Choque de titanes en Nueva York. El brasileño marcó la cancha en la ONU, el magnate dobló la apuesta. Venezuela, Irán, Ucrania, el multilateralismo y la «extorsión» de los aranceles en la mesa. Las presidenciales de octubre y las de medio término de noviembre como trasfondo

Por Alberto López Girondo / Tiempo Argentino

La apertura de la 81ª Asamblea General de la ONU encontró dos líderes encabezando posiciones contrapuestas como quizás nunca en la historia del organismo internacional. Y mientras el que abrió el juego, Lula da Silva, cuestionó la falta de liderazgo de Naciones Unidas para cumplir con la misión para la que fue fundada, en 1945, esto es, evitar las guerras, Donald Trump amenazó con defender los intereses estadounidenses en América Latina utilizando “el poder sin igual de Estados Unidos”. Así, el magnate fue fluctuando entre afirmar que quiere un acuerdo de paz con Irán para luego de las elecciones de medio término o, evaluó, “tendré que aniquilar a la República Islámica”.

«La ONU está fallando en una de sus principales misiones, la de librar a la humanidad del flagelo de la guerra. Su credibilidad nunca estuvo tan baja, su capacidad para proteger a los más vulnerables nunca fue tan pequeña», dijo Lula en el discurso inaugural de la temporada, como corresponde a la tradición, que es que primero habla Brasil y luego EEUU.

El mandatario brasileño cuestionó severamente que el derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas resulta en un “vicio (que) confirió a las grandes potencias el privilegio de la insensatez». Luego, agregó: «somos todos rehenes del inmovilismo de un Consejo de Seguridad que no cumple con su papel». Así, consideró, se estén destinando «miles de millones de dólares» para una nueva carrera armamentística porque los conflictos adquieren «proporciones globales».

El líder metalúrgico, ovacionado en su ingreso al estrado, que enfrenta un fuerte desafío el 4 de octubre en la primera vuelta electoral para la reelección contra el favorito de las ultraderechas, Flavio Bolsonaro, puntualizó que la responsabilidad de esta situación internacional es de los líderes mundiales, que apuestan por la guerra en lugar de la política.

A continuación, Da Silva bajó línea de un viejo reclamo que él como nadie llevó adelante en esta parte del planeta, como es el de poner fin al mundo unilateral que Estados Unidos consolidó tras la caída de la Unión Soviética. «Estamos llamados a elegir entre multilateralismo o unilateralismo, entre democracia o extremismo, soberanía o subordinación. Son elecciones que requieren coraje, voluntad política y claridad», explicó.

Genocidios e injerencias

En tal sentido, no dejó títere por voltear. Fustigó el «genocidio ejecutado por el Gobierno de (Benjamin) Netanyahu» en Medio Oriente y se despachó contra la persecución a jueces y fiscales del Tribunal Penal Internacional (TPI) tanto desde Israel como de Estados Unidos.

Era obvio que iba a aprovechar ese foro para atropellar contra la injerencia estadounidense en las elecciones presidenciales. «Brasil no es el patio trasero de nadie», aclaró. «Las diferencias ideológicas no tienen que ser obstáculo para una mayor integración entre vecinos», añadió, para impugnar a continuación del «chantaje» arancelario, una estrategia que viene desarrollando la administración Trump contra el gigante sudamericano con la idea de favorecer a Bolsonaro Jr..

No olvidó hablar de Venezuela, donde reclamó por la necesidad de que los venezolanos “puedan elegir su propio destino”, ni de Nicaragua, donde criticó al gobierno de Daniel Ortega por la persecución a opositores.

Viejo zorro de la política, Lula plantó en el recinto otros de los temas de los que sabia que habría de hablar Trump. Uno fue el pedido de alcanzar la paz en Ucrania, otro, la lucha contra el crimen organizado. Pero de paso señaló el peligro de la desinformación, de la inteligencia artificial y la negación del cambio climático.

