Desafiando las tradiciones y las costumbres agropecuarias conocidas, dos hermanos ingenieros agrónomos montaron hace 4 años el único viñedo que se conoce en el extremo santafesino. El emprendimiento, hoy conocido como Viñas “El Ñato”, es obra de Gustavo (59) y José Ángel (65) Recupero, de la localidad de Carreras, en el departamento General López.

La experiencia de incursionar en el mundo del vino, hace rato que en el país dejó de ser algo exclusivamente de zonas como Mendoza y San Juan, porque no es secreto que llega a producirse incluso en zonas linderas al mar. Lo cierto es que los hermanos Recupero, siguieron el concejo del enólogo Ariel Angelini, otro carrerense que hoy vive y trabaja en la región de Cuyo y ya cosechan su propia siembra.

Para el especialista, tanto en Carreras como muchos lugares cercanos, están dadas las condiciones si se tienen en cuenta experiencias similares –que son históricas- en Francia y España. Eso los motivó para empezar el 29 de diciembre del 2016 con el montaje del predio de una hectárea, donde hay cerca de 800 plantas de las que esperan obtener entre 1000 y 1200 litros de vino.

Muchos de los 2000 habitantes del pueblo, más allá de asombrarse por el proyecto aportaban su cuota de colaboración. “Cada vecino que pasaba, hacia un pozo”, grafica a este medio José Ángel, conocido popularmente como “Lito”.

Este es para ellos el cuarto experimento en el mundo de las bebidas artesanales y claro, siempre con el vino. Los tres primeros fueron con uvas “prestadas” y bautizaron el producto con “Ajeno”, siguieron con “Crespón”, “Ventarrón” y ahora con “Prisionero”, cuyo nombre no es ninguna casualidad.

Se parió en pleno inicio de la pandemia de COVID-19 y fue un poco lo que significó cuidar desde marzo hasta diciembre al vino mientras iba tomando forma. Es el debut oficial con 20 litros, que si bien no se comercializa hasta tanto estén aprobadas las correspondientes certificaciones, ya está en manos de su círculo íntimo para probar y luego sacar conclusiones.

Cuidado intenso

“Lito”, cuenta a El Litoral que recuerda haber visto a sus abuelos –inmigrantes-, practicar en el mundo del vino artesanal en el propio Carreras. Y que incluso, da fe de varias plantaciones de uvas traídas desde Mendoza en tren que llegaban a ocupar “hectáreas”. Aunque la cuenta pendiente es no saber el color, la textura y el sabor de esas elaboraciones.

El hombre, que hoy pasa cerca de 12 horas diarias en su viñedo, explica que hasta llegar a la primera cosecha, las plantas tardan cerca de 3 años en dar los primeros frutos y que por eso es reciente la cosecha. En total, demora una década en llegar a la plena producción.

Lo llamativo del planteo, es que las dos primeras plantaciones están pensadas en forma de triángulos que tienen los mismos ángulos de las pirámides de Egypto (51, 51 y 14). “Hay estudios que dan cuenta que así reciben mayor energía las plantas. Evolucionan más rápidamente”, aclara. De hecho, remarca que la conducción de esta vid es siguiendo el modelo Gobelet, donde la forma de la planta se asemeja a una “V”: las ramas se atan arriba para que el sol pueda entrar de todos lados y la uva tenga más azúcar. Luego hay dos espacios más, pero con un esquema táctico circular.

Entre las variedades que se encuentran en el suelo de Carreras hay Chardonnay blanco, Cabernet Sauvignon, Ancellotta, Bouquet y Cabernet Franc. De paso, aclara: “La vid tiene dos problemas graves. Por un lado, las hormigas y por el otro la sensibilidad a los herbicidas. Después no hay problemas”, para luego agregar que ya tuvo un episodio donde las plantaciones quedaron expuestas a químicos y tuvieron que volver la producción a foja cero. Era necesario quitar y replantar.

Tinto

Este año se van a enfocar a la producción de vino tinto. La intención además es que se replique la propuesta en otros puntos de la zona, para compartir experiencias e intercambiar ideas. “Para nosotros es todo un desafío. El primer paso ya lo dimos y cuando podamos vamos a seguir agrandando. La evolución de estas plantas es algo que nos atrapa. Son prácticamente como una mascota, requieren de atención, cuidado y cariño permanente”, grafica.

Reconoce que falta cultura para producir en esta región, pero que en su caso particular los conocimientos básicos adquiridos en la Universidad Nacional de Rosario, fueron fundamentales. “A veces vuelo más lejos en la cabeza y pienso que pasaría si expandimos. Pero ahí sería dejar de lado lo artesanal, contar con empleados, otros equipos y mejor estructura. Por lo pronto, vamos a seguir aprendiendo”.

Y cierra: “Lo mejor del vino es compartirlo. Es como el mate. Esto Dios me lo puso en el camino para después de jubilarme. Y acá estoy, aunque me hubiese gustado que me aparezca 10 años atrás. Igual lo hago con pasión. Por eso esto no es trabajo y no me canso”.

La historia

Nuestra vitivinicultura cuenta con más de cinco siglos, integrando los saberes de los pueblos originarios con la tradición de los inmigrantes europeos y representa la industria del sector más importante de América del Sur. El vino en Argentina comenzó a producirse en Santiago del Estero, a partir de las cepas Moscatel y Uva País, procedentes de España. La expansión de su cultivo siguió de la mano de los jesuitas y hacia 1598 había viñedos en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Misiones.

Mendoza y San Juan devinieron en sitios claves, ya que por allí ingresaban al territorio las vides provenientes de Chile que ya contaba por entonces con una fuerte producción vitivinícola. Años más tarde, Domingo Faustino Sarmiento introdujo la Malbec desde Francia, que si bien en ese país se usaba para hacer de vino de corte (se la mezclaba con otras varietales nada más que para darle color), en el nuestro se aclimató rápidamente con excelentes resultados. Hoy se ha posicionado como la cepa emblemática de la Argentina y cuenta con más de 43 hectáreas plantadas.

Con información de El Litoral

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