El temporal de la semana pasada agravó una situación que se arrastra desde hace décadas sobre la ruta 10S. El puente que comunica la zona con la ruta 13 estuvo a punto de ser desarmado sin material de reemplazo. Hay tambos, chicos que van a la escuela y trabajadores que dependen de ese paso.

En la localidad de Elisa, departamento Las Colonias, sobre la ruta 10S que conecta la zona con la ruta 13, hay un puente que desde hace décadas concentra el reclamo de productores, familias y trabajadores rurales. El temporal de la semana pasada volvió a poner el problema en primer plano: el paso quedó al límite y, por si fuera poco, el lunes anterior una empresa forestal intentó desarmarlo sin contar con material de reemplazo.

“Si el pasado lunes se concretaba ese desarme, estábamos al corte completo”, advirtió Verónica, una de las vecinas que salió al cruce para impedirlo. Junto a otros productores y al presidente comunal lograron frenar la maniobra. La solución provisoria fue reponer algunos postes y echar ripio. Nada más.

El problema de fondo es estructural. El único camino alternativo está a 35 kilómetros, un trayecto que vuelve inviable la vida cotidiana: los chicos no pueden ir a la escuela, los tambos no reciben al camión de la leche, el veterinario y el molinero ya no quieren hacer la vuelta. Dos tambos grandes y decenas de familias dependen de ese paso para trabajar, abastecerse y circular.

“No se puede mandar un chico a la escuela haciendo todos los días 35 km”, dijo Raquel a Santa Fe Telefé, otra de las vecinas que participa del reclamo. Además, el puente de La Pelada —otra salida posible— también colapsó en diciembre, lo que dejó a la zona sin alternativas reales.

Una espera eterna

La situación se agrava porque el canal que pasa por el lugar concentra el agua de una cuenca que arranca en Sunchales, Vila Cululú, Palacios, Moisés Ville y Costanza. “Hubo un año en que acá no caía una gota y sin embargo el puente estaba cortado porque llovía en otra zona”, recordó Verónica. Los vecinos piden desde hace años la construcción de un aliviador que descomprima ese cuello de botella. Nunca llegó.

Las gestiones tampoco dieron resultado. Enviaron notas al senador Pirola —a quien una de las vecinas le entregó una carta en noviembre—, al secretario territorial de caminos rurales y puentes y a Vialidad, donde solicitaron una reunión antes de que se cortara el puente. No obtuvieron respuesta.

“Nuestros padres, nuestros abuelos y ahora nos toca a nosotros. Y tal vez les va a tocar a nuestros hijos seguir reclamando. No es justo”, resumió Verónica.

La memoria del lugar también habla. Otro vecino de Elisa suma su voz al reclamo con una comparación que duele: “Hace 50 años el mantenimiento se hacía con más regularidad que ahora”. Y recuerdan con nostalgia la época en que Don Emilio Alassia llegaba con su motoniveladora a mantener el terraplén con una periodicidad que hoy parece un lujo. Sin embargo, aclara, no es resignación lo que sienten: “No nos resignamos a pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Esperamos que el presente sea mejor que el ayer. No perdemos la esperanza”.

Con pronósticos de lluvias, el pedido hoy es mínimo y urgente: que el puente no sea levantado y que al menos quede en condiciones para el paso de motos, autos y camionetas. “Miramos el cielo y pedimos que no llueva”, dijeron. Por ahora, esa es la única certeza que tienen.

Fuente: UNO Santa Fe

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