Generación Nietes

La dictadura les arrebató la posibilidad de conocer a sus abuelos y abuelas, pero también heredaron la militancia. Les Nietes atraviesan el dolor y toman la posta en la defensa de los derechos humanos. El feminismo, las luchas actuales y el sueño recurrente de cambiar el mundo.

por Lautaro Romero / Revista Cítrica

¿Qué harías si no supieras realmente quién es tu familia, quiénes son tus abuelos? ¿Si conocieras sólo una parte de la historia, y tuvieras la necesidad imperiosa de reconstruir el rompecabezas? ¿Si te atravesara el dolor? ¿Qué harías con esa herida? ¿Si lo personal se transformara naturalmente en algo político? Casi una responsabilidad histórica.

Cientos de jóvenes pertenecientes a la tercera generación de familiares de las más de 30 mil personas que exterminó la última dictadura en Argentina, hallaron la respuesta al juntarse y reconocerse con otres pares. Al sentirse Nietes, y darle vida a un espacio que en poco tiempo se convirtió en una gran familia con sentido colectivo, y con historias cargadas de ausencias, violencias y voces que jamás se escucharán, de cuerpos que aún resta encontrar.

Plaza de Mayo, marzo de 2021. 

En algunos casos es la primera vez que les Nietes se ven en persona.

La pandemia hizo que la mayoría de las charlas y los intercambios fueran virtuales. Eso les permitió conectarse y rastrear a más de cien Nietes alrededor de todo el país, con un rango etario que va desde los diez hasta los treinta años. Por Zoom. WhatsApp. Instagram. Les sacaron el jugo a las redes sociales. Se organizaron en comisiones (de comunicación, redes, diseño), hicieron cursos de formación junto a otros organismos de DD.HH. para saber cómo expresar lo que sentían, y de qué forma aportar a la causa. Se regionalizaron.

“Todes en algún momento de nuestras vidas queríamos que exista esta organización porque te da un sentido de pertenencia. Surge en 2019, en pleno gobierno de Mauricio Macri. Un gobierno negacionista, neoliberal. Somos juventud, crecimos en plena democracia, no conocíamos lo que era que te digan ‘no fueron 30 mil’, el 2×1, la impunidad a los genocidas, que digan que los organismos de derechos humanos curran. Teníamos que organizarnos. Ahora pensamos en accionar en el territorio. La lucha no es solo de los familiares, sino del pueblo argentino”.

Victoria Prigoyi Baglietto usa un barbijo verde. Al igual que algunas de sus compañeras, lleva puesta una remera blanca con letras negras y bordes verdes que dice “Nietes”. Hicieron las remeras para recordar lo inolvidable: el día que se aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el 30 de diciembre pasado. En cada manga, la silueta del pañuelo blanco y verde.

«Somos una generación que rompe con algunos silencios que estaban establecidos, como las relaciones de género, de identidad, el feminismo».

Victoria tiene 24 años, vive en Capital y estudia profesorado de Historia. Es nieta de Carlos Alberto Baglietto y Stella Maris Edén. Los militares les desaparecieron y asesinaron en 1975. Ambos eran Montoneros. Antes, en 1974, a su abuelo lo fusilan. Increíblemente sobrevive a 14 disparos. Desaparece. Victoria no sabe lo que le ocurrió durante ese año, sólo que vivió en la clandestinidad. En el ‘75 lo capturan de nuevo. No lo vuelven a ver con vida.

“Hay un montón de hostigamiento. A las Abuelas les tiraban los caballos en la cara, a nosotres nos llegan amenazas por las redes sociales: fotos del Falcon verde, nos dicen que somos carne para perro. Nos cuidamos entre nosotres. Sabemos que mientras más nos exponemos, hay más consecuencias. Pero nosotres buscamos construir desde el amor, nunca desde el odio. Eso es lo que más les molesta. La política no es una mala palabra”, dice Victoria.

