Ya es como un clásico de la historia reciente argentina: cuando un gobierno de políticas económicas de derecha empieza a recorrer sus tramos finales, opta por medidas que el mismo gobierno titulaba de “populistas” hasta pocas semanas atrás.
Por Raúl Dellatorre / Página 12
El fenómeno se volvió a ver reflejado en el lanzamiento hecho por Luis Caputo de una línea de créditos hipotecarios financiados con fondos públicos, en este caso los de garantía de pago de las jubilaciones, el FGS.
El ministro de economía hasta se atrevió a afirmar que tal intento de impulsar el régimen de créditos para la primera vivienda era un aporte concreto a alcanzar la justicia social.
En un anuncio más cargado de maquillaje que de atractivos naturales, el Ejecutivo a través de la secretaría de Finanzas, va a disponer de dos billones (millones de millones, 12 ceros) de pesos par transferirlos a los bancos que se presenten a reclamarlos (vía licitación) en préstamo, por un año o por cinco años. Los dos plazos en los que se repartirá la oferta.
Mover fondos que estaban inmovilizados en el FGS para ponerlos en circulación a través de créditos, sería en el lenguaje usual del actual gobierno hast no hace más de una semana, equivalente a una emisión de dinero. Palabra prohibida y denostada por el mileísmo y más aun por el propio Javier Milei, que hasta propuso convertir “delito” condenable la acción de emitir dinero por parte de un funcionario.
Igualmente, el cada vez menos presente presidente de la Nación había asimilado a la justicia social (frase no sólo adjudicable al pensamiento peronista, sino también acuñada en encíclicas papales) a “corrupción”, al entender como tal casi a todo gasto público que fuera a mano de los humildes.
Será por todo eso que la propuesta inicial de Luis Caputo, el fin de semana pasado, presentada a Milei terminó rechazada. El ministro intentó explicarle al iracundo presidente que las perspectivas del nivel de actividad para lo que resta del año no eran muy favorables (versión suave para describir una situación de estancamiento con señales de depresión), lo cual no era el mejor panorama para el arranque de un 2027 en el cual se elegirá (“reelegirá”, le debe haber dicho) presidente. Ni así logró moverlo a Milei de su convicción de que el ajustazo y beneficios extraordinarios al capital dominante terminarían brindando un repunte espectacular ante de que se conozcan los candidatos.
Caputo no se dio por vencido, e insistió en una modalidad que viene repitiendo en las últimas semanas. Sus propuestas le son presentadas a Javier Milei casi por cortesía, pero las explica y detalla ante quien considera la verdadera Jefa política del gobierno: Karina Milei. En un encuentro de ambos al que se sumó en su habitual rol de acompañante Diego Santilli, se resolvió el martes último que, al día siguiente, se anunciaría el plan de créditos hipotecarios financiado por el FGS.
¿Un plan platita para la franja de la clase media más acomodada? No son pocos los que lo interpretaron así, dado que por la elevada tasa de interés para un crédito a muy largo plazo (15 a 30 años) de indexación por inflación (algo así es el UVA) mas 7 puntos y por el monto a repartir, en el mejor de los casos llegaría a brindar unos 17 mil a 18 mil créditos hipotecarios. Muy poco, frente a los 200 mil que se otorgaron entre 2012 y 2015 bajo el Plan Procrear. Con el agregado de que este ‘ultimo era un programa que contemplaba centralmente la construcción de viviendas.
Otros, con una lectura más afinada de los intereses en juego, opinaron que “ni siquiera eso”. Recuerdan que, antes del último fin de semana (unos diez días atrás), destacados representantes de la banca local habían presionado sobre las autoridades económicas para que otorgara algún tipo de alivio al sector, afectado en sus resultados por el geométrico crecimiento de la morosidad en los créditos, tanto a familias como a empresas.
Se formulaba, por ese entonces, la posibilidad de que el Estado aportara recursos para aliviar la situación de las familias deudoras, muchas de ellas ya condenadas a la imposibilidad del pago de sus deudas. La solución propuesta por las entidades no era otra que el Estado les pagara lo que ya muchos de sus prestatarios no había posibilidad de que fueran a pagarlo. Todo ganancia para los bancos.
“Es un asunto entre privados, el Estado no tiene por qué intervenir”, anunció Milei casi cerrando el tema. Casi. Porque a Caputo se le ocurrió (o le acercaron) una propuesta más ingeniosa: disfrazar de promoción de créditos hipotecarios a lo que en realidad era una transferencia de liquidez desde el FGS hacia las arcas de las entidades financieras.
La aparente trampa, según estos analistas de afinada lectura, es que los bancos que tomen los fondos deberán destinarlo a créditos hipotecarios pero no se establece a qué plazo. En el mientras tanto, el dinero permanecerá en las cuentas del banco, mejorando indices de liquidez y equilibrio fuertemente afectados, en muchas entidades, por el aumento de la morosidad e incobrabilidad de los créditos acordados.
Bajo esta perspectiva, serán muy pocos los fondos que se conviertan en créditos y, en cambio, el dinero proveniente de la Anses aportará principalmente a brindar oxígeno a los bancos sobreprestados. Los banqueros, agradecidos a Caputo. En definitiva, uno de los suyos.
Cumplida esta misión, Caputo ya habría partido, junto a su socio privado y corresponsable hoy en la conducción económica y financiera del país, Santiago Bausili, hacia Asheville, Carolina del Norte, para participar de la Reunión del Grupo de los 20 entre sábado y martes. Aunque no es el temario del encuentro lo que más atrae a los funcionarios argentinos, sino la expectativa de tener una reunión a solas con Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos y, por lo tanto, presidente del encuentro como representante del país anfitrión.
El objetivo: conseguir un nuevo salvavidas, como el de otubre de 2025, que le permitió al gobierno afrontar las elecciones de medio término disimulando las urgencias por falta de divisas. Pero el panorama actual se presenta más delicado. Bessent no está, políticamente, en su mejor momento. Sus intervenciones en el mercado de bonos tratando de regular el nivel de tasas de interés de largo plazo no sólo resultaron infructuosas sino que le valió el reproche de un amplio arco político y financiero de su país. Además, afronta dificultades con la elevación del déficit financiero y hasta con un nivel de inflación no deseado. Pocos son los que apuestan a que Bessent esté en condiciones de tenderle una mano a Caputo para ayudar, otra vez, al gobierno amigo de Trump.
Los medios internacionales, como Financial Times o BBC News, se ocuparon de recordar esta semana las dificultades que afronta el sistema financiero con la elevada morosidad e incobrabilidad, lo cual orienta a la opinión dominante en Wall Street a mirar con prudencia los gestos de generosidad hacia países periféricos. Un entorno muy parecido al que recibiría a la delegación argentina en la Asamblea conjunta del FMI y el Banco Mundial en Bangkok en el mes de octubre. Caputo va con la intención de obtener 5000 millones de crédito extra del FMI, pero Kristalina Georgieva ya tiene instrucciones de la Junta de Gobernadores de moderar la exposición del organismo ante su principal deudor: Argentina.
¿Caputo puede volver con las manos vacías tras estos encuentros? ¿Volverá?

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