La APLV es la alergia alimentaria más frecuente durante los primeros años de vida. Una campaña nacional ofrecerá consultas gratuitas, virtuales y presenciales, para favorecer la detección temprana.
Llanto sostenido, cólicos intensos, vómitos, diarrea, constipación, regurgitaciones frecuentes, eczema, sarpullidos, moco o sangre en las deposiciones y dificultades para alimentarse son algunos de los signos que pueden aparecer en bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV).
Sin embargo, ninguno de estos síntomas por sí solo permite confirmar la enfermedad, ya que también puede presentarse en otras condiciones frecuentes durante los primeros meses de vida.
Por eso, la evaluación de un especialista es fundamental para evitar tanto diagnósticos tardíos como tratamientos innecesarios.
La APLV es una reacción del sistema inmunológico frente a una o más proteínas presentes en la leche de vaca.

Según explicó a El Litoral Karina López, especialista en Alergia e Inmunología Infantil de Rosario (Mat. 13.944), se trata de una reacción reproducible de características inmunológicas que aparece en niños genéticamente predispuestos.
En Argentina, casi uno de cada 100 niños desarrolla una alergia alimentaria y, según los estudios citados por la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), la APLV representa aproximadamente un tercio de esos casos.
La enfermedad suele comenzar durante el primer año de vida y puede afectar el crecimiento, el estado nutricional y la calidad de vida cuando no es identificada de manera adecuada.

Qué es la APLV y cuáles son sus principales síntomas
La alergia a la proteína de la leche de vaca puede presentarse de distintas maneras.
López explicó que existen tres formas clínicas, determinadas por el mecanismo inmunológico involucrado: las reacciones inmediatas, mediadas por inmunoglobulina E (IgE); las reacciones tardías, que no están mediadas por IgE; y las formas mixtas, en las que participan ambos mecanismos.
La diferencia es importante porque también cambia la forma en que aparecen los síntomas.

En las formas inmediatas, las manifestaciones suelen producirse dentro de las dos horas posteriores al consumo de la proteína de leche de vaca.
Pueden aparecer lesiones o erupciones en la piel, hinchazón de los párpados y otras manifestaciones alérgicas. En los cuadros más graves puede producirse una anafilaxia, una reacción alérgica potencialmente mortal que requiere atención médica inmediata.
En cambio, en las formas tardías, los síntomas pueden aparecer varias horas o incluso días después de la exposición. Entre las manifestaciones posibles se encuentran deposiciones con sangre y moco, vómitos y cólicos.
La especialista remarcó que el espectro de síntomas es amplio y que muchos de ellos no son exclusivos de la APLV.