Les Nietes caminan alrededor de la Pirámide, construida allá por 1810. “Es muy fuerte y lindo estar acá”, dicen. Resulta difícil no establecer la analogía: Plaza de Mayo, Madres, Abuelas, sus pañuelos, la ronda de los jueves, el Golpe de Estado, los militares, 30 mil.
Es un viaje en el tiempo. 

“Sabemos muy poco – cuenta Victoria-. Desde chica mi vieja –militó en la agrupación HIJOS– me contó la historia de mis abuelos. Mamé todo lo que tiene que ver con esta lucha. Siempre me sentí anormal por no haberles conocido. La sensación de que te hayan quitado la posibilidad de criarte con tus abuelos es un dolor compartido. Buscamos interpelar a nuestros pares, que duden de la identidad. Faltan más de 300 nietos y nietas. Es un derecho. No conocen su historia, no saben quién es su verdadera familia”.

«En la E vemos esa inclusión. Queremos que la gente sepa que hubo gente desaparecida por ser travestis y homosexuales, por no seguir la ‘norma’».

Lara Hueravilo siempre supo que sus abuelos, Mirta Mónica Alonso y Oscar Lautaro Hueravilo, estaban desaparecidos. Se los llevaron el mismo día, el 19 de mayo de 1977. Su abuela estaba embarazada. Cuando tenía 10 años, Lara empezó a reconstruir la historia a partir de documentos que sus abuelos habían guardado e información que recuperaron sus padres.

“Mi papá, Emiliano Hueravilo, nace en la ESMA, en cautiverio. Existe la teoría que a mi papá lo dejaron en Casa Cuna con un papelito escrito a máquina de escribir con su nombre, apellido y la fecha de nacimiento. Quizás mi papá no cumplía con las expectativas de nietes apropiades. Mi abuelo era chileno, mi abuela descendiente de españoles. Mi papá tenía rasgos chilenos. Otra teoría es que mi abuela, al momento del parto, le hace una marca en la oreja con un tipo de alambre; entonces todas las personas que habían asistido al parto podían reconocer a mi papá. Después de dos o tres semanas, a mi abuela la separan de mi papá. No se sabe qué pasó con ella, si fue víctima de los vuelos de la muerte. Simplemente desaparece. Figura que la trasladan. De mi abuelo aparece un registro de ser llevado a la ESMA y de no haber salido de ahí. Está la suposición que murió en la zona de tortura”.

El relato es de Lara, 20 años, de La Plata. Su relación con la militancia y las causas que la interpelan: “Siempre estuve rodeada de un ámbito militante, eso me llevó a querer saber más de mi historia y militar por mis abuelos. También milito por las causas actuales. Me mueve el feminismo, hacer una apertura más grande de los derechos humanos. No sólo de lesa humanidad. Las personas deben entender que es algo que no les pueden quitar el derecho a una vivienda, a la salud pública, a una ley ambiental, una ley que les permita reconocerse como elles quieran. Militar es como respirar para mí. No lo puedo desaparecer. Hay que trabajarlo transversalmente con la historia. Hacer justicia para que no se vuelva a repetir”.

Sus abuelos: “Militaban por cambiar un mundo, con la responsabilidad que conlleva eso. Dieron su vida por ese cambio. Sin embargo, se trata de romper con el estereotipo de la persona desaparecida como una víctima inocente. Tratarlos como víctimas de ese genocidio es contar sólo una parte de la historia. Ellos sabían las consecuencias y se arriesgaron. No podrían haber hecho otra cosa. Lo llevaban en la sangre”.

