En medio de la guerra comercial con Estados Unidos, el presidente Xi Jinping intenta mostrarle a Latinoamérica que China está dispuesta a aumentar las relaciones comerciales más allá de la compra de soja, petróleo o cobre.

“China aumentará sus importaciones de productos de alta calidad de países de América Latina y el Caribe e incentivará a sus empresas a expandir sus inversiones en esa región”, declaró el mandatario este martes en la IV Reunión Ministerial del foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), a la que asistieron los presidentes de Brasil, Colombia y Chile.

Aunque no mencionó a la Casa Blanca, Xi Jinping aprovechó la ocasión para referirse indirectamente a las tensiones que existen con EE.UU. ante la guerra arancelaria iniciada por su homólogo Donald Trump.

“La intimidación y la coerción solo conducen al aislamiento”, declaró en Pekín, y dijo que su nación está dispuesto a colaborar con los países latinoamericanos ante las crecientes tensiones geopolíticas, el unilateralismo y el proteccionismo.

China es el segundo socio comercial más importante de América Latina después de Estados Unidos y la región es el principal destino de la inversión china en el extranjero fuera de Asia.

Fuente: BBC


Lula en Beijing: China y Brasil construyen una relación ‘indestructible’

En una visita de alto perfil que marca un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo una serie de encuentros clave en China con su homólogo Xi Jinping. Durante la visita de Estado que se extendió del 10 al 14 de mayo de 2025, ambas naciones reafirmaron su compromiso por una alianza estratégica y abrieron nuevas vías de cooperación económica, política y geopolítica, en un contexto internacional marcado por la volatilidad del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos y su renovada guerra comercial.

La reunión entre ambos mandatarios en Beijing culminó con una declaración conjunta en la que China y Brasil expresaron su deseo de que Rusia y Ucrania inicien un diálogo directo cuanto antes, al considerar que la diplomacia es la única salida posible al conflicto armado en Europa del Este. Asimismo, se comprometieron a trabajar junto a otros países del Sur Global para contribuir activamente a una solución pacífica.

Pero más allá del plano diplomático, el foco estuvo puesto en el fortalecimiento económico. Lula anunció junto a Xi la firma de acuerdos comerciales e inversiones por más de 4.600 millones de dólares, incluyendo sectores estratégicos como la industria automotriz, energías renovables, farmacéutica y semiconductores. Entre ellos se destaca el ingreso de la empresa china de entregas Meituan al mercado brasileño con una inversión inicial de 881 millones de dólares, así como un acuerdo con CGN Power por más de 500 millones para el desarrollo de un centro de energía solar, eólica y de almacenamiento energético.

En paralelo, el Banco Central de Brasil selló un acuerdo de intercambio de divisas con el Banco Popular de China por un valor de 27.690 millones de dólares a cinco años, que busca dotar de liquidez al sistema financiero brasileño en momentos de tensión. Este swap refuerza el acercamiento financiero y se suma al convenio ya existente entre Brasil y la Reserva Federal de EE.UU., reflejando una política exterior multilateralista frente a un mundo en reconfiguración.

El trasfondo geopolítico de esta visita no es menor. En medio del aislamiento creciente de EE.UU. por sus políticas arancelarias, líderes de América Latina como Lula, Gustavo Petro (Colombia) y Gabriel Boric (Chile) han decidido estrechar lazos con China. La presencia de los tres presidentes en Beijing al mismo tiempo y su participación activa en el IV Foro Ministerial entre China y la CELAC ilustran una apuesta clara por diversificar las relaciones internacionales de la región.

Durante el foro, el canciller chino Wang Yi pidió profundizar la cooperación práctica, los intercambios culturales y el apoyo mutuo entre China y los países de América Latina y el Caribe (ALC). Subrayó la necesidad de defender el multilateralismo, resistir la injerencia en los asuntos internos y rechazar la confrontación de bloques. Wang enfatizó que China apoyará a los países latinoamericanos en la búsqueda de caminos propios hacia la modernización, fortaleciendo también los vínculos dentro de iniciativas como la Franja y la Ruta y el Programa de Desarrollo Global.

La mirada de Lula sobre la relación entre China y Brasil

Lula, por su parte, fue contundente en su discurso ante empresarios chinos y brasileños en Beijing: «No podemos aceptar las medidas que el presidente de EE.UU. quiso imponer de un día para el otro al planeta». Con estas palabras, apuntó directamente contra los aranceles impulsados por Donald Trump, que han afectado sectores clave de la economía brasileña como el acero. Empresas como ArcelorMittal informaron que, debido a los aranceles del 25%, han debido vender acero a EE.UU. a precios hasta un 7% menores, lo que pone en riesgo ingresos y competitividad.

Frente a este panorama, Lula busca convertir a China en un socio «indestructible», como lo calificó, para contrarrestar el impacto de una política comercial estadounidense impredecible. China ya es el principal socio comercial de Brasil, absorbiendo grandes volúmenes de soja, mineral de hierro y carne, pero la estrategia de Lula va más allá: se trata de atraer inversiones en infraestructura, tecnología e industria verde, fortaleciendo la soberanía económica del país sudamericano.

El politólogo Matías Spektor, de la Fundación Getúlio Vargas, sostuvo que la visita es un reflejo del giro estructural en la diplomacia regional: «Lula está abriendo proactivamente nuevos canales de comercio en un momento en que EE.UU. desmantela las reglas anteriores. América Latina se está preparando para moldear las nuevas normas del juego global, que ya no nacerán en Washington».

Esta visión de un mundo multipolar se vio reforzada con la participación brasileña en foros multilaterales recientes en Asia y con la expectativa de la visita de Xi Jinping a Brasil en julio para la Cumbre del BRICS en Río de Janeiro. De esta forma, Lula y Xi proyectan una alianza de largo plazo, anclada no solo en el comercio, sino también en una visión compartida sobre el papel del Sur Global en el nuevo orden mundial.

En síntesis, la visita de Lula a China marca un punto de inflexión en las relaciones entre América Latina y Asia. Ante la incertidumbre que genera el rumbo errático de EE.UU. bajo el mando de Trump, países como Brasil optan por una política exterior activa, pragmática y diversificada, donde China aparece como un socio confiable y predecible. Si bien los desafíos son muchos, el camino hacia una integración Sur-Sur más profunda parece cada vez más trazado.

Con acuerdos concretos, una visión estratégica compartida y una voluntad clara de cooperación, Lula y Xi han sentado las bases de una relación bilateral que podría redefinir el papel de América Latina en el mundo. Una relación, en palabras del propio presidente brasileño, «indestructible».

Fuente: Reporte Asia

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