Argumentos de cowboy

El magnate, que pasó en segundo término, por supuesto que habló de Venezuela, de patios traseros y de cómo espera arreglar las cosas en las guerras en la que se metió en Irán y la que su antecesor promovió en Ucrania.

“Nuestras acciones en Venezuela son prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas a América ganen un punto de apoyo en ninguna parte del Hemisferio Occidental, y si es necesario, usaremos nuestro poderío militar inigualable para proteger los vitales intereses nacionales de Estados Unidos.”

Luego aseguró que se encuentra particularmente metido en negociaciones con Cuba pero que pone todas sus fichas a un cambio de régimen. La Casa Blanca, indicó, «busca un cambio fundamental de la situación en Cuba, donde el régimen comunista está bajo gran presión, la mayor presión que han tenido nunca». Y siguió en esa senda: «Es un estado absolutamente fallido. Está fallando como nunca antes, y va a caer».

Sobre Groenlandia, la última joya agregada a su haber, dijo:” Estados Unidos comenzará de inmediato el proceso de despliegue militar” tras el acuerdo que se firmará estos días en Nueva York.

Midterms

En cuanto a Irán, detalló: ”Creo que habrá un acuerdo que llegará después de las elecciones, porque no tiene sentido para ellos no hacerlo. Están esperando a ver qué tal me va en las ‘midterm‘», pero lo van a firmar”. Caso contrario, amenazó, aniquilará a la nación persa. «¿Tendré que hacerlo rápidamente, para evitar darles la oportunidad de matar y destruir a la gente y atacar de nuevo a otros países?», chicaneó. Trump, que el 28 de febrero se lanzó una aventura acompañando a Israel que no está saliendo como pensaba, sostuvo nuevamente que Irán no tendrá armamento nuclear y que el país está destruido, algo que la realidad se empecina en desmentir.

Lula y Trump, las dos caras de un desafío regional
Foto: Daniel Torok / White House Press

«Como presidente de la nación más extraordinaria de la historia, no tengo interés en permitir que los peligros crezcan ni un día más, por lo que mientras otros hablan, yo actúo», ha se jactó enseguida. “Mientras otros han hablado de paz, yo he logrado la paz. Mientras otros han ignorado las amenazas, yo las he enfrentado. Mientras otros han hablado de valentía, Estados Unidos la ha demostrado. Mientras otros han prometido fortaleza, yo la he utilizado para convertir a Estados Unidos en el país más poderoso del mundo (…) no hay mayor ejemplo de amenaza como aquella a la que hace frente Estados Unidos con Irán» (sic). Con ese tono dijo que la paz en Ucrania está a la vuelta de la esquina si es que los europeos le hacen caso.

Narcos y amenazas

En cuanto a América Latina, Trump dijo: «nuestras acciones en Venezuela son prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra el país echen raíces en ninguna parte del hemisferio occidental. Y, si es necesario, utilizaremos nuestro inigualable poderío militar para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos».

«Durante décadas, otras administraciones permitieron que gran parte de esta región fuera dominada por bandas despiadadas y cárteles de la droga sanguinarios, pero eso se acabó. Al asumir el cargo, designé a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas extranjeras y desplegué al Ejército para eliminarlos. Los cárteles son el Estado Islámico del hemisferio occidental», dijo el empresario inmobiliario. Pero ya que estaba de gira por el sur del Río Bravo, se encargó de darle una “palmadita” a la presidenta Claudia Sheinbaum. «México es el epicentro de la violencia de los carteles. Lamentablemente, es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de 2.000 millas con un territorio controlado por carteles enemigos. Por lo tanto, México debe recuperar el control de su territorio de manos de los enemigos de la humanidad».

Tras este “tour de force” en Nueva York, habrá que ver cómo les va a los contendientes en las urnas el 4 y el 25 de octubre en Brasil y el 3 de noviembre en Estados Unidos. Esa será la pelea de fondo y nada está asegurado.

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