Khaby Lame, el senegalés productor de videos más visto en la red que vendió su marca por $ 975 millones
Un influencer que rompe moldes burlándose de la estupidez de los videos más bobalicones de la red, que hasta la irrupción de este comediante mudo era puros bailecitos. Sus videos desmontan las excentricidades de otros e invitan a recuperar la simpleza y humildad en un reino dominado por el bully y el fake.
Por Julian Varsavsky / Página 12
Khaby Lame es el influencer más popular de TikTok, pero no encaja en su estereotipo: se burla de los videos de TikTok. Es un senegalés que no habla en cámara, no ostenta autos, músculos ni viajes. Simplemente se ríe sin sonrisa con gesto resignado de videos bobalicones hechos por otros que levanta en TikTok y les agrega algo propio al final. Este gag le hizo cosechar 162 millones de seguidores en TikTok, 82 en Instagram y 7 millones en Facebook. Con semejante capital simbólico, esta semana vendió su imagen por 975 millones de dólares a una empresa de Hong Kong.
Esta celebridad digital llegó a Turín con un año de edad desde Dakar junto a sus padres. Fue un inmigrante más que perdió su trabajo de obrero en pandemia y se puso a tiktokear. Arrancó con lo obvio: bailecitos, acrobacias ridículas y videos de sus videojuegos. Pero ese nicho estaba copado. A principios de 2020 inventó un subgénero: extraer un fragmento de video de otros –un tutorial sobre cómo pelar una banana con un cuchillo de supervivencia– a lo que él le agrega el gesto de negar con la cabeza y encoger los hombros en desaprobación, casi sin malicia; o a veces abre los brazos con las palmas hacia arriba y pone los ojos en blanco, como diciendo “qué estupidez, para qué vamos a hacer las cosas complejas si todo es mucho más simple en esta vida”. Entonces pela la banana con sus manos, la muerde y se va sin decir palabra, como una especie de Charles Chaplin o Buster Keaton de la posmodernidad que apela a recuperar en sentido común en la vida.
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El formato es siempre el mismo. Por ejemplo: una mujer subió un video de ella pelando ruidosamente un pepino con los dientes. Entonces Khaby lo muestra, toma un pelador de verduras y pela el pepino como diciendo sin hablar: “miren lo que hace esta boludencer; ¿no es más simple de la manera normal?”. Con esto se convirtió en la persona más popular en TikTok desbancando a Charli D’Amelio, una típica adolescente blanca californiana –ex clase media, hoy alta– que produce bailecitos con su hermana Dixie.
Muy pocas veces Khaby Lame habla en público –domina perfecto el italiano— y se ha definido a sí mismo: “se me ocurrió la idea porque estaba viendo estos videos circulando y me gustó eso de darle algo de simplicidad. El gesto vino por casualidad, pero el silencio no; pensé en encontrar una manera de llegar a la mayor cantidad de gente posible. Y la mejor era no hablar. Tal vez porque mis expresiones faciales son divertidas, esta simplicidad hace reír y me encanta”. El silencio es clave: la comunicación no verbal trasciende barreras idiomática y crea conexiones interculturales. Expresa sentimientos universales apelando a una recuperación de la simpleza en un ciberespacio donde se hace cualquier cosa por sobresalir, al punto de perder la vida en accidentes sélficos.
Los contenidos son retroalimentados por seguidores que le envían videos que descubren, para que él los demuela con una sutileza nada usual en el reino del bullying. Lo etiquetan con la frase “Khaby es tu turno, resuelve este problema porque te necesitamos”. Todo esto lo ha convertido en meme y emoticón. Sus videos casi no tienen postproducción –otro diferencial– otorgándoles una carga fuerte de autenticidad.
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El influencer nacionalizado italiano supo ver una necesidad de consumo en el momento adecuado. En pleno encierro por el COVID se necesitó más que nunca, una cuota de escapismo y conexión. Al no haber discurso oral y ofrecer una gestualidad clara, no hay casi espacio para dobles lecturas o interpretaciones divergentes: todo es literal y genera empatía. Ya ha acumulado 2.600 millones de likes y algunos de sus videos superan las 300 millones de visualizaciones. Su ascenso fue meteórico. En año y medio alcanzó 100 millones de seguidores y en agosto de 2021 era el mayor creador europeo de contenidos. Desde su cuarto de inmigrante pasó a caminar por la alfombra roja de la gala del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, protagonizó anuncios en el Super Bowl e hizo acuerdos con Hugo Boss, Airbnb y estudios de Hollywood. Cada video suyo esponsorizado le genera 750.000 dólares.
