En una clara muestra de desprecio a la producción industrial, científica y técnica, el Presidente promueve la reprimarización de la economía y, por lo tanto, abrir el país a productos extranjeros.
Por cinismo o ignorancia, Javier Milei hizo una insólita defensa de la apertura irrestricta de las importaciones. En la previa del partido que la Selección Argentina disputará ante Suiza, comparó las economías de ambos países y concluyó que “Argentina solo produce dulce de leche y biromes”. La afirmación expone el desprecio y el desconocimiento que el Presidente tiene del entramado productivo del país que gobierna. Argentina cuenta con una matriz industrial y energética diversificada que le ha permitido desarrollar capacidades competitivas en sectores estratégicos. Además, posee un sistema científico-tecnológico que estuvo a la vanguardia para un país de la semiperiferia y al que las políticas de vaciamiento y reorientación hacia el sector privado están destruyendo. En medio del boom de importaciones que pone en jaque a la industria nacional, las palabras de Milei revelan el país que imagina: una economía reprimarizada, que exporta materias primas con escaso valor agregado e importa casi todo lo demás.
Para defender el proyecto legislativo de un “apagón del gobierno” (shutdown) que anunció esta semana, inspirado en el modelo estadounidense, Milei reivindicó la posibilidad de “tomar ideas de otros países”. Minutos después mezcló el shutdown, el partido del mundial, la economía y las biromes con el dulce de leche. “Cuando usted entra en un supermercado en Suiza, todo es importado. Si yo me guío por esa estupidez, de que esa política es o no, digamos, argenta… bueno, si los suizos harían eso, se morirían de hambre o estarían en un estado de obesidad flagrante, porque solamente comerían chocolate”, sostuvo en una entrevista radial. Y continuó: “Bueno, nosotros solo comeríamos dulce de leche, tendríamos problemas de sobrepeso tremendo, porque solo comeríamos eso, y andaríamos con biromes y en colectivos. Nada más, no tenemos más cosas”. Finalmente, cuestionó lo que calificó como “nacionalistas, digamos, de pacotilla”.
La comparación resulta tan provocadora como engañosa. Suiza importa buena parte de los bienes que consume porque exporta insumos de alto valor agregado: medicamentos, maquinaria de precisión, relojes, instrumental médico. Tampoco describe a la Argentina que “tiene una diversificación industrial y energética que le ha permitido ser competitiva en sectores estratégicos”, explicó a Página/12 la diputada de UxP y economista Julia Strada. El mapa productivo se completa con “Satélites en órbita con INVAP y ARSAT cuyos proyectos del ARSAT 3 y aún siendo del BID están frenados, energía nuclear con expertos propios que generaron un prototipo de reactor como el CAREM 25 que hoy está suspendido, un país con industria siderúrgica y automotriz que se ubica entre los pocos de América Latina (sólo 11 tienen industria automotriz y líderes en siderurgia tan solo 5) y que está estrechamente vinculada a la industria de la maquinaria agrícola donde somos líderes regionales, un país con industria farmacéutica y biotecnología que seguramente se verán afectadas por el acuerdo comercial con EEUU y desde ya, una industria alimenticia que excede a la fabricación de dulce de leche que se ve que es la única que conoce Milei. No es extraño que además se olvide de las economías regionales como la vitivinicultura, la láctea, y la yerba mate, que hoy están sufriendo la desregulación y la pérdida de precios al productor”, describió la diputada.
La mirada del panelista televisivo devenido en Presidente tiene correlato en sus políticas públicas. El RIGI y el Súper RIGI, son normativas que implican una entrega directa de los recursos naturales estratégicos y profundiza la inserción de la Argentina en el mundo como proveedor de bienes primarios y último eslabón de cadenas globales de valor, resignando capacidad de negociación y márgenes de autonomía para definir una estrategia propia de desarrollo. El Super RIGI beneficiará a los monopolios tecnológicos, otorgando una estabilidad fiscal, cambiaria y jurídica por treinta años, sin retenciones y libre disponibilidad de divisas.
Las consecuencias del modelo libertario ya están a la vista. Según el Observatorio de Industriales PyMEs Argentinos (IPA), desde diciembre de 2023 desaparecieron casi 25.000 empresas y se destruyeron 364.554 puestos de trabajo registrados. Para la entidad, el crecimiento que exhibe el Gobierno se concentra en sectores extractivos mientras la industria, el comercio y las pymes continúan perdiendo capacidad instalada y empleo. Si la tendencia se mantiene, proyecta que hacia fines de 2026 podrían cerrarse 40.000 empresas y perderse 500.000 puestos de trabajo formales. Una postal de ese proceso se conoció esta misma semana. El grupo Dass anunció el cierre de su planta de Eldorado, Misiones, donde fabricaba zapatillas para Nike y Adidas y daba trabajo a unas 150 personas. La empresa atribuyó la decisión al fuerte crecimiento de las importaciones, que volvió inviable sostener la producción local.
Puertas adentro cada vez más familias están endeudadas. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, el índice de irregularidad de los créditos a las familias alcanzó el 12,1% en abril de 2026, el nivel más alto en más de dos décadas.
Para el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, los dichos del Presidente “fueron una confesión: quizás Milei esté tratando de transformarnos en un país que produce dos productos e importa todo el resto. Pero, sobre todo, lo que dijo es reflejo de su ignorancia”. En efecto, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en mayo las importaciones de bienes de consumo —es decir, productos terminados— alcanzaron los 879 millones de dólares. Aunque registraron una baja interanual del 2,3 por ciento, crecieron un 10,1 por ciento respecto de abril y se ubicaron un 71 por ciento por encima del mismo período de 2024 y un 24 por ciento por encima de 2023. Detrás de esas cifras aparece el avance de los productos importados sobre la producción local, con el consecuente deterioro de comercios, pymes y capacidades industriales.
El economista Miguel Khalil, de Pymes para el Desarrollo Nacional, cuestionó el modelo. “Los japoneses fabrican autos, motos, relojes y maquinaria sin contar con petróleo ni grandes recursos minerales. Todo depende de una decisión política sobre el país que se quiere construir. Milei pretende una Argentina que exporte únicamente productos primarios”, sostuvo.
En el mismo sentido, la diputada de Defendamos Córdoba, Natalia de la Sota, afirmó que “cuando el presidente Milei reduce la producción nacional a dulce de leche y biromes desvaloriza el trabajo de millones de argentinos. Córdoba aporta el 12,5 por ciento de las exportaciones nacionales y el 64 por ciento de sus ventas a Brasil son manufacturas industriales, principalmente vehículos, autopartes y motores. No hay país desarrollado sin industria. No hay federalismo posible si se descalifica a las provincias que producen, invierten, innovan y exportan”.
El exministro de Producción José Ignacio de Mendiguren también cuestionó la simplificación presidencial. “Argentina es uno de los proveedores industriales más importantes de la región y él resume todo en el dulce de leche para explicar una medida que ni siquiera dijo cómo piensa aplicar. No son serias las cosas que plantea”, afirmó.
El Presidente capaz de mezclar dulce de leche con biromes condensa una concepción de país periférico que prescinde de la industria nacional, la ciencia, la tecnología y la innovación como motores de su desarrollo y acepta para la Argentina un lugar subordinado en la economía mundial. Una colonia en pleno siglo XXI.
Fuente: Página 12

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