Un bebé sano también puede presentar cólicos, regurgitaciones o cambios en sus deposiciones. Por este motivo, observar un síntoma aislado no significa que el niño tenga una alergia a la leche.
La enfermedad suele manifestarse durante el primer año de vida, un período en el que además se producen numerosos cambios en la alimentación y en el aparato digestivo.
Esta coincidencia puede dificultar que las familias relacionen determinados síntomas con la presencia de proteínas de leche de vaca.
La predisposición también cumple un papel. Entre los factores de riesgo mencionados por López se encuentran los antecedentes familiares de enfermedades alérgicas, como asma, rinitis y dermatitis atópica.
También se han identificado asociaciones con el sexo masculino, determinados grupos étnicos y, en los últimos años, se estudió la relación entre el aumento de los nacimientos por cesárea y el desarrollo de APLV y otras alergias alimentarias.
APLV e intolerancia a la lactosa no son lo mismo
Una de las confusiones más frecuentes alrededor de este tema es considerar que la alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa son la misma enfermedad. No lo son y tampoco se tratan de la misma manera.
La diferencia está en qué componente de la leche interviene y qué mecanismo del organismo está involucrado.
En la APLV, el sistema inmunológico reacciona frente a las proteínas de la leche de vaca. En la intolerancia a la lactosa, en cambio, existe una dificultad para digerir la lactosa, que es el azúcar o hidrato de carbono presente en la leche. Esto ocurre por un déficit de lactasa, la enzima encargada de metabolizarla.
Esta diferencia tiene una consecuencia práctica importante. Una leche que dice ser “sin lactosa” no es necesariamente adecuada para un bebé con APLV, porque puede seguir conteniendo proteínas de leche de vaca. Por lo tanto, eliminar la lactosa no elimina el componente que desencadena la reacción alérgica.
López también explicó que la intolerancia congénita a la lactosa es una condición infrecuente e incompatible con la vida. Existen, en cambio, intolerancias parciales o transitorias que pueden aparecer en el contexto de algunas enfermedades.
Por eso, ante síntomas compatibles, la indicación no debería ser cambiar por cuenta propia la alimentación del bebé, sino consultar con un profesional que pueda determinar cuál es la causa.
Cómo se diagnostica y qué pasa con la lactancia materna
El diagnóstico de APLV comienza con la historia clínica y la evaluación de los síntomas. En las formas inmediatas, el especialista puede determinar la presencia de anticuerpos IgE específicos contra las proteínas de la leche de vaca.
En las formas tardías, el procedimiento es diferente. Según explicó López, suele indicarse una dieta libre de proteínas de leche de vaca durante un período temporal de entre dos y cuatro semanas, seguida de una reintroducción para confirmar o descartar el diagnóstico. Este proceso debe realizarse bajo supervisión médica.
La APLV también puede presentarse en bebés que reciben exclusivamente leche materna, aunque es menos frecuente.
En estos casos pueden aparecer síntomas debido a la exposición a proteínas de leche de vaca presentes en la alimentación de la madre y que pasan a la leche materna.
En términos generales, la APLV es una condición benigna y transitoria. La mayoría de los niños logra superarla durante los primeros años de vida, aunque el seguimiento permite determinar la evolución de cada caso y decidir cuándo y cómo realizar las reintroducciones alimentarias.
Cuando el tratamiento requiere eliminar las proteínas de leche de vaca, el objetivo es hacerlo sin comprometer la nutrición del bebé.
La AAAeIC señala que, cuando sea posible, la lactancia materna continúa siendo la primera recomendación. Cuando esto no resulta posible, existen fórmulas medicamentosas especialmente diseñadas para los casos de APLV.
Además, la información difundida por la entidad científica señala que la microbiota intestinal de los lactantes con APLV puede diferir de la de los bebés sanos.
En aquellos que necesitan fórmulas medicamentosas, existen opciones que incorporan prebióticos y probióticos destinados a modular esa microbiota.
Una campaña nacional para facilitar el diagnóstico
En este contexto, la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica lanzó una campaña nacional para favorecer la detección temprana de la APLV.
La iniciativa contempla consultas gratuitas, virtuales o presenciales, con profesionales de distintas partes del país, principalmente médicos especialistas en alergia.
Las familias pueden ingresar a la página y completar un breve cuestionario orientador sobre los síntomas del bebé y reservar una consulta con el especialista más cercano.
Según informó la AAAeIC, los turnos corresponden a la semana del 7 al 11 de septiembre de 2026, en el marco de la Semana de la APLV.
El objetivo de la campaña es reducir las demoras en el diagnóstico y facilitar una evaluación especializada cuando existen signos compatibles.
La entidad remarcó que un diagnóstico adecuado permite identificar a los niños que realmente necesitan tratamiento y evitar tanto el subdiagnóstico como el sobrediagnóstico.
Para las familias, la recomendación es no interpretar automáticamente cualquier síntoma digestivo o cutáneo como una alergia alimentaria. Pero tampoco ignorar manifestaciones persistentes o que generen preocupación.
La evaluación profesional permite establecer si existe una reacción a las proteínas de la leche de vaca, diferenciarla de otras condiciones y definir el tratamiento más adecuado para cada bebé, preservando al mismo tiempo su crecimiento, nutrición y calidad de vida.
Fuente: El Litoral

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