Sin perder nunca un sentido del humor ligero y enrarecido, el film de Julian Radlmaier, pleno de giros narrativos, no deja de comentar el estado de ciertas cosas en la Europa contemporánea.

PHANTOMS OF JULY 8 puntos

(Sehnsucht in Sangerhausen; Alemania, 2026).

Dirección y guion: Julian Radlmaier.

Duración: 90 minutos.

Intérpretes: lara Schwinning, Maral Keshavarz, Henriette Confurius, Paula Schindler, Ghazal Shojaei.

Disponible en MUBI.

El lector atento advertirá que el título internacional en inglés del último largometraje de Julian RadlmaierPhantoms of July (así puede encontrárselo en la plataforma MUBI) poco y nada tiene que ver con el original alemán Sehnsucht in Sangerhausen, que podría traducirse como “Anhelo en Sangerhausen”, aunque el término “anhelo” no termina de hacerle justicia a la intraducible palabra en alemán. Por otro lado, Sangerhausen es una ciudad alemana ubicada en el costado oriental del territorio, famosa por su minería y por tener la mayor plantación de rosas del mundo. Es también el lugar donde transcurren las historias de esta película tan excéntrica y estimulante como la obra previa de Radlmaier, el director de títulos extravagantes como Bloodsuckers – A Marxist Vampire Comedy y Self-Criticism of a Bourgeois Dog. Aquí no hay perros burgueses ni vampiros marxistas, pero sí una joven súbitamente enamorada de una turista, una inmigrante iraní que intenta sobrevivir como influencer y algún que otro fantasma del pasado habitando el presente como quien no quiere la cosa.

La primera parte de Phantoms of July, suerte de prólogo histórico, transcurre hacia finales del siglo XVIII y presenta a la empleada de un castillo donde descansa durante unos días el famoso escritor y filósofo Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, más conocido como Novalis. La joven Lotte barre el piso, traslada en pesados baldes la leche recién ordeñada y limpia las bacinicas de sus empleadores.

La llegada de un joven a Sangerhausen, suerte de freak que luego de pasar un año encerrado en una cueva es capaz de tragar piedras sin indigestiones, la lleva a escapar del lugar para intentar llegar a Francia, donde, dicen, a los príncipes les cortan la cabeza y todos los ciudadanos son iguales. Es un segmento introductorio notable, que establece el tono entre realista y ensoñado que el film mantendrá de allí en más, al tiempo que sienta las bases de una circularidad que el relato solo hace evidente hacia el final.

Corte al presente. Ursula trabaja a destajo en sus dos empleos: mujer de la limpieza de un local de sillones por la mañana y, por las tardes, mesera en un bar y restaurante con imponente vista a la montaña de piedras de Sangerhausen, otrora principal centro económico de la región. Como le ocurriera a Lotte más de doscientos años atrás, la llegada de visitantes, en este caso un trío de músicos, despierta el interés sentimental y un deseo adormilado luego de muchos años en pareja, en un pueblo donde pasan cosas, pero tal vez no tantas como ella quisiera. En paralelo, en otro relato independiente que luego se reunirá con el de Ursula, Neda graba reels para subir a las redes sociales destacando los puntos turísticos del lugar. La súbita e inesperada visión de una amiga que quedó atrás, en Irán, permite que el film juegue el juego de la fantasía o bien el de lo onírico, dependiendo de la interpretación que el espectador pueda o quiera darle a ciertas escenas.

En el cuarto y último capítulo de Phantoms of July los relatos previos se unen en una única línea, no sin antes sumar un par de personajes extra, entre ellos otro inmigrante, de origen coreano, que debe vender su vehículo y medio de subsistencia.

Sin perder nunca un sentido del humor ligero y enrarecido, una frescura que por momentos se acerca a lo lúdico, Radlmaier no deja de comentar el estado de ciertas cosas en la Europa contemporánea, con sus discursos xenófobos como órbita cercana al corazón de la historia.

Ejemplar en su puesta en escena, de bellísima fotografía en formato analógico y repleta de comentarios al paso sobre cuestiones tan diversas como las rosas azules o las cualidades visuales de los films producidos por la productora DEFA durante los tiempos comunistas, Phantoms of July es una película siempre sorprendente, de la cual resulta imposible saber cuál será su siguiente giro narrativo. Un cine anti algorítmico.

Fuente: Página 12

 

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