Lise Klaveness, presidenta de la federación de fútbol del país donde se luce Erling Haaland, es la voz más fuerte contra las políticas del ente de Infantino.

Si bien el escandaloso indulto deportivo a Folarin Balogun después de la llamada del presidente estadounidense Donald Trump encendió las críticas hacia Gianni Infantino, el titular de la FIFA, hubo una persona que no necesitó ni de este Mundial de polémicas ni de aquel gesto teledirigido para hacer sus propios señalamientos a Infantino y a su organización: Lise Klaveness, la presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, es la única dirigente que se le ha plantado a la FIFA y quien lo ha venido haciendo continuamente desde que inició su mandato en 2022, cuando pronunció un épico discurso en Qatar y le recordó en su propia tierra a los organizadores de la Copa y en su propio show a las máximas autoridades del fútbol que un cambio era urgente y que debían escuchar a quienes criticaban al organismo por su falta de transparencia.

Klaveness, exfutbolista y abogada, fue la primera mujer electa presidenta de la federación de fútbol de su país (NFF, por sus siglas en noruego), tras 120 años de líderes varones. Tenía 40 años cuando ganó las elecciones el 6 de marzo de 2022. Menos de 24 horas después de su triunfo, la FIFA la felicitó por Twitter. Cabe preguntarse si fue puro protocolo o si desde el máximo ente del fútbol realmente no tenían idea de quién era la figura que acababa de sumarse a su mesa de discusión. Solo 24 días después, la líder noruega estaba subida al escenario qatarí en el 72º Congreso de la FIFA, con un discurso sólido que disparaba verdades, criticaba al ente presidido por Infantino y sorprendía a esas otras 200 autoridades del fútbol (varones, casi todos), más habituados a aplaudir disertaciones complacientes con el status quo que rodea a la redonda.

“No hay lugar para empleadores que no garanticen la libertad y la seguridad de sus trabajadores durante la Copa Mundial de la FIFA. No hay lugar para líderes que no puedan organizar un partido femenino. No hay lugar para anfitriones que no puedan garantizar legalmente la seguridad y el respeto de las personas LGBTQ+”, les espetó aquel día Klaveness, en la previa del mundial qatarí. En la primera aparición pública importante tras su asunción, la dirigente noruega estuvo lejos de entregar sonrisas para agradar a sus colegas del fútbol. Klaveness no fue a hacer amigos a Doha: fue a hacer su trabajo. “No queremos mantener las cosas como están -habían sido sus palabras el día de la elección, ante la asamblea de la NFF-. El mandato que he recibido exige valentía. Debemos estar dispuestos a intentar y cambiar las cosas”.

Klaveness intenta cambiar el fútbol desde adentro porque lo conoce bien, con sus brillos y sus mañas. Futbolista profesional entre 1997 y 2011, jugó principalmente como volante ofensiva y delantera en los principales clubes de su país (registra 231 partidos en la elite del fútbol noruego, con 84 goles) y también en Suecia, donde aportó en la campaña que llevó al Umeå FC hasta la final de la Champions League 2007. La nacida en Meland el 19 de abril de 1981 representó a su país en 73 ocasiones, incluidos los Mundiales 2003 y 2007 y el subcampeonato en la EURO Femenina 2005.

Mientras se desarrollaba como futbolista, Klaveness hizo la carrera de abogacía y se recibió por la Universidad de Oslo, lo que le permitió, tras su retiro, trabajar como jueza asistente en el tribunal de distrito de la capital noruega y como asesora especial del banco central de su país. Antes de llegar a la presidencia de la NFF, se desempeñó como directora de selecciones, tanto masculinas como femeninas. En 2023, hizo su primer intento eleccionario para ser parte del Comité Ejecutivo de la UEFA. Aunque no resultó electa, sus luchas por mejorar el fútbol no cambiaron en lo más mínimo: en el Congreso Extraordinario de la FIFA que en 2024 designó a Arabia Saudita como anfitrión del Mundial 2034, Klaveness representó a su federación absteniéndose de votar por aclamación y criticó duramente el proceso eleccionario; el año pasado, la líder noruega señaló que Israel debía ser suspendido de las competiciones internacionales. Ese mismo 2025, en su segundo intento, finalmente resultó electa como parte del máximo órgano de decisión de la UEFA.

Con el regreso a los Mundiales de la selección nórdica, el torneo norteamericano volvió a reunir a Klaveness e Infantino. Incluso debieron sentarse al lado durante el partido de su seleccionado ante Costa de Marfil por los dieciseisavos de final. La noruega que lleva encendido hasta el cabello, de vibrante rojo furioso, también se cruzó con el mandamás de la competencia después del triunfo sobre Senegal, por la segunda fecha, y le recordó -según le contó al medio noruego VG– la posición de su federación en relación al reconocimiento de la FIFA a Trump con el Premio de la Paz, hecho que llevó a la NFF a pedir su eliminación y a respaldar una queja presentada al Comité de Ética del organismo.

Erling Haaland no había nacido cuando su país jugó el que fue, durante 28 años, su último Mundial. Klaveness, la otra gran figura del fútbol que Noruega ofrece hoy al mundo, tenía 17 años cuando aquel seleccionado cayó ante Italia por 1-0, por los octavos de final de Francia ‘98. Ese 27 de junio, dos horas y media antes de que iniciara el encuentro ante los italianos, su Sandviken debió medirse ante el Fløya por la novena fecha del torneo de primera división: el equipo de Klaveness, quien daba sus primeros pasos en el fútbol, ganó 3-1. Este 2026, que finalmente desanudó la sequía noruega en Copas del Mundo, fue también el año de la reelección de Klaveness al frente de la NFF.

Quizás la FIFA subestimó a Lisa Klaveness porque su voz llegaba desde un país que, en términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu, no tiene un capital demasiado poderoso dentro del campo del fútbol. De la mano del espectacular Haaland, quien ya marcó siete goles en esta Copa del Mundo, Noruega ya se ganó su lugar entre los ocho mejores seleccionados de la gran cita. A pesar del respaldo que la FIFA le ha venido dando a la industria de las apuestas deportivas, parece que esta no la vio venir: la pared que el fútbol trianguló con Lisa Klaveness, esa niña que se llevaba la pelota a dormir con ella y que terminó convirtiéndose en la única dirigente que se le planta con valentía, sensibilidad y altura a uno de los organismos más poderosos del mundo.

Fuente: Página 12

 

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