El caso Cerimedo como radiografía del sistema que contribuyó a crear con la ultraderecha que promovió. Difamación y destrucción de la información como regla.
Por Luís Bruschtein / Página 12
Un Presidente que hace una pantomima para burlarse de los que no llegan a fin de mes o que responsabiliza al aborto legal por la baja de la natalidad, un Presidente que desaparece diez días y, cuando vuelve, lee con dificultad, como ido, con la cara hinchada, un Presidente que repostea mensajes de apoyo a su ex asesor Fernando Cerimedo, involucrado hasta las cejas en un intento de femicidio, es un Presidente que deja muchas dudas graves sobre su salud, como si atravesara una fase crítica.
Los empresarios del Círculo Rojo que el jueves no lo aplaudieron y abandonaron la sala cuando hablaba Javier Milei, durante la reunión del Consejo de las Américas, actuaron como si tuvieran alguna información muy reservada sobre el estado del Presidente, al que aclamaron hasta hace poco, porque no es la primera vez que dice estas crueldades como si disfrutara con la tragedia ajena.
Esos súperempresarios, que ahora miran con recelo las excentricidades de Milei, fueron los que impulsaron las medidas más crueles y destructivas a través de los estudios de abogados que diseñaron proyectos de ley como la ley Bases o la reforma laboral. En su discurso, el titular de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman respaldó al gobierno y reconoció las dificultades que atraviesan muchas empresas, pero justificó ese desastre porque “las transformaciones significan sacrificios, significan dolor”. Milei ya va por el tercer año en el gobierno y lo único que hay es sacrificio y dolor, incluso para miles de empresarios que se fundieron y que no se sentirán representados por esos discursos.
El escándalo de Cerimedo en Bolivia se convirtió en radiografía, espejo, calco, iluminación o demostración de la tremenda confusión que ha llevado al gobierno en América a personajes de la calaña de Donald Trump, Javier Milei, la hija de Fujimori, que esterilizó con mentiras a miles de campesinas peruanas, o el que acaba de asumir en Colombia, Abelardo de la Espriella, un petimetre que se graba cuando le inyectan botox en la cara y lo cuelga en las redes, una especie de Chuqui maldito que, primero se declaró ateo, y después levantó los ojos al cielo y afirmó que el terremoto que asoló a su país fue “una prueba de Dios a su gobierno”. El tipo no renunció a la nacionalidad estadounidense y ha sido abogado de los narcos.
Cerimedo, el asesor de Jair Bolsonaro en Brasil, de Milei en Argentina y del presidente Rodrigo Paz en Bolivia, está muy comprometido en el intento de asesinato de su pareja boliviana, Nadia Beller. Era el único que sabía dónde se encontraba la mujer cuando fue atacada, porque la había citado allí. En su celular se encontraron mensajes donde habla del atentado y del contrato a sicarios. La víctima, que salvó su vida por pura suerte, lo ha denunciado sin dudar.
El atentado contra Beller tiene similitudes con el que se cometió contra Cristina Kirchner, quien también salvó su vida por pura suerte. Fue cometido por marginales inspirados por discursos de odio como los que instaló Cerimedo en sus pupilos. Y tras el intento criminal dijeron que habían sido autoatentados pergeñados por las víctimas. Es lo que Milei mensajeó en las redes.
Acusado de incentivar el golpe contra Lula en Brasil con la difusión masiva de mentiras y falsas noticias en las redes, Cerimedo reconoció hace dos años en entrevistas periodísticas que manejaba alrededor de 50 mil cuentas falsas de Facebook y en X. En los allanamientos que se realizaron esta semana en Bolivia se encontró una granja de trolls.
El hombre que habría pagado para que asesinen a su pareja y la condujo al lugar donde la emboscaron, es además el gran estafador de los argentinos, el especialista en difamar y mentir como herramienta de confusión. La difamación del adversario con acusaciones falsas de corrupción, de fraude electoral o de delitos sexuales, como lo estaban haciendo con Evo Morales, ha sido el discurso que vendió a candidatos marginales de ultraderecha con los cuales se hizo millonario.
La técnica consistió en lanzar decenas de miles de mensajes o decenas de miles de “like”, en respaldo de un determinado contenido, el cual resulta tan masivo que asume un halo de veracidad que es falso. El riesgo de contradecir lo que las redes repiten hasta el cansancio es aparecer como cómplice o como ingenuo. El método –que es una estafa como la vieja venta de buzones– ha sido tan eficiente que se trasladó a los grandes medios de comunicación hegemónicos que, de esa forma, se desligaron de cualquier criterio de verdad cotejado con la realidad. El criterio de “masividad” o de “afinidad” (es verdad porque concuerda con lo que pienso) reemplazó al criterio de verdad y desnaturalizó la lógica de la información y peor que eso, eliminó cualquier marco ético de la información.
Como discípulo de Steve Bannon, el hombre que aplicó esta metodología en Estados Unidos para impulsar un candidato marginal como era Donald Trump, Cerimedo fue el principal exponente en Argentina de esa ideología de la comunicación en las redes.
Lo que confirmó el escándalo de Cerimedo en Bolivia es que el instrumentador de una metodología sin marco ético ni moral, adolece como persona de esas mismas características.
Y lo mismo sucede con el que las aprovecha, o sea los candidatos que, gracias a esas prácticas, accedieron a gobernar sus países. El caso Cerimedo se convirtió en caso testigo cuando la víctima que intentaron asesinar confesó que fue la esposa argentina de Cerimedo, Natalia Basil, empleada en la ANDIS, la que difundió las grabaciones que desataron el escándalo que involucró a la secretaria general de la presidencia y hermana del presidente, Karina Milei.
Ensañarse con la discapacidad ha sido una de las acciones más miserables de este gobierno. Por lo que no fue sorpresa cuando surgió la denuncia de que cobraban una coima a los laboratorios para comprarles remedios que después escatimaban a los discapacitados pobres que los necesitaban. Las grabaciones denunciaban que el 3 por ciento de esas coimas las recibía la hermana presidencial.
Para los comunicadores como Cerimedo, la mentira es más eficiente que la verdad, pero la mentira como regla de vida o de gobierno, resulta enfermiza. Y el discurso se entrelaza con el que lo verbaliza. Del Presidente que se recluyó y de los dos discursos que dio a su regreso emanaron esos síntomas.
En esa atmósfera de irrealidad que construye, se burló de los que no llegan a fin de mes. Lo que no es irreal, más bien es una realidad muy concreta es que 20 millones de argentinos están endeudados hasta el cuello y seis millones de ellos son morosos que no han podido pagar sus deudas, con tasas, que en el caso de las Fintech han llegado hasta 1400 por ciento de interés. Es un despropósito la maldad intrínseca de un modelo económico que naturaliza todos estos desfasajes.
No existe transformación, lo que se produjo fue degradación como objetivo de estos intereses. Decir, como se dijo en la reunión del Consejo de las Américas el jueves, que “las transformaciones significan sacrificios, significan dolor” para justificar la inhumanidad como sustento de una construcción social, sólo puede ser porque el que lo dice está del lado de los pocos que se han beneficiado con la desgracia de la inmensa mayoría.

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