Los líderes nacionalistas tres regiones de las cuatro regiones británicos firmaron un memorando para su independencia. Qué puede pasar y el impacto en el tema Malvinas.

Desde Londres

Los líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, tres de las cuatro regiones británicas, firmaron este lunes un memorando de entendimiento para la independencia y virtual disolución del Reino Unido. En la declaración conjunta, los líderes del ejecutivo de estas tres regiones, exigen a Londres el derecho a celebrar referendos de independencia, algo que el gobierno de Andy Burnham rechaza.

El Reino Unido, que tardó más de cuatro siglos en conformarse, podría terminar en unos pocos años si la declaración se traduce en hechos. El primer paso está dado. En la declaración firmada en la capital de Gales, Cardiff, el ministro principal galés, Rhun ap Iorwerth, del independentista Plaid Cymru; su homólogo en Escocia, John Swinney, del Partido Nacionalista Escocés (SNP); y su contraparte norirlandesa, Michelle O’Neill, del izquierdista Sinn Féin, señalaron que el gobierno central, regulado desde Londres, no tiene razón de ser. “Para el pueblo de nuestras islas y para el mundo está claro que el gobierno de Westminster está llegando a su fin. Este gobierno no tiene el derecho a bloquear nuestra democracia o a erosionar el derecho a decidir nuestro futuro”, señalaron.

Los tres titulares de los respectivos Ejecutivos firmaron la declaración como líderes partidarios y no en su carácter de gobernadores de sus regiones, pero un documento de esta naturaleza es inédito en la historia del Reino Unido. Los líderes indicaron que cada región procedería con el proceso de independencia a su propio paso, una admisión de que, a pesar de la voluntad política común sobre la independencia, se trata de tres historias distintas.

La historia del presente

El Reino Unido suele desconcertar a los extranjeros. No es Inglaterra, es diferente a Gran Bretaña, sus miembros tienen distintos equipos en los torneos deportivos internacionales, pero en las Naciones Unidas son representados por ese “United Kingdom” que tardó siglos en formarse. El primer bloque fue en 1536 cuando Gales se unió a Inglaterra bajo el memorable reinado de Enrique VIII, que tuvo seis esposas, ejecutó a dos y se separó de la autoridad católica papal creando la Iglesia Anglicana.

En 1707 se produjo la unión de Escocia con Inglaterra que, después de una devastadora guerra civil y un rey decapitado, se había transformado en una monarquía parlamentaria. En 1801 se sumó Irlanda. Pero en 1922, luego de una cruenta guerra de liberación, la isla quedó dividida en la República de Irlanda, independiente de los británicos e Irlanda del Norte, que seguía formando parte de la unión.

En los 60 se desató en Irlanda del Norte un sangriento conflicto que duraría más de 30 años entre nacionalistas, predominantemente católicos, que querían la unificación con la República, y unionistas, predominantemente protestantes que querían seguir siendo parte del Reino Unido.

En 1998 se firmó un acuerdo de paz que puso fin a ese conflicto que dejó más de 3600 muertos y heridas políticas que no han terminado de cicatrizar. El acuerdo contenía un párrafo clave para la declaración firmada este lunes porque concede el derecho a la población norirlandesa de convocar a un referendo para decidir si sigue siendo parte del Reino Unido o prefiere formar parte de la República de Irlanda.

Es lo que recordó la presidenta de Sin Fein, Mary Lou MacDonald, una de las signatarias del acuerdo, invocando el mismo principio que el gobierno de Andy Burnham usa para defender la soberanía británica sobre las Malvinas. “El principio de la autodeterminación es inalienable. Tenemos el derecho a celebrar un referendo. Tenemos el derecho a decidir sobre nuestro futuro. No podemos aceptar o tolerar a que un primer ministro nos quite ese derecho”, dijo

Escocia, Gales y la Unión Europea

El nacionalismo escocés es otra historia particular. En la posguerra era irrelevante: los conservadores dominaban cómodamente la escena política. En los 80, con la desindustrialización del Thatcherismo, el Partido Nacionalista Escocés creció hasta transformarse en una de las principales fuerzas políticas. El laborismo de Tony Blair intentó contener este ascenso nacionalista en 1999 con la devolución del Parlamento escocés suprimido en el acuerdo de unificación de Inglaterra y Escocia en 1701. Los dos primeros gobiernos fueron una coalición laborista-liberal, pero en 2007 los nacionalistas ganaron las elecciones y volvieron a triunfar en 2011.

