Miles de estudiantes, trabajadores y Chalecos Amarillos ganaron las calles en todo el país para repudiar el ahogo económico del gobierno de Emmanuel Macron, en una movilización masiva que resistió la brutal represión policial y dejó un tendal de detenidos.
Una ola de indignación popular volvió a encender a la capital francesa en una jornada de lucha que paralizó a los principales centros urbanos del país. En el marco de un llamado masivo contra la inflación del 20% y la asfixia del costo de vida, una confluencia histórica entre estudiantes secundarios, universitarios, sindicatos y los combatientes Chalecos Amarillos tomó el espacio público en París. En la emblemática estatua de la Marianne, en el centro de la Plaza de la República, el movimiento estudiantil y los sectores populares desplegaron una pancarta que sintetizó el clima de época y la furia contenida contra los abusos del poder: «La policía mutila, la juventud resiste».
El despliegue de más de 40 compañías de infantería y fuerzas antidisturbios no logró disuadir la determinación de las columnas que desbordaron los accesos a la Plaza de la República. Mientras el Ministerio del Interior intentó blindar los accesos a las zonas de poder e impuso un desproporcionado operativo represivo con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras —que dejó un saldo provisorio de más de 270 detenidos—, la multitud convirtió el sur de la plaza en un espacio de fiesta comunitaria, bailes y resistencia colectiva frente al avance del veneno químico desplegado por las fuerzas de seguridad.
La protesta contra el abandono de las escuelas públicas, el congelamiento presupuestario y la pérdida acelerada del poder adquisitivo repercutió con fuerza en todo el territorio francés. Desde las asambleas universitarias en Rouen hasta las calles de Lyon y Marsella, la jornada evidenció el agotamiento de las familias trabajadoras frente a un modelo económico que empuja a las mayorías a la precarización. El propio intendente marsellés debió reconocer la legitimidad del reclamo estudiantil en un contexto donde el malestar social y la falta de perspectivas para la juventud alcanzaron un punto de no retorno.
La movilización nacional dejó en evidencia el fracaso del gobierno de Emmanuel Macron para contener la protesta social mediante el amedrentamiento y los bloqueos policiales. Pese a las restricciones de circulación en la capital y la clausura preventiva de estaciones de subte, decenas de miles de manifestantes de todas las generaciones reafirmaron su derecho a la protesta en las calles, marcando un nuevo hito de unidad popular que promete mantener en jaque la agenda de ajuste de la Quinta República.
Fuente: Tiempo Argentino
