El ministro dejó algunos anuncios para los empresarios reunidos en la UIA, entre ellos la suspensión de los embargos de ARCA hasta marzo, el pago de deudas aduaneras y la promesa de eliminar el impuesto al sello. “No nos comamos el cuento”, dijo sobre la gente que no llega a fin de mes.
Con un discurso lleno de promesas a largo plazo, el ministro de Economía, Luis Caputo, negó que el gobierno esté pensando devaluar, admitió que el oficialismo está atravesando un momento de “incertidumbre electoral” y llamó a “no volver al populismo”. Además pidió “no comerse el cuento” de que las familias no llegan a fin de mes y anunció que nuevamente el Estado condonará parte de la deuda de privados golpeados por la crisis.
“Decían que el 80 por ciento de la gente no llega a fin de mes. Si ocurría eso, Milei se iba. Así que no nos comamos el cuento”, lanzó el titular del Palacio de Hacienda durante su discurso en la 32° Conferencia anual de la Unión Industrial Argentina (UIA).
Frente a los popes de ese sector, Caputo hizo una dudosa lectura de la realidad económica en la que negó que el modelo estuviera en crisis y lanzó una serie de promesas para cerrar sus fisuras. Eso sí, con demasiado margen para cumplirlas.
Prometió que “las exportaciones (industriales) van a crecer 200 por ciento en cinco años”, aseguró que se eliminará el impuesto a los Ingresos Brutos pero no especificó cuándo y prometió que el mentado RIGI “va a generar un flujo de inversión fenomenal” pero “en los próximos años” y para “que lo aprovechen otros presidentes”.
Promesas y anuncios
Los vaticinios que hizo durante casi una hora de discurso no fueron celebrados por la platea de acólitos, gobernadores y empresarios de la industria, que es uno de los sectores más golpeados por las políticas de apertura económica y dólar bajo del gobierno de Javier Milei.
El único momento en que Caputo fue aplaudido fue cuando prometió bajar impuestos y condonar deudas. Primero anunció que el Gobierno “va a suspender los embargos de ARCA hasta marzo del año próximo” a las empresas que los tengan, y extendió un plan de cuotas de deuda hasta el 31 de octubre del año próximo.
Luego adelantó que se “cancelarán deudas aduaneras al 100 por ciento” y confirmó que se avanzará hacia “la eliminación del impuesto a los sellos” con una condición para los gobernadores.
“Desde el Estado le vamos a pagar la mitad del impuesto pero si las provincias lo eliminan. Vamos a hacer ese esfuerzo”, dijo, confirmando que el Gobierno se hará cargo de parte de la deuda de las empresas con el Estado. Inmediatamente se oyeron palmas.
Los cuatro anuncios de Caputo fueron, en parte, una respuesta a las demandas que minutos había hecho el presidente de ese encuentro y tesorero de la UIA, Silvio Zurzolo. En su discurso, el empresario se había quejado de que “la pesada mochila de impuestos, altos costos de logística y litigiosidad laboral” que golpean al sector.
Caputo, deuda y morosidad
El ministro de Economía se hizo eco de ese reclamo y, como de costumbre, le echó la culpa “al populismo” y “al kirchnerismo” que, en su opinión, “la gran mayoría de la sociedad no quiere que vuelva”.
Dijo eso tres veces en los primeros cuatro minutos del discurso. Y para reforzar el intento de credibilidad, le endilgó a los gobiernos anteriores la responsabilidad por la crisis que generó esta administración.
“Aplaudimos un default, nos jactábamos de cagar al mundo entero. Y eso no es gratis sino lo más caro de todo. De ahí es muy difícil salir”, recordó haciendo alusión a un hecho ocurrido hace 25 años, cuando estalló el gobierno neoliberal de la Alianza.
También hizo una singular interpretación de la crisis que atraviesan miles de familias endeudadas. En rigor, intentó relativizar una vez más el problema del aumento de la moratoria. “La gente tomó créditos pensando que la inflación se iba a disparar y que eso les iba a licuar el préstamo. Y pasó lo contrario. La inflación bajó mucho más fuerte de lo que se esperaba y esos créditos se hicieron difíciles o imposibles de pagar. Entonces subió la mora”, interpretó.
“Sobran dólares”
Luego, hubo promesas imprecisas. Dijo que “las exportaciones van a crecer 200 por ciento en los próximos 5 años” y aseguró que ello garantizará una cadena de confianza: “Hoy hay dólares, mañana van a haber más dólares, pasado más, el año que viene muchos más y dentro de seis años muchísimos más”, enfatizó.
También aseguró que en la actualidad “hay exportaciones más que suficientes pare cualquier proceso de dolarización” y con ello rechazó la posibilidad de una devaluación. “Sobran dólares para que el Banco Central pueda recapitalizar su balance”, definió y calificó de “discusión zonza” al debate sobre “si el tipo de cambio tiene que estar 5 por ciento más arriba”. Salir de las bandas de flotación sería “empobrecer a los asalariados”, añadió.
Pero tal vez el tramo más sincero de su discurso fue cuando admitió que la administración de Milei depende del crédito externo y que la mucha o poca riqueza que genere no será para la población sino para los organismos multilaterales: “La Argentina registrará cuatro años consecutivos de superávit fiscal para parar intereses de deuda”, reconoció.
La misma sinceridad utilizó para contar una anécdota que revela el pensamiento de los economistas liberales, de los cuales él se intentó despegar: “Cuando acepté el cargo me llamaron muchos economistas de derecha para decirme que haga explotar todo, que no había ninguna forma de arreglar el desastre heredado. Me decían ‘defaulteá todo: al Fondo Monetario, a los mercados. Hacé explotar todo y echale la culpa al gobierno anterior”.
Sin embargo, Caputo aclaró que no hizo uso de esa opción porque el plan de Javier Milei para reconvertir la economía lo convenció: “Si no hubiéramos tenido un Presidente con el coraje y convicción de Milei, nada hubiera sido posible”, dijo mostrando un cuadro que desplegó los índices favorables del modelo económico pero que ocultó los negativos, que son los más.
Fuente: Página 12

