Nicolás Cortez, médico y activista mendocino, se unió a la misión Doctors of Gaza para “visibilizar la crítica situación sanitaria que está viviendo”. Viajan desde Grecia los buques no interceptados por Israel.

Por: Ricardo Gotta / Tiempo Argentino

Isla de Ierapetra, al sudeste de Creta, Grecia. Una de las más próximas cruzando el Mediterráneo al sur, a Al Baida, en la costa libia. La treintena de embarcaciones sobrevivientes de la Flotilla Global Sumud, en cambio, van rumbo al Este. Algunos rayos de sol se cuelan, naranjas, entre las nubes del horizonte; el audio se mancha de ruido y se entrecorta. “Salimos el viernes, bien temprano a la madrugada. Dos días de navegación con la cautela y peligros del caso hacia Turquía. Allí seguiremos armando la travesía”, trasmitía Lautaro Rivara a Tiempo.

La idea basal de llegar a Gaza sigue en pie. A pesar de la violenta intervención del ejército israelí, hace diez días, frente a las costas griegas. Ya en medio del Mediterráneo, desde el barco Ramle, el marplatense Rivara enviaba un mensaje: “Lo prometido: volvemos a navegar. Próxima estación: Turquía. La siguiente: la Franja de Gaza. Por Palestina y contra todos los regímenes de inhumanidad”.

La Flotilla Global Sumud se reagrupa en Turquía, donde se suma una delegación sanitaria argentina

 

Puerto de Marmaris, Mar Egeo, Turquía, frente a las islas Rodas. Allí se alistaron un abigarrado grupo de embarcaciones a la espera de que llegue el contingente que partió de Grecia. Será un recibimiento conmovedor, mientras se proyecta un evento político multitudinario para las próximas horas.

Y les llega la noticia de la posible libertad de Thiago Ávila y Saif Abukeshek lo que agigantó el fervor.

Incluso antes de que eso sucediera, Nicolás Cortez, desde Marmaris, trasmitía su entusiasmo en una videollamada con Tiempo. «La moral es muy, muy alta». Mendocino de 31 años, médico egresado de la Universidad Nacional de Cuyo, trabaja en el Hospital Paroissien y el Centro de Salud de Potrerillos, en Mendoza. Fue candidato a intendente en Maipú en 2023, por el Partido Obrero. Forma parte de un grupo de profesionales que integra Doctors to Gaza, una misión específica dentro de la Flotilla. Se sumaron a Yacine Haffaf, un cirujano francés de 69 años y amplia experiencia, que conoce profundamente la realidad de Gaza: estuvo allí durante dos años en sendas misiones de MSF.

Relata Cortez: «Se va a realizar una asamblea general para decidir los próximos pasos. El espíritu es el de continuar la misión y llegar a Gaza, tratar de romper el bloqueo. Entendemos que las condiciones lo ameritan. Más allá de las pérdidas que sufrimos por el ataque israelí, se incorporaron nuevas embarcaciones. Tendremos una flotilla de unas 60/80. Vamos a presentar batalla hasta el final para que se siga hablando de Gaza, se siga denunciando un genocidio».

-¿Qué es Doctors to Gaza?

-Somos trabajadores de la salud. Armamos barcos médicos con ayuda humanitaria con el objetivo de llegar a Gaza, no solo para entregar medicación, sino también para tratar de atender la mayor cantidad de gente que podamos. Y visibilizar también la crítica situación sanitaria que está viviendo Gaza.

-¿Cómo surgió esta misión?

-Con el objetivo de poner el foco en la situación realmente crítica de los trabajadores de la salud. Lo pidieron ellos: enfrentan no solo amenazas y ataques israelíes sino también los bombardeos sobre los hospitales. Trabajan a destajo, no dan abasto por la cantidad de situaciones que deben atender. Imaginate a una población bombardeada que necesita curaciones, primeros auxilios. Y hoy no hay ningún hospital en Gaza que funcione plenamente, que tenga la necesaria ayuda humanitaria. Hay carpas sanitarias retenidas, así como no dejan ingresar la cantidad suficiente de alimentos para la población.

-¿Creen que, dados los antecedentes, van a poder llegar hasta Gaza?

-No depende completamente de nosotros. Está en Israel permitir o no el ingreso de la ayuda humanitaria. Cualquiera se da cuenta que por un simple barco, por mucha ayuda que lleve dentro, no va a dar respuesta a las necesidades inmensas que tiene toda la población en Gaza. Esta flotilla puede brindar también ser un golpe al bloqueo israelí y un apoyo moral a la población.

-¿Cómo fue tu decisión?

