Hasta ahora, solo Joel Soñora acordó su desvinculación, pero la dirigencia de Colón se topó con poca predisposición para avanzar en rescisiones.

Se vive días movidos en Colón en diferentes aspectos. La prioridad es resolver lo de Alberto Espínola y, a su vez resolver algunas salidas antes de que termine el año. Las conversaciones para acordar rescisiones de contrato se multiplicaron en las últimas semanas, pero por ahora nadie quiere ceder.

Hasta el momento, el único jugador que llegó a un entendimiento fue Joel Soñora, que ya se su desvinculó. El resto de los casos quedaron en pausa. Los dirigentes se toparon con una resistencia por parte de los futbolistas, que no ven bien rescindir antes de diciembre. La mayoría prefiere cumplir con el vínculo y asegurarse el cobro de los salarios, más allá de las intenciones del club de negociar compensaciones. Sobre todo, porque todavía quedan dos meses por delante sin actividad.

En ese marco, uno de los temas más avanzados es el de José Barreto, aunque el trámite todavía no hay firma. Un reflejo de cómo incluso los casos “encaminados” se vuelven lentos en un contexto donde cada peso cuenta.

En Colón nadie quiere ceder por ahora

El panorama complica los planes del club, que pretendía comenzar una reestructuración deportiva antes del cierre de año para darle margen de maniobra al cuerpo técnico de Ezequiel Medrán y la próxima conducción después de las elecciones del 30 de noviembre. La idea era liberar algunos contratos, ajustar la masa salarial y empezar a definir qué jugadores podrían continuar en 2026. Pero por ahora, todo quedó en stand by.

La dirigencia confiaba en que algunos futbolistas aceptarían una salida anticipada ante la falta de minutos o de consideración deportiva. Como el caso de Marcos Díaz, que hace meses está apartado, pero es uno de los más firmes y que no quiere saber nada. Claramente, un pase de factura. Sin embargo, los intentos no resultaron y la crisis también juega su papel, porque los ingresos bajarán al quedar el Sabalero sin competencia hasta febrero.

Así, Colón se encuentra frente a un escenario más complejo de lo previsto. A la necesidad de ordenar el plantel se le suma la obligación de cumplir con compromisos contractuales que, en varios casos, se extenderán hasta fin de año. Un equilibrio difícil de sostener en medio de una economía frágil y con la presión de planificar la próxima temporada.

Fuente: UNO Santa Fe

 

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