En su columna política el periodista Gustavo Carlos Castro desteje el complejo entramado entre sesgos políticos, intereses de clase, círculos sociales, privilegios de la oligarquía judicial, pertenecer al exclusivo círculo de la familia judicial los hace necesariamente responder a intereses de su propia clase social. La forma de las designaciones de jueces y fiscales enmarcados en acuerdos políticos desde raíz tienen sesgos ideológicos claros. Según el periodista no existe chance alguna de que en la causa Vialidad la vicepresidenta tenga un juicio justo.

“La causa Vialidad y porque no digo Cristina y el fiscal Luciani, porque es todo eso una cosa va de la mano de la otra. Más allá de la sucesión de hechos políticos incluido el alegato del fiscal Luciani, hay algo que me parece sumamente preocupante en términos estructurales que van más allá de la propia figura de la vicepresidenta o del nuevo fiscal estrella y es la imposibilidad clara y contundente de que exista algo parecido a un juicio propio de un estado de derecho o a los presupuestos más básicos de un estado de derecho”.

“Para que se entienda bien, ya no hay chance de que Cristina Fernández de Kirchner tenga un juicio justo, no la hay, esa posibilidad ha sido descartada. Por lo cual es doblemente grave, no solo para la acusada en este caso sino para todos nosotros para la sociedad”.

“Supongamos que creemos que efectivamente hubo episodios de corrupción y que la ex presidenta estaba efectivamente a cargo de esos hechos de corrupción. El problema es que nunca sabremos si existieron porque han sido tan degradado este proceso judicial, la cancha está tan inclinada que cualquier resultado más allá de sus efectos concretos no hay chance de saber lo ocurrido, y más allá de la presunción de inocencia que favorece en este caso a Cristina, aún si nosotros sospecharamos de que la ex presidenta incurrió en hechos de corrupción no lo sabremos a ciencia cierta porque no se alcanzan a cumplir con las mínimas condiciones de un juicio justo en un estado de derecho de una república”.

“Podríamos decir: “la justicia es política” ¿Qué novedad? Es como cuando te dicen que el fútbol es un negocio. La construcción del poder judicial en una república es un acto eminentemente político , la designación de fiscales y jueces exige acuerdos políticos, recordemos como es el proceso, se abren las vacantes para un juzgado los postulantes tienen que pasar por el filtro del Concejo de la Magistratura que más allá de la capacidad de los postulantes hay toda una rosca política corporativa donde participan los partidos políticos con participación legislativa los colegios de abogados , se eleva una terna y el presidente elige cuál de los tres manda el pliego y después para que ese abogado sea fiscal o juez necesita acuerdo el Senado es decir que más político que eso no se me ocurre”.

“Cuando se habla de independencia del poder judicial, hay que inscribirlo en este contexto de realidad. Graciana Peñafort la reconocida abogada cuando dio una charla en Santa Fe se le preguntó sobre que hablar de independencia del poder judicial no era ingenuo porque en realidad la justicia era un territorio en disputa y la abogada planteaba un ejemplo que me parece sumamente gráfico y necesario para este caso”.

“Graciana Peñafort decía que en una familia una madre con varios hijos siempre tiene un preferido ahora que de tres hijos tenga uno que sea su preferido no significa que los otros dos se queden sin el plato de comida en la mesa, es decir todos comen más allá de las preferencias de la madre por uno de sus hijos. Se entiende que jueces y fiscales tengan un sesgo, ya sea por intereses, por ideologías, por compartir círculos sociales, comprobado en este caso con la liga de fútbol en la quinta Los Abrojos de Mauricio Macri. Uno entiende que las autoridades judiciales tengan alguna inclinación a favor o en contra de acuerdo a su formación o intereses pero no te pueden dejar sin un plato de comida, es decir no pueden forzar con la cantidad notable de irregularidades que ha habido en este caso, forzar una condena a la dirigente política más importante del país, con esto sucumbe el estado de derecho pues no hay posibilidad de juicio justo”.

“Si la justicia funcionaría fantástico para nosotros los ciudadanos de a pie uno diría che que grave, ahora yo tengo un juicio se resuelve en dos patadas, la justicia no falla es rápida, eficiente y ágil  el problema que tampoco lo es. Al contrario cada vez que alguien tiene la pésima vez de tener que pasar por una causa judicial se da cuenta que está completamente a la discrecionalidad de jueces y fiscales a sus tiempos y a sus valoraciones es casi como arrojar una moneda al aire puede salir cara o seca por una cuestión de azar porque no hay ningún tipo de garantías que se respete el debido proceso en cualquiera de los casos y si a  eso le agregas privilegios propios de la oligarquía como por ejemplo el no pagar impuestos a las ganancias. Hace que la distancia, la lejanía de la ciudadanía con uno de los poderes de la república sea enorme y esa distancia también es política, también es una construcción política. Esto deberá resolverse sino el resultado será dramático”.

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