Adriana Baravalle, especialista en inteligencia artificial, fue presentada como “doctora” en el comunicado oficial, por un título emitido en una dudosa universidad virtual de Honolulu. En el decreto de nombramiento figuraba como “magíster” y no está claro si tiene formación de grado. En medio de la polémica, el Gobierno borró su nombre del organigrama oficial.
Como si faltara alguna polémica en la relación que el gobierno de Javier Milei mantiene con el sector científico, la designación de la nueva representante del área quedó envuelta en un escándalo. Adriana Baravalle, especialista en inteligencia artificial, fue presentada como “doctora” en el comunicado oficial. Haciendo referencia a un título emitido en una dudosa universidad virtual de Honolulu. Con el paso de las horas y la suma de cuestionamientos, la web oficial de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología quitó el título de la flamante funcionaria. Luego, su nombre dejó de formar parte de la página oficial.
Tras un período de acefalía, Baravalle fue nombrada como sucesora de Darío Genua. “La Dra. Baravalle cuenta con una extensa trayectoria profesional y académica en inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad e innovación tecnológica. Es investigadora y profesora universitaria, Doctora en Inteligencia Artificial y Magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento, y actualmente se desempeña como Directora del Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral”, describe el comunicado del Gobierno.

Fue el programador y periodista Maximiliano Firtman quien primero llamó la atención sobre el currículum de la flamante Secretaria. Tras un repaso por su perfil en linkedin, cotejado con los datos que aportó el comunicado y los que figuran en su CV, Firtman detalló que “su doctorado en IA es trucho. La ‘universidad’ no es reconocida ni en Honolulu y tal vez por eso ella ocultaba el nombre; no tendría título de grado; es Analista de Sistemas (terciario) pero lo hizo de grande (47-50 años). Entró a IT en los últimos años; su magíster en Datos es legal pero con aclaraciones: A) lo habría hecho sin título de grado ni terciario B) era empleada de la universidad que le hizo la excepción C) era parte del consejo de dirección de posgrados, o sea, estaba en los dos lados del mostrador; está haciendo otro doctorado real en la universidad que la empleaba, probablemente para evitar que le cuestionen el Dra/PhD. Con otra excepción porque seguiría sin título de grado”.
El especialista aclaró: “No tiene que tener credenciales académicas para ser secretaria aunque son preferibles para esa secretaría en particular. El planteo es sobre la ética de lo que efectivamente muestra como credenciales”.
Como consignó El Grito del Sur, la American Andragogy University dice en su propia web que ofrece programas a distancia para personas adultas que tengan la capacidad de llevar a cabo un “estudio autodidacta«. Destacan el uso de «métodos andragógicos, independientes, no tradicionales o no convencionales» en la formación y carecen de reconocimiento oficial.
Así, las credenciales que exhibió el Ejecutivo sobre la nueva representante del sector científico quedaron rápidamente desacreditadas. Al cierre de esta nota el nombre de Adriana Baravalle no figuraba en la web de la Secretaría. Llamativamente, su perfil tampoco aparecía en el sitio de la Universidad Austral: “Lo sentimos, la página que busca no fue encontrada”.
Para continuar el cientificidio
“Ha habido buenos gestores de ciencia que no han sido científicos. Ahora, lo que me parece mal es que la vendan como una académica porque no lo es. Si entrás a Scopus, la principal base de datos de publicaciones científicas, tiene una sola publicación con cero citas”, dijo Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, al diario Página 12.
“En principio, el gobierno no está forzado a poner a un investigador científico a cargo de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, aunque sí sería deseable si este fuera un mandato razonable. Sería necesario que, además de saber gestionar, conociera a la comunidad y sus necesidades”, planteó. Y remató: “Está claro que hay una decisión de desguazar el sistema de ciencia y tecnología y, por lo tanto, nadie que tenga cierto apego a la comunidad y demuestre ganas de fortalecerla, agarraría un lugar así”.
Ni Darío Genua ni Alejandro Cosentino, predecesores de Baravalle, provenían del sector científico. Genua llegó a la gestión libertaria en 2024, de la mano de Santiago Caputo, cuando fue nombrado coordinador ejecutivo de la Intervención en el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM). Luego fue designado en Ciencia. Cosentino, por su parte, tenía experiencia como empresario fintech.
Más allá de la polémica por sus títulos, Baravalle –designada mediante el Decreto 730/2026 firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli- tiene un perfil que “articula los mundos de la academia, la tecnología aplicada y la política internacional para impulsar un progreso hacia el desarrollo responsable de la IA”, según el comunicado oficial.
“Su incorporación tendrá como objetivo profundizar la agenda de innovación y transformación tecnológica del Estado, impulsar el desarrollo y la adopción de nuevas tecnologías y fortalecer la articulación entre el sector público, el sector privado y el ecosistema científico y académico”, señaló la presentación formal. Aunque lo cierto es que el debut quedó envuelto en la polémica.
Así y todo, hubo quienes expresaron sus felicitaciones a Baravalle por su nombramiento. Como la Facultad Militar Conjunta, dependiente del Ministerio de Defensa, que destacó que la flamante funcionaria “ha abordado temáticas vinculadas con la inteligencia artificial, ciberseguridad y computación cuántica, entre ellas en su artículo ‘Escudo cuántico: la ventana crítica para la soberanía digital ante la amenaza criptográfica emergente’, publicado en la revista Visión Conjunta”.
Fuente: Tiempo Argentino

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