El diagnóstico de Fuerza Común se realizó en 26 barrios y 31 comedores y copas de leche. Participaron 90 voluntarios y se realizaron 426 encuestas sobre un universo de 1.720 raciones. El trabajo también relevó la situación laboral y las tareas de cuidado.

El espacio Fuerza Común presentó este martes los resultados del relevamiento “Santa Fe sin Hambre 2026”, un trabajo realizado durante los últimos meses en distintos barrios populares de la ciudad para conocer la situación alimentaria y social de las familias que concurren a comedores y copas de leche.

El diagnóstico fue construido a partir del trabajo de 90 voluntarios y voluntarias, que recorrieron 26 barrios y relevaron 31 espacios comunitarios. En total, se realizaron 426 encuestas que abarcaron un universo de 1.720 raciones.

El principal dato presentado durante la conferencia de prensa señala que el 50% de las familias consultadas no puede garantizar habitualmente un plato diario de comida. Desde Fuerza Común definieron esta situación como un cuadro de “inseguridad alimentaria severa”.

Pablo Landó, dirigente social e integrante del espacio, sostuvo que el objetivo del trabajo es que el diagnóstico se convierta en un punto de partida para discutir políticas públicas. “Esto es un límite”, afirmó, y planteó que la problemática debería ocupar un lugar prioritario en los análisis y las intervenciones destinadas a atender la situación social.

“Esta es una provincia que exporta comida, que exporta proteínas, que exporta alimentos al mundo. Tenemos a 50 kilómetros la cuenca lechera de Sunchales a Rafaela y tenemos pibes con los déficits nutricionales que estamos teniendo”, señaló Landó.

Los comedores, un espacio vital

El relevamiento también permitió conocer el vínculo de las familias con los espacios comunitarios. Según los datos presentados, siete de cada diez familias que concurren a los comedores y copas de leche lo hacen desde hace entre uno y tres años.

Además, la mitad de las familias consultadas señaló que, si no existiera el comedor o la copa de leche a la que asiste, no tendría garantizada una ración diaria de comida.

Para Landó, ese dato modificó la mirada inicial sobre el rol de estos espacios. “La práctica nos corrigió eso: son vitales. No es que sean necesarios, son vitales”, afirmó.

El dirigente advirtió además sobre las dificultades que atraviesan quienes sostienen diariamente los comedores y copas de leche. Según explicó, las personas que trabajan en esos espacios manifestaron estar en riesgo de no poder continuar con la tarea debido a la falta de recursos y de reconocimiento económico.

En ese sentido, Landó destacó que parte de quienes realizan esas tareas percibían ingresos a través del programa Potenciar Trabajo y sostuvo que la situación requiere una respuesta específica.

Trabajo: uno de cada cuatro hogares no tiene integrantes ocupados

El relevamiento también incorporó preguntas sobre la situación laboral de las familias. El 25% de los hogares encuestados declaró que ninguno de sus integrantes tiene trabajo.

Cuando la consulta se realizó sobre las personas individualmente, el 42% manifestó no tener empleo. Entre quienes sí trabajan, el 58% señaló que su actividad es de carácter temporal.

Landó sostuvo que estos datos permiten observar que la problemática alimentaria está vinculada con otras dimensiones de la vida cotidiana de las familias. “Lo que está quebrado es mucho más integral, en miles de familias de la ciudad”, afirmó.

El dirigente también planteó que las consecuencias de esta situación exceden a los barrios populares y alcanzan al conjunto de la ciudad. “Esto no es solo un problema del barrio popular, esto afecta al conjunto de la ciudad”, sostuvo.

La feminización de la pobreza y el trabajo comunitario

Otro de los ejes incorporados en esta edición del relevamiento fue la situación de las mujeres y las tareas de cuidado.

Según los datos presentados, el 50% de los hogares entrevistados tiene a una mujer como principal aportante de ingresos. Entre los hogares con menores sostenidos por mujeres, el 72% son monoparentales.

A su vez, el 75% de las mujeres consultadas manifestó hacerse cargo de casi todas o todas las tareas de cuidado, mientras que ese porcentaje se reduce aproximadamente a la mitad entre los varones.

Landó también señaló que las mujeres tienen una presencia mayoritaria tanto entre quienes concurren a los espacios comunitarios como entre quienes trabajan allí. Según el relevamiento, nueve de cada diez personas que sirven la comida en estos espacios son mujeres.

El dirigente vinculó estos datos con lo que definió como una “feminización de la pobreza” y destacó el reclamo de las trabajadoras comunitarias por un reconocimiento económico. “Está bien el corazón, está bien la solidaridad, está bien el amor, pero es un trabajo y debe ser remunerado”, afirmó.

En ese sentido, mencionó la presentación de un proyecto de Ley de Cocineras Comunitarias en la provincia y consideró que el reconocimiento de estas trabajadoras constituye uno de los temas pendientes.

“Los números tienen rostros, vidas e historias”

Landó destacó especialmente el trabajo de los 90 voluntarios que participaron del relevamiento durante dos meses. Consideró que esa participación constituye también una señal frente a un contexto social que, según su mirada, favorece el individualismo.

“En estos tiempos donde todos los días te dicen medio ‘sálvese quien pueda’ y se promueve el individualismo, pusieron la solidaridad por encima de esa indiferencia propagandizada”, afirmó.

El dirigente explicó además que el trabajo territorial requirió establecer un vínculo de confianza con las personas entrevistadas, debido a la sensibilidad de algunas de las preguntas realizadas.

“No es fácil preguntar si pasaste habitualmente un día sin comer, si le pasó a tus hijos”, sostuvo. Por eso, remarcó la necesidad de construir un vínculo empático con quienes concurren a los espacios comunitarios para obtener respuestas que permitan sostener el rigor del relevamiento.

Al referirse al impacto del trabajo realizado, Landó señaló que detrás de cada dato hay una situación concreta. “Nos volvimos cargados de muchas situaciones muy dolorosas, que es un poco lo que los números grafican: tienen rostros, tienen vidas, tienen historias atrás”, afirmó.

Un agravamiento respecto de años anteriores

Desde Fuerza Común también compararon los resultados con un relevamiento anterior. Landó aclaró que los indicadores no son completamente comparables porque en cada oportunidad se relevaron aspectos diferentes, pero sostuvo que el conjunto de los datos muestra un empeoramiento de la situación.

“El salto, la escalada de la gravedad de la situación en dos años es muy, pero muy marcada”, afirmó.

En ese marco, reclamó que los datos sean considerados al momento de diseñar políticas públicas y que las intervenciones contemplen las distintas dimensiones de la problemática social.

“Hay datos de salud, de alimentación, del tema laboral, de la vivienda. Hay una cantidad de indicadores que incluso, cuando se piensa en la política pública, hay que pensarla en términos de efectividad, no de tirar un recurso”, señaló.

Para Landó, el relevamiento busca aportar información para orientar esas intervenciones y volver a poner la situación alimentaria en el centro de la discusión. “Para nosotros el hambre es un límite”, sostuvo, y reclamó que a partir de ese diagnóstico se construya un “basta” que permita generar respuestas concretas.

Fuente: Sin Mordaza

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