La tribuna canta por Malvinas, por el Diego y por Leo, pero los argentinos se están olvidando de algo: antes de la «Mano de Dios», existió la pierna zurda de Elba Selva. En la previa de la semifinal contra Inglaterra, reivindicamos a Las Pioneras: las que nos enseñaron a vencer al rival de siempre como nadie lo hizo.
Por Brenda Panizza / La Diez
El aire en el ambiente se corta con cuchillo. La semifinal del Mundial 2026 de la Selección Argentina de Lionel Messi y compañía frente a Inglaterra no es un partido más, es un choque de placas tectónicas donde conviven la historia, la política y la pasión. En las calles, en los banderazos y en cada rincón de los estadios dónde juega la «Scaloneta», los hinchas entonan con fuerza: “Por Malvinas, por el Diego y por la última de Leo…”.
Esa canción es más que un «tema de cancha», es una declaración de principios, un inventario de nuestro orgullo y de nuestras heridas. Pero en ese conteo de razones para querer vencer a Inglaterra, está faltando un gran detalle.
Letra completa. “Por Malvinas, por el Diego”
Soy hincha de la Selección
La aliento con el corazón
Ganamos la tercera con Lionel
Queremos ser campeones otra vez
Y 32 años después
La Scaloneta va a vengar
La Copa que le robaron al diez
La que no nos dejaron levantar
Quiero ver la…— Ochoita (@OchoitaSoy) July 8, 2026
Hay una deuda que la memoria del fútbol argentino todavía no saldó en sus cantos de tribuna. Porque si de mística, de ganarle a los ingleses y de hazañas contra todo pronóstico se trata, hay un grupo de mujeres que debería estar, por derecho propio, en esa misma estrofa.
Antes de Maradona, Elba Selva
La narrativa oficial suele olvidar que la primera gran épica argentina ante Inglaterra no ocurrió en 1986, sino quince años antes, un 21 de agosto de 1971. En el mítico Estadio Azteca, diecisiete mujeres argentinas —las olvidadas por la historia oficial, las ninguneadas por la AFA de entonces— saltaron al campo para disputar un Mundial femenino (no avalado por la FIFA).
Viajaron sin botines, sin presupuesto, vendiendo rifas para pagarse el pasaje y sin cuerpo técnico. Eran, en todo el sentido de la palabra, invisibles. Pero al sonar el silbato frente a Inglaterra, la invisibilidad se transformó en rebeldía. Argentina se impuso por un contundente 4-1, con una actuación magistral de Elba Selva, quien marcó los cuatro goles del encuentro.
Fue un cachetazo deportivo al orgullo británico, una muestra de carácter que anticipó, con una década y media de antelación, la prepotencia de juego que después definiría nuestra identidad futbolera ante ese mismo adversario.
Al regresar al país, no hubo caravanas ni portadas de diarios. La sociedad de la época, lejos de celebrar la hazaña, las condenó al ostracismo y el fútbol femenino volvió a quedar sepultado bajo el peso del prejuicio.
Hoy, mientras el fútbol femenino vive un tiempo de profesionalización y mayor visibilidad, vale recordar que la lucha actual es la continuación de aquel grito en el Azteca. Cada contrato firmado, cada estadio lleno y cada derecho conquistado por las jugadoras de hoy, es el eco de aquel 4-1 de Las Pioneras.
La estrofa pendiente
Cuando el árbitro dé el pitazo inicial en esta semifinal de 2026, la Selección Argentina no solo jugará por la gloria o por el legado de Messi y Maradona. También jugará por ellas. Ganarle a Inglaterra por Elba Selva, por Marta Soler, por Betty García, por Angélica Cardozo y por cada una de aquellas diecisiete pioneras que, en silencio, nos enseñaron cómo se vence a los ingleses.
La próxima vez que alientes a la Selección, recordalo: nos falta una estrofa. Este partido, esta semifinal y esta pasión también se juegan por Las Pioneras. Porque el fútbol, cuando es grande, es una sola historia, y la de ellas es la base sobre la que hoy celebramos nuestra identidad.

Comenta sobre esta publicación