Al revés del discurso oficial, el poder de compra no repunta, cae. La crisis afecta tanto al mercado de inmuebles como a productos básicos como carnes y lácteos.

Por Mara Pedrazzoli / Página 12


El deterioro del consumo se profundizó y es generalizado, prolongando la tendencia contractiva iniciada en 2025. Un relevamiento que refleja el pulso del poder de compra en Argentina mostró que apenas uno de cada cuatro indicadores presenta una evolución favorable, mientras que los tres restantes registran caídas o estancamiento. El estudio releva desde productos básicos como carnes y leche hasta los viajes, las actividades recreativas y las escrituras inmobiliarias en la Ciudad de Buenos Aires. El diagnóstico es contundente: el consumo está deprimido y contrasta fuertemente con el discurso oficial. Para el presidente Milei su gestión bate todos los récords.

Las causas del retroceso son evidentes: los salarios reales no crecen pese a la desaceleración de la inflación, mientras los precios de rubros esenciales —como tarifas, alquileres, transporte y combustibles— continúan en aumento. El Gobierno impuso un tope a las paritarias y, a la par, el mercado laboral está cada vez más precarizado, lo cual dificulta la recuperación de los ingresos. El crédito también se frenó en un contexto de fuerte crecimiento de la morosidad.

El oficialismo contra la realidad

El relato del Gobierno, sin embargo, transita por un carril distinto. “Si yo miro, el consumo está en máximo histórico”, afirmó el presidente Javier Milei en sus recientes entrevistas con Luis Majul, por LN+, y Esteban Trebucq, en el streaming La Casa. “Si yo miro, el PIB está en máximo histórico”, insistió. Declaraciones curiosas porque describen un escenario de prosperidad que contrasta con el deterioro del clima social. Mientras el titular del Ejecutivo reivindica el rumbo económico, las últimas encuestas muestran un aumento del descontento y una creciente desaprobación de su gestión.

Los marcadores económicos que analizó la consultora Vectorial tampoco reflejan un consumo en plena expansión. El equipo, dirigido por especialistas como Eduardo Hecker y Haroldo Montagú, procesó 52 indicadores de consumo o vinculados al consumo extraídos de fuentes públicas y privadas. El hallazgo: apenas la cuarta parte de ellos muestran variaciones positivas, en promedio, desde fines del 2025. Los tres cuartos restantes muestran caídas o estancamiento.

Hace un año, el panorama era más equilibrado: la mitad mostraba caídas y la otra mitad mejoras. En cambio, a comienzos de 2025, más del 75 por ciento exhibía una evolución positiva. Esta reversión confirma el progresivo deterioro de la demanda interna.

El relevamiento es amplio y comprende consumo de alimentos básicos, ventas en supermercados y autoservicios, perfumerías y farmacias, bienes semidurables (como indumentaria, calzado y juguetes), bienes durables (electrodomésticos, computadoras, celulares y vehículos), actividad inmobiliaria, despachos de cemento, además de recreación, gastronomía y turismo. En conjunto, ofrecen una radiografía completa del gasto en el mercado interno.

La trampa de los promedios

Las afirmaciones del presidente Milei se basan en las estadísticas de Cuentas Nacionales que elabora trimestralmente el Indec. Allí la tendencia del consumo privado sigue siendo positiva, si bien se encuentra en clara desaceleración. El mismo subió 2,7 por ciento interanual en términos reales en el primer trimestre de 2026 versus una expansión del 11,5 por ciento en igual período de 2025.

Igualmente, según Vectorial, no existe una contradicción entre un consumo privado agregado que continúa creciendo y un consumo masivo que permanece deprimido. “Es que el consumo de Cuentas Nacionales mide desde autos importados hasta litros de leche, pasando por el peso de las tarifas y el aumento de las importaciones de bienes finales (que son las únicas que crecen), entonces es poco conclusivo lo que puede extraerse de allí en términos de qué está ocurriendo con la compra de bienes básicos”, sostiene Montagú.

El consumo privado de las Cuentas Nacionales no aporta ninguna noción de cómo se distribuye ese consumo y puede conducir a conclusiones equivocadas. Si crece mucho el turismo, por ejemplo, o la venta de autos de lujo, el consumo privado dará más alto, pero no refiere a cómo se distribuye ese consumo al interior de la sociedad. Es un caso análogo a suponer que el PIB per cápita es representativo de la distribución del ingreso nacional, compara el estudio.

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