Según la investigación, el Gobierno argentino tiene intenciones de ofrecerle de forma exprés una residencia permanente o incluso la ciudadanía. Aunque fue negado por voceros, trascendió que la Casa Rosada trabaja en la creación de un “pasaporte dorado” para quienes realicen grandes inversiones.

El experimento de control social con bases de datos estatales al servicio de la ultraderecha gobernante no sería el único objetivo por el que el magnate Peter Thiel, presidente de Palantir Technologies, decidió desembarcar y radicarse en la Argentina. Según un artículo publicado por el New York Times, titulado “¿Por qué Peter Thiel se muda al fin del mundo?”, el empresario buscaría destinos seguros ante las posibles amenazas que atormentan a los estadounidenses, desde una guerra nuclear hasta el desarrollo descontrolado de la inteligencia artificial, y también tomar distancia de un riesgo más concreto, más remoto y menos trágico para el común de los mortales: la posibilidad de que apliquen en California un impuesto del 5 por ciento sobre el patrimonio de los multimillonarios.

La decisión de Thiel de dejar sus casas de Los Ángeles y Miami para establecerse en nuestro país “se debe en parte a la preocupación por el futuro de Estados Unidos y a sus creencias compartidas con el líder de derecha argentino”, arriesga la publicación neoyorkina, en referencia al presidente Javier Milei. El hombre nació en Alemania, se crio en Estados Unidos, pero también obtuvo la ciudadanía neozelandesa en 2011 y solicitó un pasaporte maltés en 2022. La Argentina sería “otro plan B”, como “medida de precaución ante una posible amenaza” a la potencia imperial, según “dos personas cercanas a él”, que según el NYT no respondió a las consultas.

El artículo arranca relatando la presencia de Thiel como un hombre común que se entretiene en un club de ajedrez de Buenos Aires y recuerda que en los últimos dos meses (llegó a Buenos Aires en abril) se reunió Milei, con sus ministros, compró una mansión en Barrio Norte y ofreció una cena a economistas locales “donde habló sobre el Anticristo, uno de sus temas de conversación favoritos”.

Precisa que, a poco de llegar, Thiel y su esposo, Matt Danzeisen, cenaron en la casa del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y Thiel se reunió por separado con el de Economía, Toto Caputo. Junto con el también multimillonario y socio de su firma de capital de riesgo, Founders Fund, también se reunieron con Milei en la residencia presidencial de Olivos. “Fue un anarcocapitalista quien conoció a otro anarcocapitalista que está dando vida a las cosas”, resumió el anfitrión en un canal amigo.

El mes pasado recibió en su mansión a “influyentes economistas e intelectuales argentinos” para “debatir sobre la historia y la economía del país, antes de que la conversación derivara hacia el Anticristo, según tres personas familiarizadas con la reunión”. “Algunos de los asistentes no sabían qué pensar de las reflexiones apocalípticas de su anfitrión sobre una entidad que, según había advertido en sus conferencias, podría establecer un gobierno mundial totalitario, pero escucharon con atención”, relata el NYT.

Más allá de la identificación con Milei, con quien comparte “una aversión a los impuestos, al socialismo y al ‘woke’, etiqueta negativa que los críticos utilizan para describir la política progresista”, la publicación recuerda que Thiel se opuso de forma vehemente a pagar impuestos en Estados Unidos, y se interesó más en la Argentina luego de que grupos políticos californianos empezaron a debatir una iniciativa popular para aplicar un impuesto del 5 por ciento sobre el patrimonio de los multimillonarios radicados en ese estado.

La única inversión conocida de Thiel en la Argentina es hasta ahora en bienes raíces personales: la casa que compró en el selecto Barrio Parque. El NYT apunta que también compró un terreno cerca de Punta del Este, en Uruguay, que “podría incluir un búnker para protegerse de un apocalipsis nuclear”. Total normalidad.

Fuente: Página 12

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