoctrinamiento en la ideología individualista y elitista de la derecha, no sólo atacó a las ideas de izquierda o progresistas, sino que denigró a las personas que las sostienen: comunistas, socialista, “zurditos”. La misma preparación del clima previo de instalación del odio que hicieron los militares antes de cometer el genocidio.
Finalmente señalamos el “cuento del burro”, no sólo como una desubicación que ya roza lo patético, sino que conlleva un mensaje misógino, machista e irrespetuoso que va a contramano de una educación que debe promover los más elevados valores humanos.
Por tales razones consideramos que el Presidente debería pedir una disculpa pública que al menos intente revertir la nefasta influencia de su mensaje.
FORO CONTRA LA IMPUNIDAD Y POR LA JUSTICIA DE SANTA FE

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