Los comicios definirán la composición de la Knéset y las posibilidades de continuidad del primer ministro. Gadi Eisenkot aparece como una de las figuras opositoras, mientras la fragmentación partidaria y el voto árabe podrían ser determinantes.
Tras las elecciones celebradas el domingo en Brasil, la atención internacional se traslada a Israel, donde este martes se votará para definir la composición del Parlamento y el futuro del gobierno encabezado por Benjamin Netanyahu. Los comicios se desarrollan en un contexto político marcado por las consecuencias de los ataques del 7 de octubre de 2023 y el creciente cuestionamiento al liderazgo del actual primer ministro.
En este escenario, uno de los nombres que concentra la atención es el de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien aparece como una de las principales figuras con posibilidades de desplazar a Netanyahu. El dirigente, de 66 años, prometió trabajar para reunificar a la sociedad israelí después de un período de profundas divisiones políticas y de un marcado desplazamiento del gobierno hacia la derecha.
Cómo funciona el sistema electoral israelí
Israel cuenta con un Parlamento unicameral, conocido como Knéset, integrado por 120 diputados que son elegidos por períodos de cuatro años. La legislación establece que las elecciones deben ser “generales, nacionales, directas, igualitarias, secretas y proporcionales”.
Sin embargo, el mandato parlamentario puede finalizar antes de tiempo si se aprueba su disolución por mayoría simple, una situación que se ha repetido en distintas etapas de la historia política del país. En circunstancias excepcionales, la Knéset también puede extender su período de funcionamiento más allá de los cuatro años, siempre que la medida reúna el respaldo de al menos 80 legisladores.
El territorio israelí constituye una única circunscripción electoral. Cerca de 7,3 millones de ciudadanos están habilitados para votar en aproximadamente 12.000 centros, donde eligen entre las listas presentadas por los partidos políticos.
Para acceder a la representación parlamentaria, cada agrupación debe superar el umbral electoral del 3,25% de los votos válidos. De cara a estos comicios, la Comisión Electoral registró 38 listas, nueve más que las 29 que participaron en las elecciones de 2022.
La multiplicidad de candidaturas anticipa una Knéset fragmentada, en la que los partidos tradicionales, como el Likud, de derecha, y el Partido Laborista, de izquierda, deberán competir con otras fuerzas que representan posiciones diversas dentro del espectro ideológico.
Eisenkot, la figura que desafía al oficialismo
En medio de este escenario, Gadi Eisenkot aparece como una alternativa para quienes buscan poner fin al liderazgo de Netanyahu. El exjefe militar plantea la necesidad de superar las divisiones internas y recomponer la convivencia política y social en Israel.
Las perspectivas electorales del oficialismo también fueron analizadas por Eduardo Perel, exfutbolista y entrenador argentino radicado en Israel, quien describió el clima político durante una entrevista con Radio 750.
“Sin temor a equivocarme, creo que es el final de Netanyahu”, sostuvo Perel al referirse a las posibilidades del primer ministro de conservar el poder.
El entrevistado recordó que, en las últimas cuatro elecciones, el Likud obtuvo entre 28 y 32 escaños, mientras que los sondeos más recientes, según su análisis, le asignaban entre 18 y 21. Para Perel, esa caída refleja la pérdida de respaldo que enfrenta el partido gobernante.
Las divisiones dentro de la derecha israelí
Durante la entrevista, Perel señaló que el descontento con Netanyahu no se limita a los sectores opositores tradicionales, sino que también alcanza a parte del electorado de derecha, especialmente por la gestión posterior a los ataques del 7 de octubre de 2023.
“La derecha no está muy de acuerdo con lo que ha hecho Netanyahu, sobre todo del 7 de octubre para acá. A él lo apoyan los mismos de siempre, la ultraderecha”, afirmó.
En su descripción del panorama electoral, mencionó entre los sectores opositores a Yashar, vinculado al ex primer ministro Naftali Bennett, y a Los Demócratas, una fuerza asociada con la tradición política de la izquierda israelí.
Perel también reivindicó el papel histórico de ese espacio en la construcción del Estado de Israel. “Israel lo hizo la izquierda”, expresó. Y agregó: “Todo lo que tiene de bueno lo hizo la izquierda”.
Al evaluar las posibilidades de Eisenkot, el entrevistado estimó que la oposición podría reunir entre 56 y 57 escaños, una cifra que, según su interpretación, la dejaría cerca de los 61 votos necesarios para alcanzar una mayoría parlamentaria.
El voto árabe, una variable decisiva
Otro de los factores que podrían influir en el resultado es la participación de la población árabe israelí. Perel consideró que sus votos pueden resultar determinantes para la conformación de una mayoría capaz de desplazar al actual gobierno.
En ese sentido, cuestionó una iniciativa atribuida a Netanyahu durante la semana anterior a los comicios.
“Hay un detalle importante que va a definir la elección: la semana pasada Netanyahu mandó una carta al Consejo Superior para que los partidos árabes no participaran de la elección. Es una payasada. Pero lo hizo, no es ningún tonto, porque están en condiciones de votar 2 millones de árabes”, sostuvo.
El entrevistado planteó que ese electorado podría aportar los escaños que le faltarían a Eisenkot para reunir los apoyos necesarios para formar gobierno.
“Esos son los que le van a dar los cinco escaños a Eisenkot para poder formar gobierno”, afirmó.
Por último, Perel advirtió que el próximo Parlamento podría quedar dividido entre múltiples fuerzas políticas y que la conformación de alianzas será decisiva para determinar quién ocupará el cargo de primer ministro.
“Porque acá el partido más votado va a sacar, propios, 24 escaneos. Y va a poder armar con todos los centros. Y cualquier mezcla que armen va a ser mejor que esto”, concluyó.
Así, la elección israelí se presenta como una instancia clave para el futuro de Netanyahu, en un escenario en el que las disputas internas, la fragmentación partidaria y el peso del voto árabe podrían incidir en las negociaciones posteriores para formar una mayoría de gobierno.
Fuente: Sin Mordaza

