Las reservas brutas perdieron más de U$S 1700 millones en un solo día. La dependencia de la cotización de los activos y los ajustes contables exponen la fragilidad de las arcas nacionales.

El cierre de enero dejó un sabor agridulce en los despachos del Banco Central. En la última jornada del mes, las reservas internacionales sufrieron una estrepitosa caída de U$S 1738 millones, perforando el piso de los U$S 45.000 millones para finalizar en 44.502 millones. Este derrumbe técnico fue impulsado principalmente por una baja del 9% en el precio internacional del oro, sumado a los movimientos estacionales de las entidades financieras que suelen revertirse al inicio de la semana siguiente.

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La volatilidad del metal precioso dejó al descubierto la exposición de los activos locales ante los vaivenes de los mercados externos. Si bien el gobierno de Javier Milei logró encadenar su vigésima rueda consecutiva de compras en el Mercado Libre de Cambios —sumando este viernes apenas U$S 23 millones—, el esfuerzo adquisitivo resultó insuficiente para compensar la desvalorización del stock de oro.

En términos acumulados, el primer mes del año muestra una gestión activa en el atesoramiento: el Central capturó U$S 1157 millones en enero, logrando un crecimiento mensual de los activos de U$S 3.337 millones. Sin embargo, el contraste entre el saldo positivo de las intervenciones diarias y la caída abrupta del total bruto al cierre del período genera interrogantes sobre la solidez real de las reservas frente a compromisos externos y shocks de precios.

Paralelamente, el mercado de bonos acompañó el programa de atesoramiento con subas generalizadas a lo largo del mes, a pesar de registrar bajas marginales en las últimas 48 horas. La estrategia oficial sigue apostando a la acumulación de divisas como ancla, pero el cierre de enero confirma que, en un esquema de reservas brutas altamente sensibles a activos volátiles, los números finales pueden ser esquivos a pesar del rigor en las compras diarias.

Fuente: Tiempo Argentino

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