El proceso, a cargo de especialistas del Museo Rosa Galisteo, arrancará por la estabilización del soporte/tela, es decir por los desgarros y deformaciones y por el bastidor. A continuación se abordará la capa pictórica con la consolidación, limpieza y reintegración de la pintura. Un dato a favor: el rostro del Brigadier, uno de los sectores más delicados, está intacto.
Casi todos los santafesinos saben quién fue Juan Arancio. Sus dibujos están tan integrados a la cultura popular litoraleña como el liso y la cumbia. Pero menos saben que este entrañable artista realizó un óleo donde retrató a otro personaje destacado, el Brigadier General Estanislao López.
El cuadro mide 1,70 por 1,30 metros y representa al prócer de cuerpo entero. Está ataviado con el uniforme de los Blandengues y el entorno es la ciudad de Santa Fe en la época colonial. Su relevancia tiene que ver con que no son muchos los retratos dedicados a este personaje histórico.

La obra, de acuerdo a un informe del Área de Conservación y Restauración del Museo Rosa Galisteo, presenta deterioros estructurales en el soporte y en la capa pictórica. Lo cual decidió a las autoridades del área a encarar un proceso de restauración y puesta en valor.
Es por eso que la Municipalidad y el Gobierno de la Provincia formalizaron un convenio a partir del cual la Municipalidad cede el retrato para que los restauradores del Rosa Galisteo lo intervengan y recuperen, para después exhibirlo en la Casa del Brigadier, ubicada en General López 2792.

Detalles del proceso
El Litoral entrevistó a la directora provincial de Museos, Laura D’Aloisio, para conocer detalles del proceso de restauración, que demandará alrededor de seis meses de trabajo por parte de los equipos especializados.
El primer problema que detectaron los especialistas está en la tela. El cuadro tiene desgarros y perforaciones, y el bastidor de madera también presenta deterioros. Eso genera una tensión irregular y provoca deformaciones en el soporte.

«Primero hay que estabilizar la tela y el bastidor», explicó D’Aloisio. En los sectores donde falta material habrá que reponerlo para recuperar la continuidad del soporte.
Recién entonces se podrá avanzar sobre la pintura. El siguiente paso será la consolidación de la capa pictórica, fijar los sectores que están debilitados para evitar nuevos desprendimientos. Al mismo tiempo se irá realizando la limpieza, retirando la suciedad superficial acumulada.

Después llegará el estucado, que permite nivelar las zonas donde se perdió pintura. Sobre esas superficies se hará la reintegración cromática, para recuperar los colores faltantes. El último paso será colocar una capa de protección.
Hay, de todos modos, un dato que juega a favor de los restauradores. Los deterioros no afectan las zonas más delicadas de la composición. El rostro del Brigadier, por ejemplo, está intacto. Los faltantes aparecen en otros sectores como el pavimento, parte del palenque, una zona de la bota y algunos sectores del cielo.

Esa particularidad simplifica la reintegración. «No es lo mismo tener que completar un rostro, una expresión o una mano que completar un pavimento o un poco de césped», señaló D’Aloisio. Aún así, las dimensiones del cuadro y el estado del soporte hablan de una tarea extensa y los seis meses previstos pueden no ser suficientes.
La obra manda
El equipo del Rosa Galisteo hizo un primer diagnóstico en el lugar donde estaba el cuadro. Sin embargo, el trabajo cambia cuando la pintura llega al taller. Allí comienzan las pruebas de limpieza, de solubilidad y de recuperación del soporte. Se revisa el estado de los hilos de la tela y cómo responden los materiales originales ante cada producto o procedimiento.

«Uno se imagina que va por un procedimiento y, a veces, no funciona y tenés que cambiar a otro», explicó D’Aloisio. Los restauradores trabajan con materiales específicos, estudiados y avalados, pero no existe una fórmula que pueda aplicarse de manera automática. «Cada obra es un mundo», resumió la directora provincial de Museos.
Una restauración a la vista
La primera etapa de restauración se hará en el taller del Rosa Galisteo. Allí se concentrarán las tareas más delicadas de estabilización, para las que se necesita equipamiento específico. Después, la intención es trasladar parte de los trabajos finales a la Casa del Brigadier y montar allí un espacio de restauración visible para el público.
La propuesta permitiría que quienes visiten el edificio puedan encontrarse con los restauradores trabajando sobre el retrato de Estanislao López. El objetivo es que, después del trabajo, el retrato vuelva a exhibirse en la Casa del Brigadier, con sus materiales estabilizados y su imagen recuperada.
Fuente: El Litoral
