El fenómeno del pobre de derecha no es patrimonio de nuestro país; son como las hormigas, diría el Diego; los cipayos y desclasados son como las hormigas, están en todos lados y a toda hora.
Instalar el odio de clases ha sido patrimonio de las clases dominantes en todas las culturas y desde tiempos inmemoriales. El odio de clase es un concepto histórico y social que básicamente es un conflicto permanente que se instala por el desigual reparto de los bienes y su finitud.

El multimillonario Warren Buffett dijo abiertamente que en la sociedad hay una guerra y que la estamos ganando nosotros, los ricos. La estrategia es bien conocida: no importa mucho cuánto te esfuerces, no podrás pertenecer a la clase dominante, pues solo podrás llegar a ser un buen perro que defiende al amo rico, obteniendo ciertos privilegios, pero siempre durmiendo afuera del palacio del amo.
En nuestra sociedad capitalista sectaria y gregaria, el lavado de cerebro producido ´por los grupos concentra dos del poder ha sido tan efectivo que no se ha necesitado ejercer violencia alguna. El argentino promedio, se siente más cómodo pensando que todo lo que tiene se lo ha ganado a fruto de su trabajo y de su esfuerzo sin ver el contexto, se siente tranquilo, pues sueña con pertenecer a una clase social a la que en general no tendrá acceso jamás, pero tiene mucho miedo de pertenecer a otra clase social que sí es más probable que lo logre pertenecer a pesar de su esfuerzo.

La clase asalariada media a media alta en términos de ingresos goza de ciertos privilegios que han sido la conquista del esfuerzo propio: una casa propia, una quinta con pileta para los fines de semana, una lancha, un automóvil o dos y ahorros en moneda “fuerte”, poder vacacionar dos veces al año y un alto nivel de consumo. Estos logros de la clase media y media alta en Argentina se han visto agredidos por un modelo económico que ha puesto en duda ese apotegma de “todo lo que tengo, lo tengo gracias a mi esfuerzo”, pues depende en qué sector de la economía se generen los ingresos del salario.

Los únicos sectores asalariados que aún conservan cierto grado de soltura económica han sido los sectores de la minería, energéticos y financieros bancarios; todos los demás han sido agredidos en mayor o menor medida, no han sido para nada favorecidos por el programa económico de Luis Toto Caputo y su runfla de trades, inversores o bicicleteros financieros.

Con un índice de inflación claramente dibujado por la actual gestión libertaria, no es el fiel reflejo del índice supermercado que tienen todos aquellos que realizan las compras. Las señales son evidentes: que todo era un dibujo, la renuncia de Marco Lavagna y las posteriores declaraciones de Caputo y Adorni son datos a tener en cuenta, que estos índices no dan cuenta de la situación real de una economía devastada, con pérdida del poder adquisitivo del salario, baja del consumo masivo que genera bajas en la producción y la pérdida de empleos, algo que no hace falta ser muy inteligente para lograr entender. Los empresarios nacionales no pueden hacer magia con un combo letal, enfriar la economía y abrir la importación de bienes terminados, algo que ni diez reformas laborales podrán generar más empleo formal registrado.
Un plan económico que depende del endeudamiento externo y la intervención del Tesoro de los Estados Unidos para que pueda funcionar habla a las claras de un catastrófico fracaso. Sumisión a un decadente imperio con entrega de la soberanía es la moneda que tiene para ofrecer Javier Gerardo Milei, que se oculta con fantochadas de canto y baile sobre el Titanic.
FM Chalet

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