Los 133 cardenales electores lograron definir al sucesor de Francisco.
En el segundo día del Cónclave, la chimenea instalada en el techo de la Capilla Sixtina arrojó este jueves después del mediodía humo blanco, señal que indica que los 133 cardenales electores lograron acordar quién será el sucesor de Francisco.
Los cardenales se reunieron por primera vez en la mañana de este jueves en el Palacio Apostólico para celebrar la Santa Misa y las Laudes en la Capilla Paulina. Luego se retiraron a la Capilla Sixtina a las 9.15 (hora local) para recitar la Ora Media y finalmente, procedieron a la votación que resultó en humo negro.
La Iglesia Católica atraviesa un momento histórico y delicado. Tras la muerte del Papa Francisco el pasado 21 de abril, comenzó el periodo de Sede Vacante, una etapa de transición en la que la Iglesia queda sin su máxima autoridad espiritual. En este contexto, los ojos del mundo se vuelven hacia el Vaticano, donde se prepara el cónclave que definirá quién será el próximo papa.
Durante este proceso, más de cien cardenales de todo el mundo se reunirán en la Capilla Sixtina, donde votarán hasta cuatro veces al día hasta lograr consenso sobre el nuevo pontífice. Como dicta la tradición, los cardenales permanecerán completamente aislados del mundo exterior, sin acceso a teléfonos ni internet, lo que le otorga al cónclave un carácter de misterio y solemnidad único.
El nuevo Papa es el cardenal Robert Prevost como Papa León XIV Nacido en Chicago en 1955, y criado en una familia católica de raíces obreras, Prevost ingresó a la Orden de San Agustín en su juventud, impulsado por una vocación misionera que se consolidó con sus estudios de filosofía y teología en la Catholic Theological Union y posteriormente en Roma, donde se doctoró en Derecho Canónico.
Su vínculo con América Latina y controversias
Sus primeros años ministeriales lo encontraron en Perú, donde ejerció como misionero en una región pobre del norte del país, en la diócesis de Chulucanas. Allí desarrolló una pastoral centrada en la cercanía, la formación de comunidades y la defensa de los derechos humanos, experiencia que marcó profundamente su perfil: un religioso comprometido con la realidad social de América Latina, que aprendió a conjugar el rigor doctrinal con una mirada pastoral atenta a los más vulnerables.
Prevost también carga con controversias, dado que durante su tiempo en Perú, su gestión fue cuestionada por presunto encubrimiento en algunos casos de abusos dentro de su diócesis. Aunque no hay cargos formales, las denuncias mediáticas han manchado su imagen, especialmente entre los sectores que reclaman mayor transparencia en la Iglesia.
Este punto en particular podría pesar en el cónclave, donde la exigencia de “tolerancia cero” frente al abuso clerical se convirtió en línea roja. No obstante, su ascendencia entre los cardenales electores se mantiene firme, dado que es un hombre de gobierno, con la estructura mental de los religiosos formados en Roma, pero con los pies puestos en la realidad pastoral de los pueblos más alejados del poder.
El acercamiento con Latinoamérica, ¿pesa en la decisión?
Su español fluido, su sensibilidad con la cultura latinoamericana y su proximidad al pensamiento de Francisco lo convierten en un candidato de continuidad, aunque sin el carisma expansivo del fallecido pontífice.
En los pasillos del Vaticano, algunos lo ven como un “puente” entre dos Iglesias: la institucional y la popular; la del Norte global y la del Sur. En tiempos donde se barajan nombres de África, Asia y América Latina, un norteamericano con corazón latino puede resultar una carta inesperada. Si el próximo cónclave busca un perfil moderado pero firme, de gobernabilidad silenciosa y visión global, Robert Prevost podría emerger como una figura de consenso.
Con una Iglesia en plena transición, marcada por los desafíos de la secularización, la polarización interna y la necesidad de continuar el legado reformista de Francisco, el cónclave que ya se encuentra en marcha se presenta como un punto de inflexión.
Bajo este escenario, Prevost se perfila como una opción de equilibrio: suficientemente cercana al ideario del papa argentino como para garantizar continuidad, pero con el perfil institucional y sobrio que muchos cardenales valoran en tiempos de cambio. Si los electores buscan una figura que combine experiencia pastoral global, formación doctrinal y capacidad de gestión, el nombre del cardenal estadounidense podría ganar fuerza cuando las puertas de la Capilla Sixtina se cierren.
Fuente Ambito


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