Desde la asunción del gobierno libertario, su política en referencia a la producción nacional fue nula. Primeramente, fueron las Pymes, verdaderos motores generadores de empleo, las que sufrieron el impacto de las no políticas de incentivo a la producción nacional. Un conjunto de medidas aperturistas al liberar con aranceles cero a productos manufacturados extranjeros (trabajo extranjero), sumado a cargas tributarias altas, altas tasas de interés y, sobre todo, una contracción premeditada de la economía. Ha consumado un combo letal para las empresas nacionales que eligen ser importadoras y revender manufacturas extranjeras.
La fórmula de la extrema derecha cipaya vernácula es vendepatria y entreguista desde donde se la quiera mirar; la diferencia que podemos ver en el caso de Javier Milei es su alto grado de cinismo, crueldad y sobre todo de sadismo.
La destrucción de la industria argentina está en marcha y, sin lugar a dudas, en parte la UIA tiene responsabilidad en apoyar a una gestión de gobierno que no tiene en sus planes generar un país industrial, sino solamente una colonia que venda recursos primarios para su amo del Norte.
La desesperación del oficialismo por sacar la reforma a las leyes laborales responde a un mandato del FMI y, sobre todo, la premura es sorprender al pueblo con la pérdida de derechos laborales adquiridos.
El cinismo y el sadismo del presidente Javier Milei no tienen límites: en plena crisis laboral por el cierre de FATE, que deja a mil hogares argentinos en la calle, un paro por 24 h por el tratamiento de la reforma laboral en Diputados, los nuevos casos de corrupción y asociación ilícita de un ministro al que califica como El Coloso (Federico Sturzenegger); mientras el país se incendia de conflictos, el virrey viaja rumbo a la sede del imperio. No sorprende, pues básicamente nunca fue un amante del trabajo duro y menos de la capacidad para enfrentar los problemas de argentinos y argentinas.
Mientras tanto, la Argentina aún no despierta de un sueño idílico que cree en forma mágica que el problema es de los demás argentinos que no se esfuerzan lo suficiente para salir de una crisis económica. El gobierno de Milei, de manera planificada, corre el eje del conflicto en la casta de los gremios y ahora con empresarios que no brindan un mejor producto a un mejor precio.
El cinismo del Ministro de Economía, el trader JP Morgan Luis Toto Caputo, es asombroso. Dijo sin inmutarse que él nunca en su vida compró ropa de industria nacional por los elevados precios; habla de por sí que la mejor política industrial es la que no existe. Jamás se los ha escuchado hablar sobre producción nacional, pymes, consumo interno, salarios; básicamente es una gestión que ejecuta una política de entrega del patrimonio nacional sin ningún rasgo de empatía hacia los trabajadores argentinos, pero eso sí ama profundamente al pueblo norteamericano y al líder del imperio decadente del norte. En el gobierno de Menem al menos se vendía soberanía; este gobierno la regala.
Ahora, ¿hasta cuándo argentinos y argentinas podrán soportar a un títere de Trump? Es evidente que si no fuera por el síndrome de Estocolmo, esto no podría suceder. Milei debería ocuparse de resolver los problemas de su pueblo, generar las condiciones para que las industrias puedan activar la capacidad instalada, devolver el poder adquisitivo de los salarios para levantar el consumo y, por ende, reactivar la producción nacional.
Esta política nacional de gente muy bizarra que cree que sus decisiones no tienen consecuencias inmediatas en el pueblo chocará con la realidad si no corrige el rumbo, a menos que solo desee un país para 10 millones de personas. Hoy por hoy hay mil familias argentinas sin sustento.
FM Chalet

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