Durante las primeras excavaciones se recuperaron dos elementos óseos humanos que serán analizados por especialistas.
La investigación judicial por la Masacre Indígena de San Antonio de Obligado de 1887 registró un avance significativo durante los primeros dos días de excavaciones, luego de que el equipo de trabajo recuperara dos elementos óseos humanos, según la terminología utilizada en antropología forense.
Los restos serán sometidos a estudios técnicos y científicos para determinar su origen, antigüedad y demás características que permitan establecer si guardan relación con los hechos investigados.
La abogada querellante, Cintia Chávez, sostuvo que el principal objetivo del proceso es reconstruir “la verdad” sobre la masacre ocurrida hace casi 140 años.
“La verdad debe surgir de la memoria oral de las comunidades indígenas, de la documentación histórica y del trabajo conjunto de disciplinas como la historia, la antropología y la antropología forense”, explicó.
Según Chávez, la articulación entre esas fuentes permitirá reunir las evidencias necesarias para acreditar judicialmente los hechos que las comunidades indígenas vienen denunciando desde hace décadas.
El hallazgo de los primeros restos humanos constituye un paso importante, aunque los investigadores aclararon que será necesario esperar los resultados de los análisis científicos para determinar si existe una vinculación con la masacre.
La investigación también permitió acceder a documentación conservada en el convento de San Lorenzo y en archivos de la antigua reducción de San Antonio.
Entre esos registros figura un acta redactada por el sacerdote Hermete Constanzi, en la que dejó asentado que las víctimas fueron atadas, fusiladas y enterradas cerca de la proveeduría de la reducción.
Además, la documentación permitió descartar una versión histórica que atribuía el origen del conflicto al asesinato del sacerdote por parte de indígenas. Por el contrario, fue el propio Constanzi quien denunció por escrito que la matanza había sido ejecutada por fuerzas del Ejército.
Cómo se desencadenó la masacre
Los telegramas militares incorporados a la causa permitieron reconstruir el origen del episodio.
De acuerdo con la querella, el conflicto comenzó cuando Rudecindo Roca solicitó desde otra misión que le enviaran “una chinita y unas mulas”. La niña indígena fue secuestrada por soldados y trasladada fuera de la reducción.
Cuando uno de los militares regresó sin la menor, los familiares reaccionaron contra él. Ese episodio derivó en la orden de ejecutar a los integrantes de la comunidad que permanecían pacíficamente en la reducción.
La masacre ocurrió el 11 de marzo de 1887 y, según los registros históricos, dejó al menos 14 víctimas identificadas, entre ellas una mujer y un niño. Sin embargo, los investigadores consideran que el número total de personas asesinadas pudo haber sido considerablemente mayor.
Desde la querella solicitaron que la difusión del caso se realice con respeto hacia las comunidades indígenas involucradas y hacia el proceso judicial que continúa en desarrollo.
Fuente: Sin Mordaza

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