La intervención de las casas de estudio limitó la autonomía y provocó una de las fugas de cerebro más recordadas. Los paralelismos con el presente son obligados: el oficialismo ajusta, reprime y genera un nuevo éxodo.
El 29 de julio no es una fecha cualquiera para las universidades públicas, la ciencia y la tecnología. Hace exactamente 60 años, la dictadura de Juan Carlos Onganía atravesaba un límite que quedaría marcado a fuego en la memoria. Pasó a la historia como “La noche de los bastones largos” y consistió en la intervención de las casas de estudio y el fin de su autonomía. Con la excusa remanida de “combatir al enemigo comunista”, en plena Guerra Fría y con la doctrina de la seguridad nacional a puro estreno, autoridades, docentes y estudiantes fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad al resistir la medida oficial. Como resultado, algunos de los cerebros más destacados de la época debieron emigrar y seguir con sus carreras en otras latitudes. A seis décadas de lo sucedido, y a pesar de estar en democracia, es posible establecer paralelismos con el gobierno de Milei que, desde su asunción, no deja de vapulear a la educación superior.
En aquel momento, cerca de 1400 alumnos, profesores y autoridades de las distintas facultades de la UBA fueron reprimidos y luego detenidos por la policía. Se estima que, además, 300 científicos y científicas dejaron el país y constituyeron una de las fugas de cerebros más emblemáticas de la historia argentina. Las líneas de investigación se frenaron y la calidad académica en las aulas se vio resentida. En la actualidad, jóvenes becarios también dejan sus puestos en el Conicet y otros organismos del sector. No lo hacen únicamente por el temor a ser reprimidos, sino porque no ven posibilidades de subsistir con un elenco gubernamental que desprecia al conocimiento. Se calcula que, desde diciembre de 2023, 10 mil docentes dejaron sus puestos en las universidades públicas y más de 6 mil profesionales se fueron de sus laboratorios y centros de investigación.
Aunque el gobierno actual sea democrático y aquel de Onganía no, las represiones de científicos y científicas se perpetúan de manera bastante similar. Los becarios del Conicet, pero también los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica y del INTI, fueron reprimidos semanas atrás. Los bastones largos continúan golpeando, a pesar de que el tiempo pase.
Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, señala: “A 60 años de ‘La noche de los bastones largos’ es muy importante tener el episodio fresco en la memoria. Sobre todo, por el desastre que causó en las universidades y el éxodo que provocó”. Y continúa: “Puede vincularse con la actualidad claramente. Más allá de que vivimos tiempos de democracia y no de dictadura, sufrimos un ataque similar, en cuanto a la decisión de las autoridades nacionales de desfinanciar a la ciencia y a la universidad. Hoy las atacan a través de discursos de desprecio en el marco de lo que llaman ‘batalla cultural’. Debemos sostener a nuestra educación pública de calidad y defender a la autonomía universitaria, que también está en peligro”.
Época de oro
Hace 60 años, la represión se justificaba porque era necesario restablecer el orden. Las universidades, en este sentido, eran cuna de pensamiento crítico y, por tanto, peligroso para la linealidad y el binarismo a los que estaba acostumbrada la cúpula castrense. En ese momento, además, la ciencia y la tecnología en Argentina estaban floreciendo. Para citar apenas dos mojones: la carrera del investigador científico del Conicet comenzaba a consolidarse luego de la creación del organismo en 1958, al mando del Nobel Bernardo Houssay, y el Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA –responsable del desembarco de la supercomputadora Clementina– despuntaba como uno de los espacios que acogían a las mentes brillantes.
Era el marco en que actores como Manuel Sadosky, Oscar Varsavsky y Rolando García empezarían a destacarse, estos dos últimos con roles esenciales en la politización del campo científico. Aunque con perspectivas distintas, tanto Varsavsky como García compartían la inquietud sobre el rol que tenían que tener los científicos en favor de su pueblo y sobre los modos en que el pensamiento crítico que provenía de la ciencia podría contribuir al bienestar social. Es natural que la dictadura de Onganía quisiera cortar de lleno con este circuito científico, tecnológico y universitario virtuoso. Sin embargo, no estaba en sus planes que el país se quedara sin ciencia y tecnología. Más bien, fue un acto reflejo autoritario que les salió demasiado caro y tuvo más efectos de los que, a priori, hubiesen deseado.
Lo cierto es que, en la práctica, la dictadura del 66 cortó un crecimiento que se consolidaba desde hacía décadas en Argentina. En la actualidad, el gobierno libertario no necesitó intervenir las casas de estudio; le bastó con desfinanciarlas y con incumplir la Ley de financiamiento universitario, pese al clamor popular (visualizado en las marchas federales), la decisión del Congreso (que la votó en dos oportunidades y rechazó el veto de Milei) y lo que dictaminó, de manera reciente, la justicia en todos sus estamentos.
Los fantasmas de siempre
Cuando Milei propone un retorno a una supuesta época dorada, realmente busca volver al pasado y rediscutir asuntos que ya se creían saldados. De la misma forma que Trump lo hace en Estados Unidos, define a las universidades como “cunas o nidos de progresismo” –o wokismo–. Solo las entiende como las instituciones en donde se reúnen, aun en la actualidad, los principales representantes de la ideología comunista. Ambos despliegan un enfoque determinista, similar al que primaba en los 60: es necesario acabar con el enemigo interno.
En 2026, la doctrina de seguridad nacional se revitaliza; ya no es la Unión Soviética el fantasma al que hay que ganarle por todos los medios y en todos los terrenos, sino China. Un gigante que, con planificación, pragmatismo y menos publicidad en esta parte de Occidente, lo está superando a paso firme.
Fuente: PÁGINA 12

Comenta sobre esta publicación