El entendimiento sobre el PJ local abre una etapa de negociaciones de cara a la disputa nacional. La presión de los intendentes para continuar en sus municipios y la pulseada por la sucesión provincial.

El entendimiento alcanzado entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof en suelo bonaerense puso de manifiesto una realidad: cuando el tiempo de la disputa se agota, los protagonistas irremediablemente bajan la guardia y negocian. El acuerdo de esta semana consagró en una distribución salomónica del poder. El gobernador seguirá al frente del PJ local y el diputado presidirá el Congreso partidario, tal como habían pautado a principios de año. Hay quienes aventuran que el pacto de Buenos Aires, finalmente, se replicará a nivel nacional cuando se achiquen los márgenes de la batalla fratricida. Por delante quedan, como mucho, seis meses y numerosos conflictos de fondo por resolver. En la Provincia, por ejemplo, siguen abiertos dos de complejo desenlace: la presión de los intendentes para eliminar el límite a las reelecciones y la pelea por la sucesión de Kicillof.

La convivencia posible

El orden del PJ bonaerense dejó a casi todos los sectores conformes. El reparto de cargos partidarios fue consensuado en paz y cada uno preservó el lugar que se había acordado previamente. La conversación privada entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof en La Plata marcó el deshielo de una relación que se fue rompiendo progresivamente en los últimos siete años. El acercamiento del martes en la Gobernación estuvo precedido por las cumbres peronistas de agosto y octubre, organizadas por Germán Martínez y José Mayans. El diagnóstico en común fue que, al menos por un rato, se dejaron de lado las broncas acumuladas y se avanzó positivamente en la gestión. “Mostramos la vocación de convivencia, más allá de cualquier diferencia”, celebró Kicillof.

Desde el cristinismo también destacaron que fue posible llegar a un acuerdo sin renunciar a las aspiraciones de cada uno. Una especie de tregua sin rendiciones. Además, se dejó constancia de que el reclamo por la libertad de Cristina Kirchner es prioridad para el partido, junto con el deterioro económico y social producto del ajuste libertario. La discusión estructural, sin embargo, permanece intacta. La expresidenta exige recuperar sus derechos políticos para poder competir o, en última instancia, negociar el armado desde San José 1111. Kicillof, por el contrario, quiere disputar la conducción en las urnas para evitar cualquier tipo de condicionamientos. Habrá que ver si en este ring, en el de los pesos pesados, también se ponen en pausa los reproches cruzados y se da lugar a un funcionamiento común.

El poder del territorio

La controversia que altera por estos días al justicialismo bonaerense es la de las reelecciones indefinidas. La ley 14.836, sancionada en 2016 durante la gobernación de María Eugenia Vidal, con el impulso del Frente Renovador de Sergio Massa, limitó a dos los mandatos consecutivos de intendentes. La aplicación de esa norma deja hoy fuera de competencia a alrededor de 80 jefes comunales en 2027. Más de 50 son peronistas y muchos de ellos sostienen el armado territorial de Kicillof. La promesa del gobernador fue que trabajará para revertir esa situación. “Una ley que limita el mandato de los intendentes es definitivamente proscriptiva”, sostuvo el ministro Carlos Bianco y destacó que en Estados Unidos los alcaldes tienen reelección ilimitada, al igual que en gran parte de los municipios europeos.

El proyecto de la senadora Ayelén Durán, que propone levantar el tope, aún no avanza en la Legislatura. En el massismo anticipan que no van a defender la reversión de la iniciativa que impulsaron en 2016, pero —por lo bajo— prometen no poner palos en la rueda. “No vamos a ser un obstáculo”, dicen. La aclaración llegó después de que el intendente de Ensenada, Mario Secco, llamara “mamarracho” al líder del Frente Renovador y lo responsabilizara por quitarles poder a los jefes comunales. “¿Quién sos? ¿Dios?”, lo cuestionó.

Calculadora en mano, en la Gobernación aseguran que la reforma depende del apoyo de La Cámpora. “Son ellos los que tienen de rehenes a los intendentes”, repiten. El espacio conducido por Máximo Kirchner no le cierra la puerta a modificar la ley, pero tampoco entregará sus votos sin una negociación más amplia. Quiere que en el entendimiento estén incluidos el calendario electoral, el eventual desdoblamiento y las reglas para definir candidaturas. Es decir, encarar un debate de fondo sobre cómo se van a confeccionar las listas del año que viene.

En el oficialismo provincial confían en que lograrán reformar la norma, aunque todavía no cuentan con los votos necesarios. “A todos les conviene que salga. Incluidos el radicalismo y La Libertad Avanza. Ningún candidato a gobernador tiene potencia propia. Todos necesitan del peso territorial de los intendentes y de sus nombres en las boletas. Incluso Santilli, aunque diga lo contrario”, analizan en La Plata.

La discusión, sin embargo, encierra un problema mayor. Si la reforma naufraga, no solo se multiplicarán las disputas sucesorias en decenas de municipios, sino que más de un jefe comunal, impedido de buscar otro mandato, se verá seducido por la posibilidad de ir en busca del sillón de Dardo Rocha.

Pulseada por la sucesión

Impedido de buscar un tercer mandato y lanzado de lleno a la contienda nacional, Kicillof debe resolver a quién elige como sucesor en el distrito electoral más importante del país. La lista de nombres es extensa. En el Movimiento Derecho al Futuro, hay muchas figuras de peso: desde Julio Alak, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi hasta Fernando Espinoza. También suenan Carlos Bianco y Leonardo Nardini. “No, no hay un favorito”, aseguran en La Plata.

En el kirchnerismo se menciona a la quilmeña Mayra Mendoza y al senador Eduardo de Pedro. Como tercera posición y con una construcción propia, aparece Mariel Fernández y, en el Frente Renovador, algunos empujan a Sergio Massa. El tigrense, en principio, aspira al cargo más alto en la Casa Rosada.

En el tablero nacional, una salida consensuada entre el kirchnerismo, el kicillofismo y el massismo podría pasar por una distribución equilibrada del poder entre la Nación, la Provincia y el Congreso. Así, cada sector conservaría el control de alguno de esos espacios. Ese esquema, por ahora, parece lejano, aunque el calendario electoral aún no apremia. La otra salida del laberinto son las PASO. El tema formó parte de la conversación entre Máximo Kirchner y Kicillof, quienes coincidieron en que Milei no cuenta hoy con los votos necesarios para suspenderlas. A eso le apuestan. Diseñar una interna abierta o cerrar con un acuerdo de cúpulas, saben, alimentará el enfrentamiento. Como punto a favor, todos tienen en claro que no hay margen para una ruptura. Nadie quiere ser el responsable de permitir cuatro años más de Milei.

Fuente: Página 12

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *