Un diputado de Minas Gerais convirtió un canal de WhatsApp en un cuartel de diez millones de “soldados” y ayudó a dar vuelta la elección más cerrada de Brasil.

Dos días después de la derrota en primera vuelta, el canal de WhatsApp de André Janones (El mago de Planalto, cerebro de la campaña digital) pasó el millón de inscriptos. Fue el 6 de octubre. Ese mismo día, la comunicación del Partido Liberal reunió a un grupo de influencers de derecha con una consigna concreta: tirarlo abajo a fuerza de denuncias. Janones lo contó en sus redes con una frase corta, la de un general que avisa que el frente se movió: “Están tratando de derribar al Ejército de Lula”.

Diecinueve días después, ese canal tenía 10,8 millones de seguidores, Lula había sido reelecto con el 51,79% de los votos válidos y nadie en Brasilia podía decir con precisión qué había sido exactamente lo que acababa de pasar.

La primera vuelta había dejado a Lula en un lugar que no ocupaba desde que volvió al poder: segundo. Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente preso por intento de golpe, había sacado 56.104.503 votos, el 47,03%; Lula, 53.879.538, el 45,16%. Eran 2.224.965 votos de distancia. Las encuestas de la semana siguiente repetían el mensaje: Datafolha lo daba 52 a 48 para el senador libertario.

En ese clima, Janones hizo algo simple. Tenía un canal de WhatsApp que había abierto en abril y que apenas juntaba 50.000 inscriptos. Lo rebautizó “Ejército de Lula”, llamó “soldados” a quienes se sumaran y empezó a mandarles misiones.

Un canal, 10.8 millones de inscriptos y una tarea por día: lo que probó (y lo que no) el WhatsApp de Lula
Foto: Instagram  André Janones, el mago del Planalto

Janones es diputado federal por Minas Gerais, por el partido Rede. En 2022 había sido precandidato presidencial y se bajó en agosto para apoyar a Lula. Entiende algo que a muchos políticos les cuesta años: la gente no reenvía lo que le informan, sino lo que le piden que haga.

Sus mensajes eran audios, videos y links, y todos terminaban en una orden. Invitar a cuatro personas. Compartir un posteo. Armar un meme. Ir a un acto. Su muletilla, “Pessoal, urgente”, se volvió chiste en Instagram, y el chiste fue publicidad gratis. Una de sus convocatorias para sumar soldados juntó 176.000 reacciones y 1,9 millones de reenvíos. El 21 de octubre fijó una meta, superar los siete millones, y el canal ganó un millón y medio de inscriptos en una noche.

Cada intento de pararlo funcionó como un empujón. A pedido de la campaña de Flávio, el presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, suspendió el canal. Nunes Marques había llegado al Supremo en 2020 por designación de Jair Bolsonaro. Entre el 11 y el 14 de octubre el canal fue apagado, restablecido por otro ministro, apagado de nuevo hasta que la campaña de Lula lo registrara formalmente y finalmente reactivado.

Janones lo vivió como un regalo. “Cayó la decisión, cayó la censura”, dijo cuando el TSE lo devolvió al aire, y sumó que nadie calla la voz del pueblo cuando se une. El canal rondaba los 3,4 millones de seguidores en ese momento. Dos días después superaba los cuatro: según su propio relato, la suspensión le había traído un millón de inscriptos.

La campaña de Lula, que había pedido suspender también la “Tropa do Flávio”, pasó de acusada a víctima. La acusación era de falta de registro; el efecto fue de martirologio. El 21 de octubre circuló en el tribunal una minuta que bloquearía durante 48 horas antes de la votación a cualquier canal político de WhatsApp con más de 200.000 seguidores. Habría alcanzado a los dos bandos, pero el que se hubiera quedado sin voz era el que tenía diez millones. Horas después, Nunes Marques la descartó para esta elección. Otro ministro, Floriano de Azevedo Marques, frenó cualquier decisión que pudiera sacar el canal del aire, y el TSE aclaró que nunca había ordenado retirar ninguno.

Tres decisiones en diez días, tomadas por ministros distintos sobre una herramienta que ninguna norma había previsto. Cada una dejó la misma enseñanza: nadie sabía qué era ese canal ni quién tenía autoridad sobre él.