Cuando ya tenía 47 millones de seguidores, aun le faltaba la nacionalidad italiana y su pasaporte senegalés no le permitía viajar. Pero asoció su nombre a Netflix, a una mega cadena de comidas en Italia y a una plataforma deportiva en La India: comenzó a facturar, pasando de desempleado a millonario en 18 meses. Sus publicaciones reciben likes de celebridades como el actor Will Smith –también afrodescendiente y quien era su ídolo- y ahora aspira a realizar su sueño de ser actor, aunque en los hechos ya lo es. Y resultó ser su propio productor, camarógrafo, editor y CEO: acaba de vender su empresa Step Distinctive Limited por 975 millones de dólares. Hizo un “intercambio de acciones” con Rich Sparkle, un holding con sede en Hong Kong que cotiza en el Nasdaq y del que Khabi pasa a ser accionista principal. Así le cede sus derechos a la firma de Hong Kong para todos los acuerdos comerciales de publicidad y desarrollar un gemelo digital del propio influencer que funcionará por IA replicando su imagen y gestos: aspiran adaptar y producir contenidos en distintos idiomas y mercados. La alianza con Rich Sparkle permitirá colocar a los 360 millones de seguidores que tiene Khaby en sus plataformas, bajo una mega estructura empresarial. Según dice la compañía, la publicidad a partir de semejante audiencia generará 4.000 millones de dólares anuales. Apuntan a ligarlo con marcas de la industria de belleza, perfumes y moda. Algunos expertos en finanzas dudan de semejantes metas: serían un anzuelo para elevar el valor de las acciones emitidas.
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En junio de 2025 Khaby Lame protagonizó un episodio de deportación al ser detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE) en el aeropuerto de Las Vegas. Su pasaporte italiano tenía visa de turista y se le había vencido días antes: lo detuvieron bajo la acusación de “inmigrante ilegal”. El influencer quiso perfil bajo pero lo hizo público Bo Loudon, quien se autodefine “influencer pro-Trump- e íntimo de Barron, hijo del presidente. Este bully enfermizo y racista posteó: “Descubrí que era un indocumentado y yo mismo tomé medidas para que lo deportaran”. El joven libertario publicó información del ICE en sus redes sobre el hecho de que Khaby estaba ya detenido en Miami y presentó una queja ante funcionarios de inmigración. Y acusó al senegalés de ser un ultraizquierdista, a pesar de que jamás ha expresado una idea política. Quizá Loudon lo odia simplemente porque es negro y por visitar La Meca (y porque siendo negro es millonario y él no). El detenido recibió la opción de una salida voluntaria y se fue.
Cuando Khabi arrancó con su nuevo oficio en 2020, TikTok era una app para adolescentes bailando al ritmo de canciones de moda. Pero el senegalés abrió un camino inexplorado apelando a un humor creativo y poco expresivo que amplió públicos y contenidos. Y lo hizo creando un vínculo muy estrecho con el usuario a través del silencio: quien mira siente la misma complicidad que ante alguien que no conoce en la calle y cuando ven que otro tiró basura en la vereda, se miran como diciendo “mirá lo que hace”. Esas dos personas se dicen todo con una mirada. Este es el intercambio semiótico que logró Khaby. Y es lo que lo hace tan atractivo. A TikTok esto le potencia su perfil de red social donde una persona común puede llegar al estrellato sin recurrir a la TV. Instagram es distinto: su rey es Cristiano Ronaldo con sus abdominales soberbiamente cuadriculados, quien cobra 3 millones de dólares por posteo. Pero antes tuvo que triunfar en el futbol (el segundo es Lionel Messi). Mientras que los reyes de la red X son Elon Musk y Barack Obama. Es decir que TikTok es la red de la gente común. Y no hay –o no había- nadie más común que Khabi Lame.
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