La mayor parte, que proviene de India, China y España, soporta desde políticas de persecución, restricciones, bullying hasta prisión. El accionar de los “caza migrantes”. Las amenazas de Marco Rubio.
Por Andrés Gaudín / Tiempo Argentino
Después de un año lectivo en el que hasta la excelencia de universidades como las de Harvard o la Tecnológica de Massachusetts fue puesta en duda, y “bombardeada”, por el académicamente insuficiente presidente Donald Trump –traba en las condiciones de ingreso al país y durabilidad de las visas de los futuros alumnos, quita de partidas presupuestarias, avances sobre su autonomía–, Estados Unidos pasó a tomar a los estudiantes extranjeros como migrantes y por tanto como blanco de una cacería que, hasta ahora, se había centrado en los trabajadores llegados desde los países de América Latina. En consecuencia, registró un retroceso histórico del número de estudiantes del exterior en sus casas de altos estudios.
En países como China, la potencia de Oriente, las familias que se disponen a enviar a sus hijos a estudiar en la potencia de Occidente generaron la necesidad de crear academias que preparen a los jóvenes para enfrentar las dificultades que les esperan en su nueva vida. El dato es relevante, porque el año pasado China fue el segundo país de origen de los estudiantes internacionales, sólo superado por India. En 2025 la cifra se redujo a casi 270 mil alumnos, un 4% menos que en el período anterior.
La política de persecución de los migrantes aplicada desde apenas asumió su segundo mandato, en enero de 2025, tuvo una notable repercusión en las universidades. A muchos de sus estudiantes –miles, denunció la Stop AAPI Hate, una entidad que rastrea incidentes de odio y discriminación contra estadounidenses de origen asiático– se les revocaron las visas o se limitó su duración a cuatro años. A ello se suma la brutalidad de los comandos caza migrantes, que han derivado en encarcelamientos arbitrarios, deportaciones y en la muerte. Es en este contexto que las familias chinas que se plantean enviar a sus hijos a los claustros norteamericanos toman precauciones para que los futuros alumnos sean capaces de hacer frente a situaciones inesperadas.

Maltrato
Más allá de secuestros, estafas, robos y bullying, las violentas acciones de los comandos son la primera preocupación. Según el diario South China Morning Post, los campamentos de verano de preparación para el ingreso a las universidades se han convertido en algo normal, siempre con la consigna de “ofrecer herramientas para que los jóvenes puedan actuar con tranquilidad en entornos cotidianos, como las aulas o las residencias estudiantiles”. En un aviso publicado por el matutino, una academia ofrece un simulacro de secuestro basado en la experiencia de quien fuera su víctima, “en el que se reproducen las tácticas y los procedimientos de aplicación de la ley de los comandos caza migrantes, preparando a los participantes para responder con eficacia a redadas repentinas”.
La información sobre las prácticas propias del terrorismo de Estado que imperan en Estados Unidos llega a los ciudadanos comunes de China con todos sus detalles. Sorprende y atemoriza que a la vía libre dada por Trump a los agentes represores, se hayan agregado nuevas facultades para ejecutar redadas en escuelas, academias, universidades, centros médicos, lugares de culto o ceremonias privadas como funerales, bautismos y casamientos. Los datos muestran cómo está cayendo el porcentaje de estudiantes chinos que optan por Estados Unidos para su formación universitaria. Sobre el total de estudiantes matriculados el índice disminuyó del 30,9% en 2024 a un 21,2% en el último año, mientras crecen otros destinos, como el Reino Unido o Australia.
La situación se repite en otros países. En España, situado entre los mayores exportadores de estudiantes en los programas de intercambio con Estados Unidos, se registró en 2025 una tendencia al descenso del 7%, según certificó el Council on Standards for International Educational Travel. La privada Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero avala esos datos y agrega que se observa un marcado interés por estudiar en otros países, en especial en Canadá o Irlanda. Alemania es otro caso. El país registró una caída del 34% de los solicitantes para programas de intercambio con EE UU para el período 2026/27.
La guerra de Trump es contra la cultura, la “cultura woke” dice él para referirse a todo lo que huela a progresismo. De ahí su ataque a las universidades, a las que ve como un foco infeccioso porque en ese ámbito se condenan el genocidio palestino y el bloqueo a Cuba. Ahora también eliminará una política vigente desde los inicios de la postguerra, que permitía a los estudiantes extranjeros, los participantes en programas de intercambio y los periodistas a permanecer en el país durante el tiempo necesario para concluir su tarea. A partir de ahora los estudiantes tendrán un límite de cuatro años y los periodistas 240 días, salvo que trabajen para un medio de China. Si son chinos sólo podrán permanecer 90 días (tres meses). La medida restrictiva y persecutoria entrará en vigencia el 15 de setiembre.
Como los aranceles con los que castiga a la economía mundial, como todas las guerras que se ha inventado, como la cacería de migrantes, en este capítulo de su odio y su paranoia el tiro también le salió por la culata al presidente y comandante en jefe.
Tres datos que ya no se podrán considerar después del 15 de setiembre grafican la estrechez mental presidencial: 1) son algo más de 1,1 millón de estudiantes extranjeros; 2)inyectaron 43.800 millones de dólares a la economía norteamericana y ayudaron a mantener 378 mil puestos de trabajo; 3) no es bueno comprobar que por primera vez India supera a China como principal país de origen de los jóvenes extranjeros que maman la cultura occidental en claustros norteamericanos.
Un último dato que sí habrá que considerar, y que llegó a conocimiento del mundo por boca del canciller Marco Rubio. Desde ahora, todos los solicitantes de visa estudiantil deberán desbloquear sus cuentas de redes sociales para que los servicios de inteligencia lleguen hasta la intimidad del color de los calzoncillos del odioso extranjero. Dijo Rubio: “Sepan que los funcionarios consulares estarán atentos a publicaciones y mensajes que, a su juicio, puedan considerarse hostiles a Estados Unidos, su gobierno, su cultura, sus instituciones o sus principios fundadores”.