-Me enteré cuando Thiago Ávila intentó venir a la Argentina y luego, a través de las redes, llegué a la iniciativa de Doctors to Gaza. Ahí inicié un proceso de selección medio largo, a contratiempo, pero aquí estoy porque un genocidio es algo para denunciar, para intentar detener y porque la situación de Gaza no me es ajena. Hay fuerzas imperialistas que son las mismas que, por ejemplo, en mi provincia intentan imponer a Mekorot, la empresa que maneja el agua en Palestina. Y tenemos un comisario de Mendoza que está siendo entrenado por el mismo régimen israelí para reprimir las manifestaciones… Estas cosas no me son ajenas.

La Flotilla Global Sumud se reagrupa en Turquía, donde se suma una delegación sanitaria argentina
Nicolás Cortez, médico mendocino rumbo a Gaza.

Ezeiza, Buenos Aires, Argentina. Las diputadas Celeste Fierro (MST/Frente de Izquierda) y Mónica Schlotthauer (Izquierda Socialista/UIT-CI), el diputado provincial Pablo Giachello (PO/FI), Raúl Laguna Bosch (médico del CICOP), Ezequiel Peressini (IS/UIT-CI), Cristina Titi Agüero (MST). Integraron la Flotilla, cada uno en distintos barcos y fueron parte de los casi 200 activistas detenidos en pleno Mediterráneo por las fuerzas israelíes que los llevaron a Grecia, inutilizaron 22 navíos, expropiaron ayuda humanitaria y, el gran objetivo, secuestraron a Ávila y Abukeshek, luego apresados en territorio israelí. El resto, ya en Grecia, fue liberado en tanto consiguiera los medios para regresar a sus países. Denunciaron malos tratos, sumados a los de las fuerzas israelíes que produjeron lesiones más o menos importantes de varios de los apresados.

En distintos vuelos, los argentinos fueron llegando a Ezeiza. Sus declaraciones fueron en direcciones muy similares. Por caso, Schlotthauer: «Gracias a las movilizaciones en muchos países logramos ser liberadas y liberados tras el secuestro ilegal que sufrimos en aguas internacionales». Fierro instó a «no sacar ni un segundo los ojos de la flotilla, exigiendo la libertad de Thiago, de Saif y no dejar de hablar de Palestina». Giachello, por su parte, afirmó que «la liberación del pueblo palestino no va a venir de los gobiernos, no va a venir de los estados, sino de los pueblos movilizados de todo el mundo». «

Israel liberaría a los dos activistas que cazó en el Mediterráneo

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Ashkelon, al sur de Israel, centro de detención de Shikma. Hasta allí llevaron  al hispano-sueco de origen palestino Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Ávila, los dos activistas ambientales cazados durante la madrugada del 30 de abril por fuerzas de Israel, en una operación que el mundo calificó de ilegal. Mientras se multiplicaban los reclamos por su liberación, ellos decidieron una huelga de hambre que luego se convirtió en seca.

Diez días pasaron. A primera hora de este sábado, surgió la firme versión de que serían liberados y expulsados en estas horas. Ante el mutismo del gobierno de Benjamín Netanyahu, así lo dejó entrever la abogada de Abukeshek, Hadeel Abu Salih, de la ONG Adalah, el Centro Legal para los Derechos de las Minorías Árabes en Israel. Es más, en España, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, precisó que sería a través del paso de Taba, fronterizo con Egipto.

¿Por qué el gobierno israelí, que en un principio amenazó con aplicar la pena de muerte, al menos al de origen palestino, según se lo permite una reciente ley del parlamento, ahora los libera?

El escándalo de la detención y sus formas dio rápido la vuelta al mundo. Incluso hasta llegar a la Casa Blanca, que ya tiene bastantes líos con Tel Aviv. La huelga de hambre inmediata, paradójicamente, alimentó ese ánimo. Y la acción del gobierno español, el líder de la oposición europea a la guerra en Irán y otras maniobras de la alianza EE UU-Israel, hizo lo restante. Lo suficiente para que Tel Aviv haya tenido que “legalizar” la situación de ambos activistas. Por caso, fueron llevaros hasta el Tribunal de la ciudad de Ascalón que oficializó la detención, pero la limitó a seis días, aunque luego magistrados de Beer Sheva la prolongaran, rechazando la apelación presentada por la defensa. Los activistas nunca llegaron a ser imputados.

Israel les atribuye cinco delitos: ayuda al enemigo en tiempos de guerra, pertenencia a organización terrorista, prestación de servicios y transferencia de bienes a esa organización y contacto con agente extranjero. Ambos fueron encarcelados en aislamiento, en una celda fría y con la luz las 24 horas, según denunció la abogada. Incluso, el martes pasado falleció en Brasilia, Teresa Regina de Ávila e Silva, la madre del brasileño, con él estando en prisión.

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