En la historia del Ejército de Lula hay un personaje que conviene mirar con atención, porque se parece poco a lo que la historia le atribuye. Lula es famoso por su aversión al teléfono. El 21 de octubre, en plena campaña, le regalaron un Samsung Galaxy S26 Ultra, y el gesto fue leído como una adhesión simbólica al canal de Janones. Al día siguiente, el hombre que pasó la vida hablando en asambleas y palcos entró por primera vez al canal para convocar a una “batalla” digital.

La live del 22, con artistas y con Janones al mando, juntó cerca de 1,2 millones de espectadores simultáneos en YouTube. Janones siguió publicando en WhatsApp durante la transmisión. “No paro ni en la live”, bromeó. El viernes 23, el canal cruzó los 10 millones y se ubicó como el segundo más grande del país, detrás de uno de figuritas para WhatsApp y por encima de Netflix Brasil. Lula llamó por teléfono a la transmisión de 24 horas y habló con humor militar: dijo que Trump estaba preocupado porque su ejército era mejor que el de él, fijó la meta de llegar a 13 millones de soldados y aseguró que en esa tropa “está prohibido prohibir” y la guerra se hace “a base de paz y amor”.

La frase suena a mayo del ’68. Lo que describe es otra cosa: una estructura jerárquica, con grados, misiones diarias y un jefe que da las órdenes en audios de treinta segundos. El discurso dice una cosa y el diseño, otra. Aun así, funcionó.

Sería exagerado decir que la izquierda arrasó. Un análisis de Mobile Time al cierre de la campaña mostró un mapa partido. Lula y Janones dominaban WhatsApp, X y Google. Flávio y, sobre todo, Nikolas Ferreira dominaban Instagram y TikTok. Nikolas tiene 24,9 millones de seguidores en Instagram, y un reel suyo dirigido al Nordeste llegó a 153 millones de reproducciones.

La derecha respondió tarde. El 6 de octubre, Nikolas lanzó la “Tropa do Flávio”, que llegó a unos 2,1 millones de inscriptos, cinco veces menos que el canal de Janones. Aos Fatos midió que, entre el 7 y el 13 de octubre, publicó más de dos mensajes falsos o engañosos por día. El otro canal también fue observado: el TSE ordenó analizar casos de desinformación, y Nunes Marques le pidió a Meta un informe sobre sus publicaciones. No hay datos comparables, porque un canal de WhatsApp no se puede auditar de punta a punta. Dos integrantes de la campaña de Flávio admitieron, bajo reserva, que esa opacidad era lo que más los inquietaba.

Un canal, 10.8 millones de inscriptos y una tarea por día: lo que probó (y lo que no) el WhatsApp de Lula
Foto: Xinhua

WhatsApp no explica por sí solo la remontada. Entre una vuelta y la otra, Lula sumó unos 10,4 millones de votos y Flávio, 3,7 millones. La abstención bajó del 21,08% a algo más del 19%, y 9,3 millones de votantes de la primera vuelta habían elegido a candidatos que ya no estaban en la boleta. Las calles se llenaron de manifestaciones después del 4 de octubre. Con tantas variables moviéndose a la vez, nadie puede aislar el peso de una sola.

Lo que sí se puede decir es de otra naturaleza. Mobile Time recordó que en 2013, en 2016 y en 2018, un lado de la política brasileña jugó solo en el campo digital mientras el otro miraba. Esta vez fue un partido disputado, con la izquierda compitiendo, por primera vez, de igual a igual en un terreno que antes dominaba el otro lado. La diferencia final, 4,4 millones de votos, es el doble de la que separó a Lula de Jair Bolsonaro en 2022, cuando ganó por 50,90 a 49,10

El 25 de octubre a la noche, el TSE anunció el resultado: 64.256.232 votos para Lula contra 59.826.041 para Flávio. Ganó. Janones también, pero su victoria no figura en ningún escrutinio: diez millones de teléfonos que reciben sus mensajes, se activan con sus órdenes y no necesitan a ningún partido para enterarse de nada.

Brasil tiene ahora un presidente reelecto y, aparte, un canal cuyo tamaño equivale al de un país mediano, administrado por un diputado, hospedado por una empresa privada, sin regulación y con jueces que lo apagaron y lo prendieron según el humor del día. Nadie preguntó en las urnas quién decide qué se hace con esa lista. Tampoco lo preguntará la próxima vez, cuando el audio que llegue diga “urgente” y venga del otro lado.

Un canal, 10.8 millones de inscriptos y una tarea por día: lo que probó (y lo que no) el WhatsApp de Lula
Foto: Lula / Flicker
Fuente: Tiempo Argentino

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