El capitán argentino destacó la mentalidad competitiva de un plantel nacido en los clubes de barrio, asimiló la presión con naturalidad y elogió a la joven estrella del Barcelona antes del gran duelo en Nueva Jersey.

A horas del partido más esperado del año, la Selección argentina ultima detalles para lo que podría ser un bicampeonato histórico. En un evento de prensa atípico y rodeado de un despliegue de estrellas, Lionel Messi se sentó junto a Lionel Scaloni y Emiliano «Dibu» Martínez para bajarle los decibeles a la expectativa y reflexionar sobre la identidad de un plantel que, antes de las luces de los grandes estadios norteamericanos, se moldeó en el barro de los clubes de barrio. Con la templanza que le dan los años, el capitán dejó en claro que la Scaloneta está lista para competir, pero sin perder de vista la esencia del juego.

La antesala del choque en el MetLife de Nueva Jersey tuvo un color cinematográfico: los protagonistas debieron trasladarse en helicóptero hasta Nueva York para cumplir con los compromisos mediáticos, en una jornada que sumó preguntas de leyendas de otros deportes como el tenista Novak Djokovic y el basquetbolista Kevin Durant. Al ser consultado por el serbio sobre cómo conviven con la presión de una final del mundo, Messi fue contundente al señalar que el grupo asimila la exigencia como «algo natural» porque el origen de todos está en el fútbol de las calles. «Crecimos jugando al fútbol con mucha pasión y ganas de jugar; por eso nunca pensamos en la presión», argumentó el rosarino.

Lejos de cualquier discurso triunfalista, el astro del Inter Miami dejó una definición con fuerte contenido pedagógico y humano sobre el triunfo y la derrota. A pesar de comandar un grupo ultra competitivo al que «le gusta ganar», el diez advirtió sobre las realidades de la alta competencia: «Es un deporte colectivo en el que el rival también juega y no siempre se puede ganar». En sintonía con el proceso de maduración que transitó a lo largo de su carrera, Messi confesó que desde chico fue «aprendiendo y entendiendo que se pierde más de lo que se gana», un concepto que definió como una herramienta fundamental para crecer tanto en lo personal como en lo futbolístico.

El momento más distendido de la noche llegó cuando el capitán argentino se refirió a Lamine Yamal, la joya de la selección española y del Barcelona, club por el que Messi reafirmó su amor incondicional. Tras catalogarlo como un «grandísimo jugador» y uno de los mejores del planeta en la actualidad, se tomó unos segundos para recordar la viralizada fotografía benéfica de hace casi veinte años en la que se lo ve bañando a un Yamal bebé: «Esa foto es una locura, pensar que ahora vamos a coincidir en una final mundialista». Sin embargo, el rosarino cerró entre risas marcando la cancha de cara al domingo: «Tiene una gran oportunidad de conseguir algo histórico, pero intentaremos dar el máximo para que no sea esta vez».

Fuente: Tiempo Argentino

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