El gobierno británico desestimó los anuncios de Milei al atribuirlos a la política interna y ratificó su presencia militar permanente en el Atlántico Sur.
La respuesta del gobierno británico al discurso por cadena nacional de Javier Milei no se hizo esperar y llegó con un endurecimiento explícito de su postura militar. A pocas horas de la alocución presidencial, el vocero del primer ministro Andy Burnham confirmó que las Fuerzas Armadas británicas se encuentran en «estado de alerta las 24 horas del día, los 7 días de la semana» para tutelar las Islas Malvinas y resguardar los intereses estratégicos de Londres. Desde el Palacio de Whitehall ratificaron que el despliegue bélico en el archipiélago se mantendrá de forma indefinida bajo el histórico pretexto de la autodeterminación de los pobladores locales.
En términos diplomáticos, la administración del Reino Unido buscó bajarle el precio al reclamo argentino encuadrándolo como una maniobra de consumo doméstico. El secretario de Estado de Defensa, Wes Streeting, sostuvo en sus redes sociales que la alocución oficial «dice más sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas», al tiempo que reafirmó que el territorio insular seguirá siendo británico mientras sus habitantes así lo elijan. El mensaje oficial fue publicado junto a una fotografía del funcionario colonial en el Monumento de la Liberación, donde se rinde homenaje a los soldados ingleses caídos en 1982.
En sintonía con la posición de la metrópoli, el presidente de la ilegal Asamblea Legislativa de las islas, Jack Ford, celebró el «compromiso absoluto e inquebrantable» de la corona con la ocupación del Atlántico Sur. El dirigente isleño remarcó que la condición colonial de la población no sufrirá variaciones y respaldó el reforzamiento de la vigilancia británica en la zona en disputa. La alineación automática entre la administración usurpadora y el Ministerio de Defensa inglés cerró filas frente a cualquier intento de cuestionar el estatus territorial.
De esta manera, el escenario posterior al mensaje de la Casa Rosada dejó al descubierto la inflexibilidad de la diplomacia anglosajona, que respondió con la retórica del garrote militar y el rechazo a cualquier mesa de negociación bilateral. Mientras desde la Argentina se intenta reinstalar la causa en la agenda pública, el Reino Unido responde apelando al blindaje defensivo de las islas y a la defensa irrestricta de su enclave colonial en el Atlántico Sur.
Fuente: Tiempo Argentino

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