La película dirigida por Curry Barker es uno de los taquillazos de esta última década y ha despertado un ridículo debate en redes sobre quién es el villano de la cinta

Este es el pelotazo de la década. Ni Barbies, ni segundas partes de bichos azules que vuelan ni nada. Obsession. La nueva cinta de Curry Barker lleva recaudados más de 400 millones de dólares con tan solo un presupuesto de 700.00 dólares y es todo un fenómeno en redes sociales desde su estreno en mayo.

La historia sigue a un joven llamado Bear, que compra un artículo que le concede un deseo que no podrá revertir bajo ninguna circunstancia, a menos que se muera. Gasta este deseo en que su amiga Nikki (interpretada por una excelente Inde Navarrete, que se echa la cinta a la espalda) «le quiera más que a nadie en el mundo». Su petición funciona. Nikki se vuelve completamente loca por él de un momento a otro y comienzan una relación, pero como decía Romeo Santos: «No es amor, lo que tú sientes se llama obsesión». Puede que ni eso, ya que lo que sucede realmente es que la verdadera Nikki ha sido privada de su cuerpo y sustituida por una entidad desconocida que se hace pasar por ella —no profundizaré mucho más para evitar espóilers—.

Obsession es fantástica. Un milagro de esos que aparecen con forma de estrella fugaz en el cine de terror y cuya puesta en escena y dirección recuerda a todo el mundo que más vale tener talento que presupuesto. No obstante, como todo lo que se hace popular en este mundo, la cinta está siendo objeto de debate en redes sociales. Este va más allá de si la película es buena o mala, lo que les importa a las plataformas es saber quién es el verdadero villano de Obsession.

Una cuestión verdaderamente difícil de responder. Por un lado tenemos a Nikki, una joven generosa, simpática y que incluso llega a preguntarle a Bear si siente algo por ella; en la otra cara de la moneda está Bear, un cobarde que, en lugar de explicarle sus sentimientos a Nikki, decide usar una barrita mágica para hacer que ella le quiera con locura, sin importarle en absoluto que esto vaya en contra de su voluntad. Lo que acabas de leer hace solo referencia a la primera media hora. Si diseccionamos el filme por completo veremos aún con más claridad cómo Bear es alguien despreciable, sin ningún tipo de autoestima y al que solo le importa él mismo. Compadezco al que vaya a ver Obsession y salga del cine con la conclusión de que él es la víctima, pero al menos habrá visto una de las películas del año.

Fuente: La Voz de Galicia

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