Los agravios, las chicanas y las políticas del miedo superan a las propuestas y programas que escasean y ocultan el verdadero significado de estas elecciones. Por Eduardo Lucita.

Ya es un lugar común decir que en estas elecciones presidenciales se enfrentan dos proyectos de país. Unos postulan que están en pugna dos modelos, otros más modestos se preguntan: ¿se votará con el bolsillo o por los valores?

Quienes piensan que se votará con el bolsillo enumeran no sin razón que el gobierno de Mauricio Macri cerrará su período con una inflación del 250%, una suba de tarifas del 550%, un tipo de cambio que creció 400% y un incremento salarial del 200%. Una pérdida de poder adquisitivo de los ingresos populares más que significativo y que explica por sí solo la caída de la demanda.

Por el contrario quienes ponen el acento en los valores señalan la verdad, la transparencia, la libre expresión y el respeto a las instituciones. Todas «virtudes» propias de un sistema republicano afirmado en la independencia de los poderes -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- de difícil comprobación y en la noción de ciudadanía, que hace iguales ante la ley a quienes en realidad no lo son. De la situación concreta de la gente poco y nada.

Modelos

¿Qué modelos se enfrentarían? El oficialismo propone un modelo mercadocéntrico, donde el mercado es el mejor asignador de recursos y la medida de valor de todos los valores, fuente de libertad para el movimiento de capitales (ninguna traba al proceso de acumulación) y para las personas (individualismo, emprendedurismo, meritocracia).

Por el contrario la oposición -en esto no hay muchas diferencias entre lo que proponen el Frente con Todos y Consenso Federal- propone poner plata en los bolsillos de la gente (recomposición de salarios, jubilaciones y pensiones, planes), estimular la demanda interna, recuperar puestos de trabajo para una mejora progresiva en la distribución de los ingresos y un Estado que regule los movimientos económicos. Conviene recordar que en el gobierno anterior se mejoró la distribución del ingreso.

El valor del dólar pareciera poder definir el resultado electoral. Para el macrismo es central mantener la tranquilidad cambiaria hasta octubre, por eso mantiene artificialmente la actual cotización. Por el contrario para la oposición el tipo de cambio está atrasado y se supone una devaluación mejoraría sus posibilidades electorales. Si realmente el tipo de cambio terminara definiendo la elección presidencial hablaría muy mal de la sociedad argentina y de sus votantes.

Centro ¿qué centro?

La pugna entre las dos principales fuerzas con posibilidades de triunfo -Juntos por el Cambio y Frente con Todos- prefigura una fuerte polarización, se supone sumarán cerca del 80% de los votos en las próximas PASO. La vulgata periodística nos dice repetidamente que el fortalecimiento de los extremos -centro-derecha / centro-izquierda- vació de contenidos al centro, Consenso Federal. No reparan en que solo el fuerte corrimiento a derecha del oficialismo -se ha alineado con los mayores exponentes del neoliberalismo de nueva generación a nivel mundial- permite caracterizar de centro o centro izquierda a las principales fuerzas opositoras.

Todos estos contendientes, incluso pequeñas fuerzas a la derecha del oficialismo se mueven en un escenario sin que ninguno se atreva a sacar los pies del plato. La izquierda anticapitalista -FIT-Unidad y Nuevo MAS- proponen políticas disruptivas para sacar al país de la profunda crisis que lo consume. Lo primero que proponen es salirse del acuerdo con el FMI y no pagar o suspender los pagos de la deuda hasta investigarla. Por el contrario para las opciones mayoritarias se trata de renegociar el acuerdo con el FMI, ¿pero a cambio de qué? De las reformas laboral, previsional y impositiva.

Aún cuando se logre acordar con el Fondo, ¿qué harían con la deuda privada? Recordar que se cayó en el Fondo por no poder pagar la deuda en bonos. Ahora hay que sumar las dos.

Lo que está en juego

Punto de quiebre, momento bisagra, tiempo de definiciones, así caracterizan distintos analistas este proceso electoral que iniciará en agosto y culminará en octubre, o eventualmente en noviembre.

¿Qué es lo que está en juego? En lo coyuntural dos posiciones están en disputa. Desde los trabajadores y el conjunto de las clases subalternas se necesita un shock redistributivo, que recupere lo perdido por los salarios, las jubilaciones y pensiones, los diversos planes sociales, como base para reactivar la economía y la creación de empleo. Por el contrario el capital se encuentra en la necesidad de imponer un fuerte retroceso a los trabajadores y sectores populares -en sus ingresos, en sus condiciones de trabajo, en las condiciones en que reproducen su vida y su existencia- para poder relanzar el proceso de acumulación y reproducción de capitales en una economía que está estancada hace cuatro años.

Pero no se trata solo de la coyuntural, hay una perspectiva estratégica. En el caso de la fórmula Fernández-Fernández no aparece con claridad, mientras que para Macri-Pichetto es la reestructuración completa de la economía, el establecimiento de una relación de fuerzas duradera favorable al capital y la inscripción en las tendencias regresivas que el neoliberalismo va imponiendo en la región.

Pierre Dardot y Christian Laval en su reciente artículo «Anatomía del nuevo liberalismo» nos explican que no se trata solo de políticas monetaristas o conservadoras que buscan cristalizar las desigualdades, «sino de una racionalidad política que se ha vuelto mundial y que consiste en imponer por parte de los gobiernos, en la economía, en la sociedad y en el Estado, la lógica del capital hasta convertirla en la forma de las subjetividades y la norma de las existencias».

Es esto lo que está en juego y sobre lo que hay que posicionarse en las próximas elecciones.

Con información de AnRed

 

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