La Biblioteca Nacional hace 5 años atrás presentaba las “Cartas de la Dictadura”, una muestra que presenta más de dos mil textos con palabras que permitieron sobrevivir y dejar testimonio a sus protagonistas en tiempos complejos.
La exhibición reúne textos de hombres, mujeres y niños, de todas las ideologías y religiones, en libertad o en cautiverio, desde exilios internos o externos, resistentes, solidarios, alegres, reflexivos o desesperados. Palabras de ida y vuelta que permitieron sobrevivir y dejar testimonio a los protagonistas en tiempos difíciles. Al margen de esto, dialogamos con la escritoria y curadora de la muestra Laura Giussani.
“Hace 10 años, empezamos un proyecto que se llama Colección de Historias de la Dictadura, tenía como objetivo evitar que se perdiera cantidad de documentos históricos, sirven para el estudio de lo cotidiano en esa época, como se vivía, y como cada uno resistía a su modo, eran cartas que se movilizaban entre exiliados y presos, que eran muy esperada, una forma de comunicación impresionante para nosotros”.
“Decidimos empezar a recopilarlas dentro de un área de la biblioteca, que se llama ‘Archivos y Colecciones particulares’ en general eran de origen de escritores, periodistas, políticos muy reconocidos, a partir de esto hemos incorporado esta colección que escribe la forma de vivir a través de las cartas, personas que no necesariamente conocidas, es una manera de remarcar para las bibliotecas que el patrimonio cultural no está solo en las superestructuras hiperintelectuales, si no que todos formamos parte de la historia”.
Esta muestra incluye textos de más de veinte personas, dos mil cartas que exceden las seis mil hojas: un mosaico de géneros y edades, de todas las ideologías y religiones, hombres, mujeres y niños, en libertad o en cautiverio, desde exilios internos o externos, resistentes, solidarios, alegres, reflexivos o desesperados.
El objetivo de la exhibición es crear conciencia sobre la importancia de preservar aquellas cartas que permanecen desperdigadas en desvanes, pero que tomadas en conjunto, escriben las páginas de nuestra historia reciente.
“Para difundir esta coleccion se hizo una muestra, la cual soy curadora, que está itinerando por todo el país la cual sirve para dar un pantallazo y ver que sucede cuando colocamos todas las cartas juntas, ahí nos damos cuenta que hay un entramado social y termina siendo muy impactante”.
“Hasta ahora hay mas de 4.000 cartas y está siendo muy consultada por jueces e investigadores”.
¿Cuál fue el mecanismo para que estas cartas documento fueran exteriorizadas y recibidas por su destinatario?
“La colección tiene cartas de exiliados, no exiliados, en el caso de las presas/presos, dependía de las condiciones que había en cada cárcel, algunos eran presos legales, es decir, personas que no fueron sufrido violencia militar, donde entregaron cartas con mucha cautela explicando su situación actual”.
“Dando un ejemplo como la cárcel de Villa Devoto, ahí se podía escribir y recibir cartas, solamente que contenía un sello de ‘censurada’, que curiosamente eran las que podían pasar, esto implicaba que el sensor no lo había leído y continuamente eran enviadas y recibidas por la familia mediante correo, y visceversa”.
“En otros casos, como en la cárcel de Córdoba, allí había un régimen muy estricto, la cual se prohibía el envio de estas cartas, ni siquiera recibir visitas, sin embargo los exiliados idearon un sistema que se llama ‘las cartas clandestinas’ las cuales ellos utilizaban un hilo al pabellón de enfrente donde se hallaban los presos comunes, los cuales tenían el privilegio de enviar cartas y recibir visitas. El proceso consistía en pasar la carta en un hilo fino al pabellón contiguo, al recibir su visita, entregaba el mensaje, se lo escondía en su partes íntimas, las cuales eran escritas en papel higiénico con una letra muy diminuta, y terminaba saliendo al exterior y entregada a su destinatario”.
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