FM Chalet dialogó con Pablo Landó dirigente de Fuerza Común, sobre el relevamiento que realizaron sobre comedores comunitarios en la ciudad de Santa Fe con datos actuales. Los números son contundentes sobre el incremento de familias que tienen su única comida diaria pues no logran asegurar un plato de comida diario.
«Realizamos un relevamiento que es el segundo que hacemos que es La Campaña Santa Fe Sin Hambre y el dato principal que nos arroja es que 1 de cada 2 familias que asiste a los comedores y copas de leche de las barridas populares de la ciudad de Santa Fe nos indica que habitualmente pasan un día sin comer. El relevamiento abarcó 26 barrios de norte a sur, recorriendo el cordón oeste de la ciudad pero también llegó a Colastiné, hicimos Guadalupe Oeste, Coronel Dorrego, llegamos hasta Cabaña Leiva, Centenario, te diría que casi toda la ciudad. Hicimos 31 comedor y copa de leche, 426 encuestas que expresaban 1760 raciones de comida y de ese universo el dato principal más doloroso muestra el cuadro social delicadísimo que estamos viviendo es el que mencioné anteriormente de las familias. Sumado a otros que el 40% de ese 50% de las familias son menores de edad.
También nos dicen un dato más político clave que es que el 70% de las personas fueron por primera vez desde que asumió el gobierno de Javier Milei a un comedor o a una copa de leche.
El elemento fuerte de este relevamiento es que la pobreza, la indigencia y la precarización laboral tiene rostro de mujer marcadamente, hay una feminización de la pobreza muy marcada como parte de estas políticas. 9 de cada 10 personas que trabajan en el comedor y la copa de leche son mujeres y el 65% de las personas que asistan a esa fila son mujeres. Por lo tanto, se necesita de manera inmediata un reconocimiento económico a aquellas personas que sostienen esos espacios. Vienen trabajando hace meses en la elaboración de un proyecto que es la Ley de Cocineras Comunitarias para que tengan un reconocimiento económico y se puedan sostener en este contexto de emergencia social y alimentaria, y sin embargo hay una negativa por parte particularmente del gobierno provincial alrededor de esto.»
¿El estudio que han realizado es transversal a todas las clases sociales, sobre todo a la pauperización de la clase media?
«Hablamos de la población más frágil, la que efectivamente impacta. Muchos de los relevamientos que fuimos hemos vuelto muy mal, en los espacios de comedores y copas es muy importante crear un vínculo, una confianza, empatía. Nosotros preguntábamos por ejemplo, con qué frecuencia habían pasado algún día sin comer, el adulto a veces responde desde un lugar, pero la pregunta también iba hacia los menores.
Yo lo contaba esto en un plenario que tuvimos del espacio organizando un voluntariado para continuar esta necesaria solidaridad activa que hay que tener hoy y que la política tiene que trabajar al rededor de estos temas, una imagen que me quedó grabada. Cada entrevista que hacíamos duraba a veces hasta 15 minutos, porque había que escuchar el llanto. Hay familias a las que nadie les pone el oído, que nadie los escucha, y las historias que hay detrás de esas familias. A veces están estas hipocresías de que «no quieren laburar», «quieren estar así», hay historias de remarla y querer buscarse un futuro y de querer abrirse posibilidades, superando situaciones, contextos.
Una de las preguntas que le hacía a esta mamá, una mamá que no llegaba a los 30 años, con su nene de no más de 8 años que estaba agarrado a la pierna de ella cuando hablábamos. En un momento le pregunto con mucho respeto, si había pasado alguna vez, incluso alguno de los menores del hogar, un día sin comer, y ella por supuesto con una carga de vergüenza me dijo que no, y el nene la tira del pantalón y dice «Si, mamá».»
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