A partir del nuevo material de la banda, Néstor Ramljak reflexiona sobre la herencia jamaiquina, la autoría compartida y una forma de construir masividad sin atajos, en defensa de una música que pide tiempo en una era de consumo acelerado. “Hoy nos debemos volver a incomodar un poco”,.

A pesar de vivir uno de los momentos de mayor convocatoria de su carrera, Nonpalidece elige no acelerar: en lugar de repetir una fórmula probada, la banda prefiere volver a escuchar sus canciones desde otro lugar, corriéndose de la lógica del hit y dando lugar a que el tiempo —y el silencio— también formen parte del mensaje.

Ese gesto toma forma en su nuevo trabajo, Hecho en Jamaica DUB, una expansión del proyecto original grabada junto a Tippy I, productor clave del reggae contemporáneo y referente del dub jamaiquino. Lejos de las remezclas pensadas en la postproducción infinita, el disco fue elaborado en vivo, manipulando el sonido en tiempo real y con el bajo y el pulso como centro.

El proyecto original del que deviene este nuevo álbum fue grabado en 2023 en la isla que vio nacer al género y marcó un punto de inflexión en la historia de la banda. No solo por la experiencia de registrar el disco en estudios locales, sino por el cruce directo con productores, técnicos y músicos formados en esa tradición, como Natiruts, Big Youth o Lutan Fyah.

“Es una isla que siempre tuvimos cerca. Tomamos la historia de su género y la decodificamos para cantar sobre las cosas que nos pasan a nosotros como país, como sociedad y como seres humanos”, asegura Néstor Ramljak a Página|12 desde su casa en Tigre.

TIPPY I , uno de los productores más influyentes de la escena reggae. Foto: @tippyigrade

– Pareciera que Hecho en Jamaica DUB no suena a “versiones alternativas”, sino más bien a canciones que se dejan intervenir.

Es que me interpeló todo ese viaje que propone el DUB, que va desde los ecos, el delay y una atmósfera envolvente que se presta a un viaje mental, contemplativo. Desde ese costado es un género muy amable para darle una vuelta a las canciones. Viene detrás con una tradición y un grupo de gente que está hace muchos años y tienen una reinterpretación súper interesante del género, como lo fueron en su momento Lee Perry, King Jammy o Mad Professor.

– Este nuevo disco parece abrirle otra escala a la banda.

Sin dudas. Queríamos darle internacionalidad al disco y a la banda para empezar con cierta conquista en festivales europeos. Es un subgénero que es muy consumido a nivel global y que no va por la misma vereda que el reggae tradicional.

– ¿Cómo lo recibieron en la Isla?

Re bien. Pasaron dos años de haber grabado Hecho en Jamaica y fuimos invitados a tocar en un evento organizado por el Departamento de Desarrollo Cultural Jamaiquino, celebrando el cumpleaños de Marley, que se hace todos los 6 de febrero en Kingston. Jamaica tiene el poder de la concreción: algo que empezó en una sobremesa nos llevó a llenar arenas importantes. Todo eso nos dio este encuentro con la isla, que siempre estuvo cerca.

– Todo cambia cuando el reconocimiento también llega desde el corazón de la cultura que los formó…

Estar ahí nos permitió ver la cocina de todo lo que nosotros veníamos leyendo, viendo en videos viejos cuando todo empezó. El tiempo nos terminó otorgando un lugar de respeto dentro de la escena reggae mundial. Venimos tocando hace 30 años ininterrumpidos y ese viaje nos permitió conectar quizás con lo más profundo de esta cultura que venimos recreando.

– El reggae hecho fuera de Jamaica suele cargar con el prejuicio de la copia. ¿Cómo se honra una tradición sin repetir ni convertirla en una postal?

No queda más que ser auténticos. No quedarse en la encerrona de los clichés y las imitaciones que tienen todos los géneros a la hora de componer o al momento de crear la estética de la banda. Hay que tener una propuesta anclada en algo real y sincero: las canciones.

Las métricas y el pulso

– Hoy los números y las métricas también cuentan una historia. ¿Qué te muestran sobre el lugar que ocupa el reggae en español?

Los números que ahora ofrecen las plataformas nos dieron la posibilidad de demostrar que el movimiento reggae en español es fuerte. Pasó algo muy loco con Hecho en Jamaica, porque muchas de las canciones aparecen entre las más escuchadas de los artistas jamaiquinos que colaboraron, que tienen una carrera sostenida y fuerte. Ellos pudieron experimentar en primera persona que somos algo serio y que nos instalamos con raíces claras.

– Esos mismos números conviven con una forma de escucha cada vez más acelerada, contrario a lo que propone el DUB, ¿cómo viven esa tensión?

Elegimos no subirnos a esa prisa que generan las plataformas ni a la manera de consumir música, aunque entendemos que es parte de la realidad. Ahí va a parar nuestra música sin dar explicaciones, sin tener que decirte “escuchá, tomate tu tiempo”. Si la querés escuchar rápido, escuchala rápido; si la querés escuchar más lento, hacelo. No me voy a poner yo a explicarle a la gente cómo tiene que vivir nuestra música ni mucho menos.

– Y a todo esto se le suma la lógica más actual de masividad rápida…

Ahí aparece algo contradictorio entre la búsqueda artística y el buscar estar pegado. Creo que no le hace bien a las expresiones artísticas que estén signadas en una búsqueda económica. Pero es cierto también que hay artistas de la nueva escuela que salieron de lugares muy humildes y lograron con un par de canciones cambiar su realidad económica. Así como el deporte en algún momento fue una salida para generaciones humildes, ahora muchos encaran proyectos artísticos con el afán de poder comprarle una casita a la madre.

– ¿Esa realidad forma parte del presente de la banda?

Para nosotros pensar la música de esa manera fue imposible. De hecho, después de 30 años no solo no me pude comprar una casa, sino que estoy lejísimo de poder hacerlo, ja.

– Pero sin embargo Nonpalidece está en momentos de enorme convocatoria…

Sí, y hay una convivencia sana entre lo que nos está pasando y lo que estamos empezando a proyectar. Ya vamos a cumplir 30 años de tocar sin parar dos veces por fin de semana. Y ni siquiera tuvimos un éxito repentino. No somos esas bandas que una canción los puso en el centro de una escena que los mareó. Tuvimos que curtir mucho under y no solo ser artistas, sino también aprender a hacer el engrudo para pegar los afiches. Un poco por necesidad y otro por nuestro interés de ser independientes.

– Si el reggae nació como una música profundamente política, ¿qué forma toma hoy esa política en un contexto tan particular como el argentino?

Es un género que vino a incomodar al status quo y al poder en Jamaica, a la violencia política que había en la isla. Como toda evolución de los géneros tuvo un momento de banalización y de repente el reggae es verano y palmeras y está todo bien. Como banda tenemos en cuenta el contexto argentino y creemos que el género tiene que volver a incomodar y no solamente tener canciones agradables. Como proyecto colectivo cultural tiene que asociarse con ser políticamente incorrectos.

Fuente: Página 12

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