Si entre ellos mismos se descalifican…
Una semana pasó desde que el Pentágono y la plana mayor de la DEA (Drug Enforcement Agency) descalificaran al presidente Trump ante dos comisiones del Congreso, acusándolo de mentir y dar datos falsos sobre los resultados de su campaña de asesinatos de presuntos narcotraficantes que, en realidad, sólo eran pescadores y lancheros. Una semana, y esta vez no actuó con la presteza habitual, descabezando a los criticones internos, más aún cuando se trata de agentes relacionados con el área de la seguridad imperial. Ciertos sectores de los medios norteamericanos dicen que no apeló a la mano dura ante el temor a desatar una crisis inmanejable en alguno de esos organismos. Lo cierto es que la primicia que The Washington Post dio el lunes 27 no ambientó ningún comentario de la Casa Blanca. Evaluaciones de la DEA y reportes presentados al Congreso por el Pentágono –aseguró el diario en su portada– concluyeron que la Operación Lanza del Sur, impulsada por Trump, no redujo el flujo de cocaína pese al bombardeo a lanchas sospechosas y tampoco cambió ni la disponibilidad ni el precio de las drogas. Sólo obligó a los carteles a modificar sus rutas. Las conclusiones chocan con las reiteradas afirmaciones de Trump que en unas quince veces aseguró que la operación militar “redujo el narcotráfico marítimo entre 97% y 98%”. En abril pasado, en medio de un orgasmo informativo en Truth Social, exclamó que “¡el 98,2% de las drogas que entraban por mar se ha detenido!”.
De setiembre de 2025 a julio de 2026 el Pentágono atacó a 67 embarcaciones, con un saldo de 261 muertos. El análisis elevado al Congreso dice que los traficantes redujeron el uso de lanchas rápidas y recurren cada vez más a barcos comerciales, rutas costeras y vuelos desde pistas clandestinas de Venezuela y Colombia hacia Guyana y Surinam. En una sesión a puertas cerradas del Comité de Servicios Armados del Senado, funcionarios del Pentágono informaron que la cocaína decomisada mantiene altos niveles de pureza, indicador de que el suministro sigue estable. La DEA, por su parte, reportó que el precio de la droga en Florida oscila entre 13 y 15 mil dólares el kg, otro indicio de que la oferta no se ha reducido.

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