Con esta mayoría, el SNP (Scottish National Pasrty) le logró imponer al gobierno conservador de David Cameron un referendo, convencidos de que obtendrían la independencia. El peligro de que una Escocia independiente quedara fuera de la Unión Europea, fue fundamental en la derrota de los independentistas en la consulta popular de 2014. Feroz ironía del destino porque el mismo Cameron convocaría a un referendo en 2016 para determinar si el Reino Unido seguiría siendo parte de la Unión Europea. Para sorpresa de los británicos y del mundo, el pueblo votó a favor del Brexit por un estrecho margen. Los escoceses que favorecieron por abrumadora mayoría la permanencia en la Unión Europea, se encontraron de la noche a la mañana fuera del bloque que consideraban fundamental para su futuro.

El referendo europeo resignificó el de la independencia de 2014. Para el SNP hoy hay una oportunidad histórica gracias a la nueva ecuación política que siguió a las elecciones regionales y municipales de mayo. “Por primera vez en la historia, Escocia, Gales e Irlanda del Norte están gobernadas por ministros principales pro-independentistas”, dijo el ministro primero de Escocia John Swinney.

En esta ola pro-independentista, Gales es un caso particular. Gobernada por el laborismo durante los últimos 100 años, los independentistas del Plaid Cymru, un partido de centro-izquierda, parecían condenados a un voto de protesta. En las elecciones de mayo de este año, aprovechando la debilidad del gobierno laborista de Keir Starmer, dieron el batacazo convirtiéndose en la primera minoría con un 34% de los votos seguidos por la ultraderecha de Reform UK con un 29% mientras que el laborismo quedaba relegado a un humillante tercer lugar con el 11% de los sufragios. Esto explica que el ministro principal galés del Playd Cymru, Rhun ap Iorwerth, sonara más cauto que los escoceses y norirlandeses y se centrara más en una mayor autonomía que en una fecha concreta para un referendo.

Trump y Malvinas

La declaración conjunta no sorprende y es un nuevo polo político en la complicada madeja que enfrenta el aun popular primer ministro Andy Burnham. El ímpetu existe, pero también la polarización que crearía en cada nación. En Irlanda del Norte corren el riesgo de reavivar el conflicto inter-comunitario que ha continuado en estado latente desde los acuerdos de paz de 1998. En Escocia no hay garantías de que el nacionalismo obtenga en este referendo y con la promesa de volver a la Unión Europea, la victoria que no consiguió en 2014. En Gales las fuerzas que se oponen al referendo y la separación superan a las de Playd Cymru que gobierna en minoría.

Todos estos matices le resbalaron al presidente Donald Trump que estaba de visita en la República de Irlanda este fin de semana. En la conferencia posterior a su reunión con el primer ministro irlandés Micheál Martin , Trump se mostró “encantado” con la idea de la unificación. “No quiero causar problemas, pero me encantaría ver a Irlanda unificada. Al final va a suceder. Más vale que suceda ahora. Seguro que el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, pero creo que sería grandioso”, señaló.

En cuanto a las Malvinas es interesante que el documento firmado por los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte invocan la “autodeterminación” para respaldar su derecho a un referendo. Seguramente el gobierno británico – sea laborista o conservador – le encontrará alguna cuadratura al círculo para negarles el derecho diciendo que son situaciones diferentes, pero su propia definición sobre la soberanía de las Malvinas, basada precisamente en ese principio, deja mal parado el eterno argumento británico para no negociar con Argentina.

Fuente: Página 12

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