El posicionamiento de llamarse Nietes:

Lara: “Abarcamos a disidencias, a hombres cis, a lesbianas, transexuales. Nos representamos como un espacio diverso que defiende la diversidad. Siempre tratamos de buscarle la relación. Recurrimos a libros, a información que tenemos, académicos que han escrito sobre el exilio. Hay dos compañeras que descubrieron que sus abuelos se habían exiliado juntos. Eso forma un vínculo más fuerte con el otre, casi espiritual. Creo que si no nos encontrábamos ahora, iba a ser más adelante. El espacio toca heridas profundas en algunas biografías. Entendemos que a veces quizás no sea el momento indicado para militar, pero sí para conocernos y ser parte del espacio. Somos una generación que rompe con algunos silencios que estaban establecidos, como las relaciones de género, de identidad, el feminismo. Los femicidios nos golpean bastante fuerte. No podemos comprenderlo. Militamos para poder aportar nuestro grano de arena y ponerle una pausa. No puede ser que en democracia sigan desapareciendo personas, que el Estado no ofrezca herramientas sustentables para las mujeres y disidencias que sufren violencia de género”.

Victoria: “El lenguaje no es ingenuo ni apolítico. Es una cuestión social y cultural que se va modificando según lo que exige la sociedad. En la E vemos esa inclusión. Queremos que la gente sepa que hubo gente desaparecida por ser travestis y homosexuales, por no seguir la ‘norma’. Hablamos de desaparecides y detenides en la dictadura por su condición de género, por ser quienes eran. Hablamos de 400 disidencias perseguides”.

 

A Karen Maidana le falta reconstruir una parte de la verdad sobre la desaparición de Orlando Víctor Galván, en 1977. Sabe dónde se lo llevaron, pero no dónde lo tuvieron detenido los dictadores. Karen vive en Caseros, desde que nació participa de las marchas y gracias a Nietes pudo acomodar algunas piezas para saber un poco más sobre lo que ocurrió con su abuelo.

“En 2010, sus restos fueron restituidos a mi familia, gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense. Su cuerpo apareció en Berisso. Hace un tiempo tuvimos un encuentro con HIJOS de Berisso, donde me enseñaron un libro donde aparece mi abuelo. Buscamos eso, información. La idea es armar un banco de datos, quiero saber dónde estuvo mi abuelo. Hay muchas conexiones. Por los apellidos. Tenemos la responsabilidad histórica de seguir con esta lucha. Las Abuelas están grandes, nos toca a nosotros. Qué mejor manera de hacerlo en este presente, en el que hay muchas luchas. Repudiamos todo aquello que consideramos injusto”,  dice karen.

«Tenemos la responsabilidad histórica de seguir con esta lucha. Las Abuelas están grandes, nos toca a nosotros»

Lola Rosales escucha con atención. Tiene 16 años, es nieta de Héctor Rosales, desaparecido en 1978; y también se sumó a la organización para encontrarse un poco más con su familia. Cuenta que él militaba en Montoneros y que su abuela murió por depresión. Es lo único que sabe.

A su lado está Juana Robles, de 17 años. Luce el pelo de varios colores. Su cabeza va en efecto degradé, desde el negro, violeta hasta llegar al verde. En su muñeca conserva un pañuelo ya raído, que recuerda las batallas en las calles a flor de piel para que el aborto fuera ley.

Es nieta de Gastón Robles, quien fue Ministro de Agronomía durante la fugaz presidencia de Héctor Cámpora. Los militares también desaparecieron a su abuela Flora Pasatir. “Estudió Letras. Mientras estuvo detenida en Campo de Mayo recitaba poesías para tranquilizar a las otras mujeres. Ambos eran militantes de Montoneros. Tuvieron dos hijos: Raquel Robles y mi papá, Mariano Robles. Él milita en HIJOS. Toda mi vida estuve rodeada de militancia, de historias de lucha. Esta experiencia produjo un cambio radical, un cambio de conciencia”.

De repente, Juana interrumpe su relato. Quiebra la voz. Le tiemblan las manos: su segundo nombre es Flora. Como su abuela. Toma aire, mira a su alrededor y respira. No está sola. Ve un parentesco. Como si les conociera de antes. Y se permite soñar, con la revolución, con la posibilidad de encolumnarse el próximo 24 de marzo y marchar hasta Plaza de Mayo junto a les Nietes.

Para tomar posición y hacerle frente a los problemas actuales del mundo. Igual que sus abueles.

Compartí la nota

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *