La crisis de familias endeudadas en Argentina, como también se ve en gran parte de la región, no es un daño colateral de un modelo, sino la base del sistema, sostiene el sociólogo y filósofo, autor de La gran violencia.
Por Alberto López Girondo / Tiempo Argentino
Vive en Francia desde fines de los ’70 tras escapar a la persecución a militantes de Autonomía Obrera en Italia. Autor de textos en los que indaga sobre la crisis de la clase obrera en el contexto de un capitalismo cada vez más deshumanizante, su último trabajo, La gran violencia. Por qué la guerra y no la revolución, que editó Tinta Limón, da pie para hablar con Maurizio Lazzarato sobre un tema que atraviesa la sociedad argentina y de la región: el de las familias endeudadas. Este es el resumen de un intercambio vía mail con el intelectual francoitaliano.
-¿De qué modo se puede escapar de la trampa de la deuda? Nadie diría que es una consecuencia no deseada de un plan que fracasó.
-Desde 1971, toda la economía occidental se ha construido en torno a la deuda. En lugar del salario, en lugar del bienestar social, los bienes y servicios deben adquirirse a crédito. El primer experimento de la economía de la deuda se llevó a cabo en el Chile fascista de (Augusto) Pinochet y luego se impuso al Sur global. La deuda es una forma de explotación que se suma a la salarial. Nos vemos obligados a pagar los intereses de la deuda, tanto a título individual como nacional, y los pagamos a unos acreedores que, desde 1971, no han hecho más que enriquecerse. La deuda mundial (privada más pública) asciende a 350 billones de dólares, los intereses son 17 billones, lo que da medida de la explotación de las personas y las naciones. Los Estados ya no pueden financiar sus gastos a través del Tesoro, deben recurrir a acreedores privados. De este modo, una parte cada vez mayor del producto de una nación se transfiere a los acreedores privados. La congelación de los salarios y la destrucción del Estado del bienestar obligan a las personas a recurrir al endeudamiento para asegurarse la pensión, la sanidad, la formación o, simplemente, para comer. De este modo, los ingresos de los trabajadores se transfieren a los acreedores. La relación entre acreedor y deudor se suma a las formas clásicas de explotación, como la del capital sobre el trabajo. Para escapar de la trampa de la deuda, lo primero es condonarla. A estas alturas está claro que estas sumas absurdas nunca se pagarán. Lo lógico sería condonar la deuda, pero los acreedores y los Estados que la protegen nunca cederán. Para condonar unas deudas impagables, que conducirán a una enorme crisis financiera, se necesitan relaciones de poder favorables a los deudores que no existen.

-En el libro sostiene que de la crisis de 2008 el capitalismo solo aspira a salir mediante la guerra ¿Hay alguna escapatoria?
-Lo primero es integrar la guerra, ya sea guerra civil o de Estado, en el sistema del capital, es decir, considerar la guerra como un componente fundamental de la economía, porque esta comienza con el uso de la fuerza. La economía es una relación de poder entre propietarios y no propietarios que no viene determinada por la «producción», sino por la sumisión y el dominio impuestos por la fuerza. El ciclo de la economía de la deuda comenzó en los ’70 en Sudamérica, con la guerra civil. La llamada economía neoliberal se construyó a partir de golpes de Estado fascistas y termina con la guerra. La deuda de EE UU es de 80 billones, una cifra insostenible que determina un declive de la hegemonía mundial, de ahí la necesidad de la guerra contra los BRICS. La guerra mundial en curso es, como siempre, el punto álgido del enfrentamiento entre clases y Estados. Habría que estar dentro de ella y en contra de ella. Pero sufrimos la situación sin alternativas porque hemos abandonado el pensamiento estratégico
-Durante su primera gestión se decía que Donald Trump era un “aislacionista”, que MAGA pretendía salvar a EE UU abandonando el imperio. Ahora muchos analistas dicen que con los Archivos Epstein quedó sometido el gobierno de Israel, como en Irán.
-Estados Unidos nunca puede ser aislacionista, porque su poder se sustenta en el dólar como moneda de reserva y de pagos internacional. No puede replegarse a su propio territorio, ni siquiera al continente americano. El dólar es un instrumento del imperialismo y del colonialismo globales. Están dispuestos a todo con tal de no perder «el privilegio exorbitante del dólar».
-En los primeros años de este siglo la región había logrado un nivel de autonomía inédito. ¿Coincide en que la Doctrina Donroe será política de Estado para sus sucesores?
-Sin duda. Estados Unidos es débil. Querrán recuperar el control de «su patio trasero», pero lo único que pueden ofrecer es un dominio absoluto, porque ya no son una potencia industrial, sino financiera. ¿Cómo pueden sustituir a China en el comercio con Sudamérica si ya no producen más que «dólares» y «asientos financieros»? A pesar de esta imposibilidad, generarán un nivel de violencia directamente proporcional a su debilidad industrial.

-Pero Trump plantea la reindustrialización.
-Es imposible porque han destruido los conocimientos y los oficios industriales. Las fábricas de Taiwán que se han trasladado a EE UU han tenido que llevarse también mano de obra. Los ingenieros estadounidenses se dedican al mundo de las finanzas y la especulación y no a la producción.
-¿Que rol augura a China, Rusia, India y los BRICS en este escenario de guerra?
-Los BRICS están construyendo una alternativa radical a la hegemonía de EE UU. Quieren sustituir al dólar, no por una nueva moneda universal, sino por una serie de estructuras descentralizadas para los pagos entre naciones y para la financiación de las inversiones. El eje China, Rusia, Irán está configurando la estrategia de los BRICS y, sobre todo, alimentando las guerras en Ucrania y en Irán. Occidente ya ha perdido y saldrá de estas guerras hecho polvo. Para EE UU no hay muchas alternativas, salvo reavivar continuamente la guerra y generar constantemente caos en el mercado mundial. Pero no cuentan con una producción industrial y militar a la altura de la tarea. La carrera armamentística de EE UU y Europa llega tarde y no creo que sea capaz de revertir el declive irreversible de Occidente. Estados Unidos y Europa pueden, no obstante, causar una destrucción inmensa, porque no quieren aceptar la realidad de las relaciones de fuerza en el mercado mundial.
-¿Europa ya está perdida o hay posibilidad de que encuentre un camino de “salvación”?
-Europa se ha suicidado una vez más. Sus clases dirigentes han aceptado convertirse en una colonia de EE UU y pagar por su declive. Europa sufrirá un nuevo proceso de destrucción de la industria, una crisis energética que la llevará a la ruina. Europa ya está en recesión. Obedece ciegamente las órdenes de Trump y ya ha entrado en la lógica suicida de la economía de guerra. Destrucción definitiva del Estado del bienestar para financiar el armamento para una guerra contra Rusia. No se entiende si son estúpidos o están completamente sometidos a la voluntad estadounidense. Cualquier cambio pasa por la eliminación de estas clases dirigentes que la están llevando al desastre económico.
