La Selección Argentina empató 1-1 con Perú y logró clasificar así a su trecer Mundial consecutivo. La juvenil Mercedez Diz, que entró desde el banco, fue la autora del único tanto albiceleste. Un estadio de Lanús repleto acompañó durante los 90 minutos a un equipo que no paro nunca de buscar el resultado y el objetivo, que finalmente consiguió.
Texto: Ileana Manucci / Fotos: Guilermina Puigjane La Diez
Dos datos pueden graficar el gran momento de las selecciones nacionales de fútbol femenino: que sus tres categorías esten clasificadas a sus respectivos Mundiales por primera vez en la historia y que en la noche de este viernes 6 de junio unas 25 mil almas coparon el estadio de Lanús para alentar al equipo.
Y cuando decimos almas, decimos miles y miles de niñas, y niños también, con camisetas, banderas, con carteles para las jugadoras; colgadas del alambrado, gritando y cantando durante los 90 minutos. Además de la clasificación al Mundial de Brasil 2027, ese también es un gran triunfo: la Selección Argentina femenina jugando de local y abrazada por su público, por un público que cada vez se siente más convocado y representado por la celeste y blanca defendida por estas mujeres.
El empate, finalmente, es una picardía. Argentina fue muy superior a Perú, manejó la pelota, marcó los tiempos del partido; fue, probó, lo intentó todo hasta llegar, recién a los 75 minutos, al ansiado gol. Y, apenas cinco minutos después, un error en la salida le costó el empate. Una picardía.
Pero Portanova tendrá mucho para analizar de este equipo que jugó hoy. El entrenador debió reemplazar a la arquera titular, Solana Pereyra, por lesión, y a la capitana y referenta Aldana Cometti (acumulación de tarjetas amarillas), dos figuras claves y difíciles de cambiar. Pero el equipo estuvo a la altura.
Lara Esponda, la joven arquera de River, respondió bien en cada intervención, pero tuvo algo de responsabilidad en el gol. Otra picardía. En la defensa, donde Cometti es ama y señora, Sophia Braun tomó el mando y fue una pieza clave para salir desde el fondo, dar seguridad y hacer jugar el equipo. Uno de los puntos más altos de la noche del viernes.
La vuelta de Dalila Ippolito fue muy correcta. Todavía le falta rodaje para ser esa jugadora punzante y determinante que sabemos que es, pero jugó el partido casi completo con mucha entrega; peleando, recuperando y bajando a buscar cada pelota que pudo. Una esperada y necesaria vuelta.
El eje Bonsegundo – Holzheier fue nuevamente el corazón de la Selección. Corrieron todo, armaron, distribuyeron y tuvieron varias chances de marcar. Las más claras fueron un cabezazo que dio en el travesaño y un tiro en el palo de la entrerriana, en el primer tiempo. Dos jugadoras imprescindibles hoy.
Y Portanova acertó con el cambio que llevó a Marcedes Diz al campo de juego. La promesa de River, de apenas 17 años, entró con el arco entre ceja y ceja, y consiguió el objetivo: pase de Bonsegundo y un toque preciso que pegó en el palo y se metió para llenar de gol las miles de gargantas que coparon La Fortaleza.
Si el partido terminaba ahí la fiesta era total: Argentina se clasificaba al Mundial y mantenía la punta de la Liga de Naciones, a una fecha del cierre. El empate, que llegó pocos minutos después tras un error en la salida de Mili Martín y una floja intervención de Esponda, nos lleva al Mundial pero reduce las chances de campeonar la Liga. El otro puntero, Colombia, ganó su partido, y parece difícil que se le escape la cima final del torneo.
“Hoy con la sonrisa de clasificar, mañana con la bronca de que empatamos”, dijo en la arenga del cierre Cometti. Y eso es una muestra del hambre de gloria de esta Selección que hoy consiguió clasificar nuevamente a un Mundial pero que quería más. Y eso está muy bien. Un equipo que no se conforma, que quería darle a su público un triunfo y la posibilidad de gritar campeón.
El público se fue feliz igual, porque para todas esas pibitas que se enloquecían por llevarse una camiseta firmada por sus ídolas, no hay alegría más grande que ver a todas esas mujeres -las mujeres que ellas serán también- jugando en un estadio repleto, que cantó y alentó siempre, y volviendo a representar al país en una Copa del Mundo. Qué más se puede pedir. Este es el camino. Brasil, allá vamos.






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