El presidente y el senador se cruzaron con acusaciones de corrupción y confrontaron sus propuestas sobre economía, seguridad y políticas sociales. Las encuestas muestran un empate técnico, con una leve ventaja para el candidato ultraderechista, aunque el mandatario recortó distancias en los últimos días.
El presidente Lula y el senador de ultraderecha Flávio Bolsonaro protagonizaron este domingo un intenso debate televisivo cuando falta exactamente una semana para el balotaje que definirá quién será el próximo presidente de Brasil.
Los analistas consideran que este debate, transmitido por la cadena Band, y el último, que tendrá lugar el viernes 23 en la cadena Globo, serán decisivos para inclinar la balanza, ya que las encuestas señalan un empate técnico entre ambos candidatos, con una leve ventaja para el líder ultraderechista.
Uno de los grandes momentos que dejó el debate fue cuando el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por golpismo, cuestionó al mandatario brasileño sobre el porcentaje de presos que le dieron su voto: “Oye Lula, bajo tu mandato, la delincuencia se disparó en Brasil. ¿Y puedes explicar por qué el 73 por ciento de los presos votaron por ti?, a lo que el mandatario le respondió: “Quiero que me vote el 100 por ciento, incluso tu padre”.
El debate incluyó muchas acusaciones cruzadas, sobre todo vinculadas a corrupción: el escándalo del Banco Master, en el caso del candidato conservador, y las gestiones de Lulinha, el hijo mayor de Lula, para intentar cerrar contratos con ministerios del gobierno de su padre, que podrían configurar un caso de tráfico de influencias.
Lula respondió en varias ocasiones que, a diferencia de lo que ocurre con el clan Bolsonaro, durante su gobierno la Policía Federal tiene independencia y libertad total para investigar. Además, provocó a su rival al preguntarle insistentemente dónde fueron a parar los 134 millones de reales (más de 26 millones de dólares) que el banquero Daniel Vorcaro supuestamente aportó para financiar una película sobre la vida de su padre.
Flávio Bolsonaro intentó dominar el debate con un lenguaje más claro y comprensible para la mayoría de la población, acompañado de propuestas concretas para abordar las principales preocupaciones de los brasileños: la economía doméstica y la seguridad. Prometió crear un Ministerio de la Prosperidad para facilitarles la vida a los emprendedores y reducir la edad de imputabilidad penal de los 18 a los 16 años, e incluso hasta los 14 en los casos de delitos graves.
Lula, por su parte, intentó llevar a su rival al terreno en el que se siente más cómodo: el de las políticas sociales. Buscó advertirles a los brasileños que un gobierno de ultraderecha puede poner en riesgo conquistas como el sistema público de salud o las becas y los cupos universitarios destinados a personas pobres y negras.
Para trasladar esa advertencia a la actualidad y vincularla con uno de los principales logros de su gobierno, Lula le preguntó a Flávio Bolsonaro si pretendía mantener la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, una conquista histórica de la clase trabajadora que el Senado aprobó esta semana.
Bolsonaro intentó esquivar la respuesta, pero, después de mucha insistencia, contestó «obvio que sí», aunque de manera poco convincente. El senador y buena parte de la derecha brasileña se habían opuesto a la medida, pero a último momento votaron a favor por temor al costo electoral que podía acarrearles su rechazo.
Lula también intentó abordar la cuestión de la injerencia de Estados Unidos en la soberanía de Brasil y el lobby que el clan Bolsonaro hizo ante la administración de Donald Trump para que castigara al país con aranceles y sanciones. Sin embargo, el senador ultraderechista recurrió a una estrategia que suele utilizar en sus actos de campaña.
La palabra «soberanía», que Lula vincula con la política internacional, adquiere otro significado en el discurso de Bolsonaro, que la lleva a cuestiones que preocupan más a los ciudadanos de a pie. Así, sostiene que los brasileños perdieron la soberanía sobre sus celulares, calles y barrios, que, según su planteo, están tomados por el crimen organizado.
En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro dio la sorpresa al obtener el 47 por ciento de los votos válidos, frente al 45,1 por ciento de Lula, quien se enfrenta a la difícil misión de remontar la diferencia antes del balotaje del 25 de octubre.
Hasta el momento, las encuestas muestran un empate técnico entre los dos candidatos, con una leve ventaja para el líder ultraderechista, aunque Lula logró recortar distancias en los últimos días. Su equipo de campaña confiaba en que el debate televisivo fuera el impulso definitivo para recuperar popularidad y llegar mejor posicionado a la segunda vuelta.
GS con información de Sputnik
